La razón de mi lucha feminista

#yoconfieso

Yo me tardé en ponerme los lentes de género. Mi educación fue machista, basada en culpa y castigo, y encaminada a ser una mujer “calladita” porque así hasta te ves más “bonita”. Me enseñaron, además, a ver a las otras mujeres como rivales y que la única realización verdadera a la cual podía aspirar era ser amada y protegida por un hombre con quien formaría una familia. Y mis padres no me dijeron esas palabras exactas, me refiero también al impacto que tuvieron tantos y tantos estereotipos y la imposición de roles. Pero una vez que te pones los lentes de género, nada vuelve a ser lo mismo, y antes de seguir sólo aclaro que no odio a los hombres, que estoy convencida que todas las mujeres caben en el feminismo y que el género masculino se muestra cada vez más empático con nuestra lucha.

Hay numerosas razones por las cuales me convertí en feminista y lo hice sin darme cuenta. De pronto me vi envuelta en la lucha. Comencé a leer sobre feminismo apenas hace unos años y conocer a muchas mujeres extraordinarias que han buscado desde hace tres siglos la liberación de las mujeres, me inspiró.

Nunca una lucha había sido tan cuestionada y tan criticada. Somos presas de insultos y de burla. Nos miran con desdén. Como siempre: la invalidación. Y nuestra lucha no se favorece con la situación que rodea al ser humano como especie, sin importar género, los tantos que hay. En la era de la desinformación, de las noticias falsas, de la manipulación masiva a través de redes sociales y de discursos de odio, nuestra revolución pierde credibilidad una y otra vez.

Aquellos que descalifican los “actos vandálicos” durante las manifestaciones y hasta las llaman terroristas, ojalá vieran a las otras miles y miles de mujeres marchando tomadas de la mano y, con lágrimas en los ojos, gritando por justicia. Uno se estremece al ver las mantas con fotos de las mujeres desaparecidas o muertas, y se te quiebra el corazón cuando te das cuenta que son sus hijos quienes cargan las mantas. Estamos hartas de que el 99.7% de los actos de violencia sexual ni siquiera se investigan. Y no, no es por cobardía. El Estado no protege a las mujeres. Por lo menos, en mi país no sucede. En un caso de violación parece que tú eres culpable hasta que demuestres lo contrario. El cuestionamiento que surge sobre “las razones de la violación” buscan nuevamente la invalidación de la víctima. ¿No confundiste un comportamiento? ¿Estabas tomada o drogada? ¿Cómo ibas vestida? ¿Por qué estabas sola? ¿Por qué no denunciaste? ¿Por qué lo dices hasta ahora? Vayan a chingar a su madre. Para quienes no lo sepan, un ataque de violencia sexual es tan impactante para cualquiera a la edad que sea, que se genera de manera inmediata un bloqueo mental y corporal como mecanismo de defensa, para olvidarlo y poder seguir respirando. Es un recurso para sobrevivir. La cultura de violación debe erradicarse.

Y esta cultura de violación se debe justo al sistema social en el cual vivimos y que se le conoce como patriarcado. Este orden opresivo genera la desigualdad y afecta a hombres y mujeres, porque es un sistema en el que está normalizada la violencia, misma que se permite, se aprende y se reproduce. No hay cabida para la violencia en ningún sentido. Ni siquiera como correctivo. La violencia tiene intención, poder, es premeditada y busca someter. Todo esto invalida a la persona que sufre la violencia. Es necesario romper la estructura. Ese es nuestro grito. Se va a caer. Las dinámicas sociales de violencia y la respuesta de la gente ante las mismas sepultan la violencia. Los efectos de la violencia ocasionan estrés post traumático y el riesgo de suicidio aumenta considerablemente en personas que han vivido traumas, como lo es un ataque de violencia sexual.

Una violación causa mucha culpa y vergüenza. Provoca un cuerpo fragmentado, una cancelación de libido y la incapacidad de gozar una sexualidad sana. Te puede llevar al abuso de alcohol y drogas y como la violencia sólo deja destrucción, lo primero que pierdes es la confianza. El único responsable de la violencia sexual es quien la ejerce. Nadie más. No importan las circunstancias nunca. Y el peso del silencio, porque “de estas cosas no se habla y así pasan” te puede aniquilar en vida.

Es muy común que los agresores sean personas de confianza de sus víctimas. El enemigo, además, está en casa. Existen familias en las cuales casi todas las mujeres sufren abuso sexual por algún pariente. Fui testigo de un caso en el cual un hermano violó por años a sus dos hermanas menores, y cuando alzaron la voz, sus padres no les creyeron, y no se pudo hacer nada legalmente porque el delito prescribió.

Carecemos de una educación sexual integral y en pleno siglo XXI la sexualidad se sigue viviendo desde lo oculto y prohibido y eso propicia muchas dinámicas de violencia.

Pero se enojan porque en las manifestaciones rayan monumentos, pintan de rojo el agua de las fuentes, hacen destrozos a comercios y atacan a la policía, misma que es corrupta, abusiva y han sido perpetradores de violencia sexual innumerables veces. Hay provocadores en todas las manifestaciones, feministas o no, y la respuesta no es violencia, es resistencia. Ojalá puedan ver la diferencia. Y aunque repudio la violencia en todo sentido, cuando no obtienes justicia, no puedes quedarte de brazos cruzados. Estamos enojadas, sí lo estamos, pero nos han quitado tanto, que nos quitaron el miedo. Han sido siglos de opresión y corre por nuestras venas la defensa y justicia restaurativa para los millones de mujeres que han sido sobrevivientes o víctimas fatales de la violencia de género, que según la OMS afecta a más de un tercio de las mujeres en el mundo y se considera pandemia mundial desde 2013 y qué esperanza que se le diera la importancia y exposición como la que le han dado a la pandemia por Covid.

Aquellos que nos tildan de asesinas y putas regaladas por buscar la despenalización del aborto, sólo les digo que no se trata de promover el aborto como método anticonceptivo. Se trata de nuestro cuerpo y nuestros derechos reproductivos. Si mi violación hubiera gestado un embarazo, sin duda hubiera abortado. Y me parece inhumano que una adolescente se convierta en madre producto de una violación. El aborto legal lo único que busca es proteger a esas mujeres que deciden no tener un hijo y que eso no ponga en riesgo su propia vida. Que lo puedes dar en adopción, siempre dicen eso los de Pro Vida. Además de que el trámite de adopción no es sencillo, no proliferan personas que quieran adoptar. Y sólo los invito a vivir un embarazo de nueve meses y dar a luz después de vivir la experiencia tan traumática como lo es una violación.

Los feminicidios aumentan de forma alarmante y han alcanzado niveles crueles, atroces y de tortura. Y, otra vez, la mayoría de los feminicidios los cometen personas de confianza de la víctima. No puede ser posible que en nuestro país mueran diez mujeres al día sólo por el hecho de ser mujer. Y si una mujer mata a su agresor en defensa personal, normalmente acaba refundida en la cárcel.

Sus discursos baratos en redes sociales me tienen harta y jodida. Que ni machismo ni feminismo, que gente buena y mala, que la violencia afecta a todos, que no son formas de buscar justicia… y todas esas opiniones que sólo demuestran que no entienden ni siquiera nuestro movimiento.

La lucha feminista tiene muchos frentes y existe una gran diversidad en las corrientes, pero me atrevo a decir que lo más importante de nuestra revolución es habernos dado cuenta que nadie escapa de la visión de género, que son los valores educacionales los que fomentan la violencia y la han convertido en un fenómeno social, que afecta mucho más a las mujeres. Mucho más.

El feminismo también busca inclusión y una equidad. Mismas oportunidades, derechos y obligaciones. Eliminar la brecha salarial. Queremos y merecemos un rol activo en la sociedad y ya no nos vamos a conformar con papeles secundarios. Sigue siendo un mundo de hombres, pero poco a poco las mujeres se han insertado en todas las esferas sociales y cobra fuerza el liderazgo femenino alrededor del mundo.

Yo no me olvido de las mujeres indígenas, las empleadas del hogar y las madres solteras. Sectores sociales muy desfavorecidos e ignorados. Tienen toda en contra. Por eso luchamos por derechos para esas mujeres y me duelen más todas esas hermanas mías esclavizadas por la trata de personas y condenadas a la prostitución, porque siempre es padre ir con los amigos al putero o cogerse a una Lolita.

La doble moral, la ignorancia, el prejuicio, el catolicismo y el gobierno corrupto son los enemigos más aguerridos del feminismo en México, y sólo espero que pronto logremos permear los valores que nos distinguen como mujeres dispuestas a llevar todo hasta las últimas consecuencias con tal de que ninguna viva con miedo, que sea un mundo incluyente y libre de violencia, y que las condiciones entre géneros sean iguales, justas y encaminadas al bienestar social.

Por esto y mucho más, alzo con orgullo el puño y me declaro feminista. Por mí, por mis hermanas, por todas, pero sobre todo por aquellas que ya no están, es mi lucha.

Basta ya.

Para Cynthia, Gabriela, Nancy, Daniella, Irma, Erika, Olga, Karina, Verónica y Mariana.

***

Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, ballet enthusiast and tobacco is my fucking addiction...

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