Mujer moderna

Fernando Carreto

Se quiso dar el gusto de un buen desayuno antes de que su vida cambiara para siempre:

—Chocolate caliente —pidió a la mesera.

—Sale uno.

Lo más difícil ya estaba hecho. Era como cuando los dados estaban en el aire, justo en ese microsegundo antes de caer sobre la mesa y rodar.

Ahora sólo tocaba esperar.

Pensaba en las visitas clandestinas al cibercafé que la hicieron sentir una ‘mujer moderna’ (frase que le había escuchado decir a su cuñada cuando lograba manejar de manera correcta los aparatos de sus hijos).

Tras la oscuridad de unos anteojos oculta las manchas esparcidas alrededor de su mirada. Jamás se hubiera atrevido a discutirlo con nadie, aunque era obvio para todos los que la conocían. Ellos también preferían guardar silencio.

Por meses se dedicó a absorber información de blogs y foros colectivos en la web. Dejaba que perfiles anónimos la guiaran hasta su objetivo, como si siguiera las instrucciones de aliados desconocidos. Un like fue su única interacción. Un like que puso sobre un comentario que le pareció cómico por macabro, y que además contenía la información precisa que necesitaba. Un like con el cual sintió que sellaba su destino. Le daba miedo y emoción a la vez, pero tampoco le importaba mucho lo que sentía en ese momento.

Detrás la puerta de su conciencia—también clandestina, también sin voz, también con moretones en los ojos— algo negro, lleno de lágrimas coaguladas, daba filosos arañazos de libertad.

Al navegar en línea leyó sobre dos casos históricos de referencia: una tal Madame Bovary en la literatura francesa y un tal Bonaparte en la historia universal, que también sucumbieron bajos los efectos sutiles del arsénico. El suyo no sería ni uno ni otro porque ya comenzaba a sentirse menos víctima que villana. Y eso le encantaba.

Le divertía jugar a adivinar el orden de los eventos: primero lo descubriría la cuñada; los gritos atraerían a los vecinos, no tardarían en agazaparse frente a su entrada. Luego, la policía: los oficiales entrarían a la escena, harían preguntas, acordonarían el área, abriendo o bloqueando el paso a los periodistas de la nota roja (alguno tendría que ir a cubrir  esa historia, la suya). Finalmente, harían entrada los peritos y la gente de la ambulancia.

Pide un lápiz a la mesera. En una servilleta escribió la nota de despedida:

“Querido,

 Ya no te levantarás esta mañana. Te imagino ahí: tu cuerpo echado en la cama, tu rostro gris sobre la almohada, tu figura inerte que ya no ronca como un cerdito; pienso en la vida que se te esfuma por entre la sábanas. Tus puños me quitaron los gestos, me partieron los labios, pero yo todavía sonrío por dentro”.

Al terminar, firma con un garabato. Lo siente como si se diera un abrazo a sí misma.

Da un sorbo lento al chocolate. Una línea de espuma rodea sus labios y su lengua los dibuja a continuación. Saborea esa carga de calor en su paladar. La venganza no le supo a caldo frío como leyó en internet.

Sino dulce. Espumosa. Achocolatada.

Llamó de nuevo a la mesera y le dijo:

—Tráeme pan.

—¿De cuál?

—De muerto—aclaró—. Hoy estamos de luto y hay que celebrar.

Voltea la cara hacia el ventanal: afuera la gente comienza a agitarse. Escucha murmullos indescifrables a lo lejos. Le gusta creer que son los gritos y sollozos que tanto espera. Eso le provoca alegría. De pronto, un grupo de señoras camina hacia una dirección que ella ya conoce de memoria.

La mesera no tarda con la orden.

Parte el pan por la mitad, sumerge un pedazo en el vaso, moja el azúcar en la leche con chocolate. La manteca se humedece. Así, aguada, le pareció más fácil deslizar la muerte por su garganta.

Para cuando devoró todo el manjar el ruido de las sirenas ya adornaba el mediodía.

La mesera vuelve y sólo encuentra un plato vacío sobre la mesa, la cuenta saldada con un generoso quince por ciento de propina y la servilleta con una nota a renglón seguido con algunas migajas esparcidas…

***

Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, ballet enthusiast and tobacco is my fucking addiction...

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