Los demás

Dr. Jaime Federico Rebolledo Mota

POR QUÉ LOS DEMAS.

La vida humana, me dijo Victoria, es un monólogo y cada quien es protagonista del suyo y estoy de acuerdo. Cada quien la vive resolviendo lo que necesita, haciendo lo que entiende y sobre todo creyendo. Creyendo en sus ideas derivadas de su cosmovisión y sus interpretaciones del mundo y de todo lo que le rodea. Creyendo, pues no cabe duda de que aun siendo un monólogo, se necesita de testigos. De alguien que de fe de que existimos. Es más, el monólogo, se enriquece de los testigos, porque según mis creencias uno no es sino en el otro, con el otro, por el otro, para el otro, desde el otro y con todo lo que monologamos juntos construimos un nosotros que llamamos vida humana.

Otro asunto es que con el gran entendimiento del ser humano sobre la realidad y su maravillosa invención del tiempo podemos recordar lo pasado y soñar el futuro y eso nos hace regodearnos en nosotros mismos, pues es en nuestra consciencia (monolingüista), que construimos el antes y el después de. Pero, en esencia, siempre es hoy. Hoy no es lunes ni jueves, tampoco viernes o domingo. No es miércoles, ni sábado o martes. Hoy es hoy. Como fue hoy cuando nacimos. Cuando crecimos. También fue hoy (te acuerdas) cuando nos reprodujimos y no será ni más ni menos hoy cuando muramos. 

En este hoy que vivo han pasado cosas tan extrañas. Amanece. Me dan ganas de orinar. Se me antoja un café y así se van sumando esa extrañas apetencias y sensaciones, emociones, sentimientos y razones que me van haciendo el día, pero nada como saber que a mi lado esta ELLA para sentir que estoy vivo. Ella es mi tiempo, mi antes y después, pero sobre todo mi hoy. Ella es el referente obligado para saber DE LOS DEMÁS. De mis hijos, sus parejas y mis nietos. De mi familia, de las familias, de los amigos y sus familias. De la gente en la calle. De los que están y los que están del otro lado del mundo. Este extraño saber que estoy vivo, me impele de anhelos iridiscentes para con todos mis sentidos y extrañamente al mirarme en sus ojos a todo le encuentro sentido. 

La parte más extraña ha sido comunicarle a LOS DEMÁS que estoy enfermo de la extraña enfermedad de estos tiempos extraños que me hacen pensar en el hoy de hace 100 años y no menos el hoy de hace 1000 años cuando se pretendía ser discretos manteniendo en reserva muchas pequeñas cosas que sólo los propios debían saber. Teniendo cautela en sólo contar lo que bien se sabe, pues no hay necesidad de decir más. Esa discreción de mi mujer que reclama proceder con prudencia y sensatez y no escandalizar a LOS DEMÁS fue que me hizo reparar en si seguir comunicando la extraña situación o callar y en petit comité enfrentar la vida como me está tocando vivirla. Siendo quien soy y el protagonista de mi propio monólogo, no puedo menos que buscar testigos y lejos de quedarme callado (discrepando de mi mujer, que fue, como siempre, quien me hizo reflexionar en esto), no sólo lo comuniqué a quienes pudiesen ayudarme formalmente, sino A LOS DEMAS y a los más que pudiese decirles que la extraña enfermedad que ha matado a una milésima de la humanidad, los amenazaba ahora con mi muerte. Porque no puedo no pensar en ello, pues cuento con todo lo necesario para que la enfermedad haga de las suyas y me dé mi boleto de salida. 70 años cumplidos cabalmente y usados a límite con sus debidos efectos secundarios y daños colaterales propios de haber vivido como se ha querido. 

Así que por más extraño que parezca, hoy estoy vivo y quiero decirle a LOS DEMAS, que me siguen pasando cosas extrañas. Una de ellas es lo que encontré. Se llama FE. (Creer sin preguntar, sin dudar. Otra cosa es saber, qué es dudar y preguntar para saber dudar y preguntar, y en eso esta toda la diversión del mundo). Pero hablo de la FE, pues una vez que se asciende a ese carácter sublimado de la vida, la VIDA HUMANA, que desprende desde la mismísima concepción la toma de consciencia y nos hace a cada quién en su monólogo; resolver lo que necesita, hacer lo que entiende y sobre todo creer. Creer en sus ideas derivadas de sus interpretaciones del mundo y de todo lo que le rodea, y de la que resulta desde mi ateísmo ateo, que encontré en LOS DEMÁS la FE. CREO. Con una creencia que es lo más parecido a lo que LOS DEMÁS le llaman FE EN DIOS (el o lo que resulte ser para cada quien). De eso se trata esa extrañísima sensación que como el virus insidiosamente se va colocando en los intersticios de la consciencia donde mi FE está depositada en LOS DEMÁS. En mis iguales, en todos y cada uno de los seres humanos. Y cómo no habría de serlo, si una vez que publiqué a los cuatro vientos mi condición de enfermo, sin preguntar, sin dudar, pedí a LOS DEMÁS que me ayudaran a sortear este hoy enfermo y lleno de riesgo… y entonces de una manera espontánea y maravillosamente desinteresada fluyó esa extraña y “neutrínica” substancia del ESPÍRITU HUMANO, y comenzó a condensarse sobre mi cuerpo y a sanarme lo sanable, y a calmarme lo calmable, arroparme, a acariciarme, a cubrirme de esos éteres de beso que nos hacen sentir bien. No fueron menos los deseos y las oraciones traducidos en palabras, ¡ah las palabras!, curanderas por antonomasia, han estado filtrándose en mis oídos diciéndome esto y aquello: Que cuídate. Que tapate. Que tómate la medicina. Que las canciones y las porras. Que el síguele, (hasta el, ¡échale ganas!, que aun no entiendo). Todas llenas con la sal y pimienta de las preocupaciones. Sensaciones, emociones encontradas y no pocas ya perdidas. Pensamientos propios para el momento y uno que otro sueño al descubierto. ¡Ah!, sorprendentemente, aun bajo amenaza, deliciosamente han sido más, muchas más las sonrisas que los llantos, y estos, tan discretos y en su lugar, que también tengo que agradecerlos. 

Por cierto, con todo el respeto del mundo y en el contexto de la FE no puedo menos que sentirme bendecido por la pléyade de Dioses de todas las creencias DE LOS DEMÁS. Puedo de primera mano mencionar veinte y otras tantas si lo pienso. Todos, desde sus monólogos, me hacen testigo de que todas y cada una de las bendiciones que he recibido, están soportadas por un ser humano que cree en sí mismo y en sus creencias y eso hace que crezca el ESPÍRITU HUMANO y que yo crea en LOS DEMÁS.   

Reitero, no cabe duda de que la vida humana, aun siendo un monólogo, necesita enriquecerse con los testigos, porque según mis creencias uno no es sino en el otro, con el otro, por el otro, para el otro, desde el otro. Y con todo lo que monologamos junto con LOS DEMÁS, construimos el NOSOTROS, donde tengo depositada mi FE.

Algunos DEMÁS en desorden de aparición: a todos y cada uno de mis amigos y colegas, a mis hijos, a los que les fui comunicando mi estado solicitando su ayuda, y que como dije, fue como abrir las compuertas de una gran presa a todo lo que dan. El taxista que me aceptó y llevó al Hospital COVID. La guardia que me abrió la puerta y me condujo hasta donde la enfermera me recibió. La doctora que diligentemente me llevó a que el técnico me tomara las imágenes que confirmarían la neumonía atípica que me hizo consciente de la realidad. También en mi protagonismo, avisé a mis familiares y amigos que nada tienen que ver con estos asuntos, salvo que todos ellos SON MIS TESTIGOS y es necesario que sepan (por aquello de que me pueda morir, que no sea sin avisar, no se vayan a sentir). Y por qué no avisar también A LOS DEMÁS a los que de alguna manera, conocidos o desconocidos, cerca que lejos, han estado en contacto conmigo y muchos de los cuales YO HE SIDO SU TESTIGO. Por cierto, y no menos importante están todos los descubrimientos e inventos de la humanidad (desde la palanca y la rueda, hasta el internet), que hoy existen para dar fe de la FE que tengo en los DEMÁS.        

En fin, hoy es hoy y esta extraña enfermedad, me ha dado la paz y la tranquilidad necesarias para vivir este hoy, que como nunca tengo que agradecer. GRACIAS. GRACIAS A TODOS.

Federico el de Victoria

(70 y contando)

***

Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, ballet enthusiast and tobacco is my fucking addiction...

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