Sin título

#yoconfieso

Debo agradecerle a mi madre mi amor por la literatura. Desde niña me inculcó el hábito de la lectura. En mi recámara había un librero con muchos cuentos y novelas infantiles, y todas las noches, antes de dormir, me leía un cuento o un capítulo de alguna novela. Mi favorita era La vuelta al mundo en 80 días de Julio Verne. Esa historia me develó la magia de ser un viajero. Crecí rodeada de fantasía y personajes. Mi primer acercamiento al feminismo fue la novela Mujercitas y desde niña sabía que sería una Josephine. Hasta la fecha, disfruto leer El Principito y esa historia fue mi primera enseñanza de amor y libertad.

No sé cuántos libros he leído en mi vida, pero sé que no son siquiera la mitad de los tantos que en realidad quisiera haber leído ya. Me siento culpable cuando desconozco a un autor o alguna obra literaria. Disfruto hablar tanto de libros, y si una película está basada en un best-seller, nunca la veo antes de leer la novela.

Cuando decidí aventurarme y perseguir mi destino, jamás imaginé lo mucho que me dolería vivir en México. Un país de no lectores. Pasé más de un año entregada a mi primera novela. Dejé todo en la vida con tal de escribir. Durante esos días sin descanso y cada noche en vela, nunca me cruzó por la cabeza quién me iba a leer. Un escritor jamás escribe pensando en el lector. Yo escribo para mantenerme cuerda y con vida, me importa en realidad un carajo el lector cuando estoy llenando hojas en blanco.

Cuando me enfrenté al sinuoso proceso de publicación, estuve cerca de renunciar al sueño. No sólo sigue siendo un mundo de hombres y de contactos, sino que en México la gente no lee literatura como tal. Los textos profesionales y académicos son los más leídos. Pero cuando me emputé fue cuando mi editora me compartió estadísticas y supe que los libros de autoayuda y superación personal son los favoritos de mis compatriotas.

Sentí un nudo en el estómago porque recordé que el primer libro que me provocó asco fue Juventud en Éxtasis. Creo que mi madre ya no sabía qué hacer conmigo cuando me regaló ese libro a mis escasos quince años. Era el libro del momento. Extraordinarias ventas. El autor aparecía en todos lados, dando entrevistas y conferencias, y creo que hasta hubo una secuela. Esos fenómenos literarios son el sueño de todo escritor. Poder vivir del oficio.

Ese libro me parece una reverenda porquería. Es una novela muy pobre, inverosímil, dirigida en específico a un público: el que no lee regularmente. Está cargada de estereotipos de género. Es un vil cuento de hadas y uno muy malo, porque esconde una guía conservadora y moralina sobre la vida sexual en los jóvenes. Ni es novela, ni educación sexual, ni psicología… Es un insulto a la literatura, para acabar pronto.

Fue una completa decepción y pérdida de tiempo haber leído ese libro, y hoy sé que desgraciadamente formó parte de mi educación sexual y, por lo mismo, mi vida sexual en mis años juveniles deja mucho que desear.

Pero saber que ésas son las historias que los mexicanos prefieren, me rompe el corazón. Muchos dicen que no tienen tiempo para leer, pero sí encuentran tiempo para leer esas porquerías. Para comprobar mi teoría, fui a darme una vuelta a la librería y efectivamente la mesa de novedades estaba repleta de libros de autoayuda y superación personal. Hay de todos los colores y tamaños.

Yo soy partidaria de que la gente procure su salud emocional y mental, pero si ya van a gastar dinero en eso, en lugar de comprar un libro que normalmente ni son autoría original y existen detrás de ellos muchos escritores fantasmas tratando de ganarse la vida, paguen a un profesional y asistan de manera constante a una terapia hasta que logren lo que sea que están buscando en las páginas de esos libros malos, que en lugar de liberar a través de la narrativa de una gran historia, repiten discursos encaminados a la perpetuación del control de las masas.

No logro entender por qué leemos tan poco en México. No puedo olvidarme de nuestra cultura de narcotraficantes. Hemos enaltecido tanto a esos delincuentes, que siempre está en boca de todos la nueva narco novela y son también éxitos comerciales.

Todo esto provoca un miedo latente en mí. Aun cuando nunca pensé en el lector cuando escribí mi novela, no dimensionaba que, si no tengo lectores, entonces sí mi trabajo no vale nada. Es bien sabido que pocos escritores viven de regalías. Es común que nos ganemos la vida con otro trabajo, que muchas veces no tiene nada que ver con nuestro oficio. Yo fui mesera y trabajé como asistente en un taller mecánico, con tal de tener tiempo para escribir mi novela, pero no me ayuda que en mi país no se lea literatura y no demande buenas historias. No sé por qué la gente prefiere leer algo que lo hunde más en la mierda en la que ya se encuentra.

Mi amor a las buenas historias y la literatura es mayor y lo único que quiero es hacer eco en el corazón de mis lectores, sin importar cuántos sean, sólo así habrá valido la pena.

***

Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, ballet enthusiast and tobacco is my fucking addiction...

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