Cuando te piden un beso, ¿es por amor?

Reina Maeve

Sonia se preguntaba si esa era el significado de lo que había ocurrido.

Hoy como otros días, Sonia había estado jugando a las traes con Emilio a la salida de la escuela.

Nada raro, en realidad, es sólo perseguirte en tandas por todos los rincones de la escuela. Lo particular ese día fue que Emilio mientras era perseguido había entrado a un salón vacío. Sonia lo siguió para atraparlo y ganar su derecho a ser perseguida. Cuando entró, encontró a Emilio parado, erguido, esperando por ella.

—¿Y si nos damos un beso? —Emilio le preguntó.

Sonia extrañada no supo qué contestar. Sólo tenía seis años y todas sus imágenes de besos venían de las películas de Disney. Aquel momento cumbre en que la princesa encuentra a su príncipe azul.

—Bueno —respondió Sonia.

Sus labios se aproximaron, se rozaron y se despegaron. Mientras tanto, el cuerpo de Sonia tintineaba sin saber mucho por qué. Emilio la observó fijamente, sonrió con una semi mueca.

—Ahora un beso, así como en las telenovelas, con la boca abierta. —Emilio propuso.

Sonia había visto ese tipo de besos en la televisión. Se sonrojaba cuando pasaban esas escenas. En ese momento, no vio nada de malo en intentar un beso así. Por lo que se volvió a acercar a Emilio, pero ahora con la boca abierta. Lo besó por unos sesenta segundos, tal vez más. Se sentía bien, pero no supo poner nombre a sus sensaciones. Y así, Sonia cayó en una mágica ensoñación después de ese beso.

Salió del salón y enseguida se dirigió a la puerta de la escuela donde ya su madre aguardaba por ella. Sonia no dijo nada, permaneció en silencio. ¿Cómo iba a explicarle a su madre que había recibido su primer beso de amor? Porque era amor, ¿no? ¿Qué otra cosa podría ser? Emilio era su amigo, después de todo. Iban en el mismo salón de clases y era de los pocos niños que jugaban con ella a la salida de escuela. «Sí, seguro era amor, el primer amor.» Pensó Sonia.

De casualidad ese había sido el último de clases antes de las vacaciones de Semana Santa. Sonia pasó dos semanas completas re-imaginando en su mente lo que había pasado con Emilio. Tal vez elaboró dos o tres historias fantásticas de amor. Sonia soñando despierta, buscaba revivir las sensaciones.

Finalmente llegó el día de regreso a clases, los últimos dos meses de primero de primaria. Sonia se encontraría con Emilio por primera vez después de su beso. Ella se preguntó: «¿Será que Emilio había pensando en ella tanto como ella había pensado en él?» Sonia nunca dudó de la sintonía del amor.

A las ocho de la mañana llegó al salón de clases, se sentó en su lugar habitual. Saludó a sus compañeros y vecinos de banca. Emilio estaba conversando con sus amigos y no la miró. El día transcurrió entre clases, dictados, recreo y ejercicios de matemáticas. Emilio no le dirigió la palabra en todo el día. Ella pensó que tal vez a la salida encontrarían un momento para hablar. Cuando llegó la hora de la salida, él no le hablo, incluso se fue sin despedirse y sin jugar a las traes.

Al otro día se volvió a repetir la misma rutina. Pero esta vez, Emilio comenzó a decirle cosas en privado a Sonia.

—¿Sabes qué eres? Eres una P-U-T-A— sentenció Emilio.

Sonia quedó en shock. Para empezar, ¿que tenía que ver ella con ser P-U-T-A? ¿Qué es ser P-U-T-A? Ella sólo le había dado un beso. ¿Eso ya la hacía una P-U-T-A? ¿Se había equivocado? ¿Había hecho algo malo? Un torrente de preguntas, dudas, miedos envolvieron a Sonia.

Ese día marcó el inicio de una pesadilla. Intento decirle a su madre lo que estaba pasando en la escuela. Ella se rió y minimizó el caso.

—Ay, los niños son muy crueles, no les hagas caso Sonia. —le dijo su madre.

Sonia no entendió cómo un beso había terminado en una situación así. La rabia creció y con ella también la desconfianza y el miedo a ser lastimada otra vez.

Tuvieron que pasar mucho años después para que Sonia pudiera relajarse en presencia de algún niño. Prefirió adoptar un estilo hosco y agresivo con los varones. Lamentablemente, las películas de Disney y las telenovelas siguieron en boga, es difícil explicar cómo las cosas se conectan.

Sonia ahora tenía quince años, casi dieciséis años, y no había perdido la energía ni el entusiasmo. Nunca se creyó muy bonita, pero al menos gozaba de cierta popularidad en la escuela. A pesar de las heridas del pasado, Sonia conservó un corazón romántico, y siempre le gustaba —aunque fuera en secreto— algún chico de la escuela. En ese momento, a Sonia le gustaba un niño de un grado más arriba de ella. Pero también había visto a Saúl, un niño con su estilo favorito, cara medio infantil, sonrisa de ángel y una amabilidad aparentemente nata. Saúl era dos años menor que ella por lo que era la clásica situación en la que alguien te gusta, pero inmediatamente asumes que es inviable. Al mismo tiempo la propia conciencia de que es algo poco probable, hizo que Sonia le expresara a Saúl que lo encontraba realmente adorable.

Algún tiempo después, llegó el momento en que Sonia y Saúl coincidieron como voluntarios en la organización de la kermés de la escuela. Por azares del destino, les tocó decorar salones junto con otro grupo de compañeros. El cuerpo de Sonia se sentía atraído por el de Saúl, y probablemente el cuerpo de Saúl por el de Sonia. En proximidad la tensión de la atracción se fue acumulando durante el día. Ya por ahí de las siete de la noche, Saúl ponía su brazo alrededor del cuello de Sonia. Se sentía bien.

Saúl aprovechó un momento en que nadie los miraba para besar a Sonia. Ella quedó otra vez encantada. Buscaron la oportunidad de quedarse a solas, las hormonas gobernaban sus acciones. Una vez a solas, se continuaron besando, ya no por sesenta segundos, tal vez cinco minutos. Saúl recorrió con su mano todo el cuerpo de Sonia, por encima de la ropa, —lo que oficialmente se llama un faje—. A Sonia nunca nadie le había presionado la zona genital con la mano, ni siquiera ella misma. No pudo describir la sensación, pero se sintió bien. Es difícil poner palabras a sensaciones que nunca se han sentido antes.

En algún momento tuvieron que separarse, continuar con la organización del evento, e irse a sus respectivas casas. Sonia quedó atrapada —otra vez— por una ensoñación, jamás había experimentado nada similar. Al parecer, alguien la había encontrado atractiva. Es lógico pensar eso, ¿no?

¿Cuando alguien te besa es por qué le gustas? Sonia meditaba a solas.

Nunca fue así. Saúl nunca volvió acercarse a ella después de ese episodio. Inclusive se puede decir que buscó evitarla a toda costa. Sonia nunca entendió lo que pasó, intentó buscar explicaciones alternas en las que podía colocar a Saúl como alguien que tenía miedo de expresar lo que realmente sentía por Sonia. La contradicción llevó a Sonia a desarrollar una especie de obsesión que le duró un par de años, no pudiendo entender las acciones de Saúl, se perdió en su propio laberinto mental avivado por el romanticismo cultural.

Ahora mayor, Sonia se pregunta si todo lo malentendió. Tal vez los hombres no besan necesariamente por alguna razón de valor. Tal vez besan por besar. Tal vez tocan por tocar; para ver qué se siente, para ver qué es lo que provoca en sus cuerpos. Tal vez nunca miran —lo que se dice mirar a la otra persona—. Tal vez nunca buscan entender a la otra persona —lo que sus acciones provocan en otra persona—. Tal vez les resulta fácil borrar y olvidar.

Sonia se pregunta qué hubiera pasado si su mente no hubiera albergado ideas románticas, ¿hubiera podido interpretar las acciones de Emilio y Saúl de otra forma? Quizás reaccionar con indignación, enojo, o rechazo; por entretener otras posibilidades. ¿Por qué automáticamente traducir sus acciones como amor?

«¿Será que hay gente que besa y no siente nada por la otra persona? Tendríamos que informar más a las niñas; o de menos hacer que las películas de Disney y las telenovelas dejen de mal informar.»—Sonia reflexionó.

***

Sigue a Maeve en Twitter: @reinamaeve

Si te interesa contactar con Maeve, puedes enviar un correo a: maevereina@gmail.com

Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, ballet enthusiast and tobacco is my fucking addiction...

3 comentarios en “Cuando te piden un beso, ¿es por amor?”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s