De esto no hay escape

Fernando Carreto

Me gusta pensar que un libro te ayuda a escapar, pero siempre a media lectura termino por encontrarme.

Falconni. Así me llamo. O más bien, así me puse, al comprobar una y otra vez esta tesis después de leer cuentillos.

Es como una precipitación invertida (del texto directo a la cara) que se me escurre encima. Como un paréntesis que establece la literatura fuera del orden material del mundo. Comienza con un goteo ligero a la mención de los personajes. Al avanzar más y más sobre la trama, salpica a chorros ese otro yo que desde atrás de la sintaxis me mira. Un subtexto que se desborda por los poros amarillentos del papel, acaso subescrito por mí mismo (mi otro mí mismo), aunque no descarto la posibilidad de que el autor, también a nivel submismo, lo haya desparramado entre sus páginas para que yo… bueno, para que él y yo nos encontrásemos, para que me encontrase a mí mismo, pues.

Pensarás que estoy loco y extremando las cosas.

.

Y que veo ese espejo donde no está

Ajá.

Que lo invoco a fuerza.

Justo así.

Acéptalo, me reiterarás, para encontrarte en un cuento de Yourcenar, Chejov, Cortázar, Aira, el que me digas, se necesita tener visión de halcón.

Exacto, ser un falcoinforme que va volando de cabeza. Ningún destello corta la agudeza de sus pupilas. Sus ojos son los míos en el lado opuesto de las palabras, fluyen al mismo ritmo, se atoran en los mismos malentendidos, en los mismos ‘mismos’, y ambos regresan al inicio de toda frase que valga la pena subrayar con la punta del dedo. O de la garra. O del dedo vuelto garra de tanto alimentárselo a la ansiedad.

¿Será que no hay espejo y sólo ves el reflejo de tu propio llanto?

Es posible, pero ¿en dónde, si no en sus lágrimas, un hombre se encuentra? Una vez hasta alcé el libro y le di vuelta para ver si ahí en la contraportada, de puritita casualidad, me hallaba de espaldas y así me daba unas palmadas de aliento. ¡Qué digo aliento! Mejor un zape para que deje de joder (me).

¿Y?, ¿qué pasó?

Pues que sí me veo, ahí, en el culo del ejemplar, y que tomo vuelo desde el antebrazo y arremeto con fuerza y que el madrazo en la nuca ni lo vi venir cuando ya estaba con toda la cara embarrada por ambos lados del espejo y una voz ajena decía con mi boca:

Déjate de joder. De esto no hay escape.

***

Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, ballet enthusiast and tobacco is my fucking addiction...

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s