Cómo me enamoré de mi trastorno bipolar

#yoconfieso

No me extraña que la plaga del siglo XXI sean los trastornos emocionales y mentales. La situación que rodea a la humanidad provoca que cualquiera pierda la cordura y viva con un cuadro de ansiedad. No nos educan para procurar nuestra salud emocional y mental. Y no sólo eso: el estigma de loco sigue presente. Nadie habla de esas cosas. Tabú, prejuicio, ignorancia. Y me parece que todos tenemos algún trastorno. Todos. Cómo libremos ese torbellino, depende enteramente de nosotros.

Mi primer intento de suicidio fue a los trece años y hoy, a mis cuarenta y uno, no logro entender qué fue lo que provocó que una niña pensara que su única salida era matarse. Aquella vez el diagnóstico fue depresión, me recetaron imipramina. Pasé algunos meses en terapia Gestalt y medicada.

Los catorce años que siguieron después de eso, viví sin saber qué provocaba lo que yo sentía. Porque a mí no me dolía nada, pero las emociones me hacían su presa y no podía evitarlo. No comprendía del todo esa intensidad, no sabía de dónde venía. Me daba pena hablar de eso. Sentía que no encajaba en ningún lado. Con nadie. Debía fingir para ser aceptada. Existía un miedo latente en mí de decir lo que realmente pensaba, porque estaba segura que de hacerlo, me iban a encerrar en un pabellón psiquiátrico de por vida.

A mis veintitrés, tuve mi primer ataque de pánico y, por lo mismo, estuve varios años en una terapia cognitiva conductual y medicada por una lesión cerebral, producto de un traumatismo a mis tres años de edad. Tomaba valproato de magnesio, haloperidol y sertralina. Fármacos muy potentes con una larga lista de efectos secundarios. Tan sólo un año después de empezar con la medicación, me retiraron todos los medicamentos de golpe, pues mi lesión cerebral había desaparecido. Uno confía en sus doctores. Tantos años estudiando. Uno cree que saben. Se nos olvida que sólo son seres humanos y se equivocan.

Pero no pasó mucho tiempo, cuando cometí el segundo intento de suicidio y por fin salió la explicación: tenía trastorno bipolar tipo 1. Fueron catorce años sin siquiera escuchar el nombre de mi trastorno.

Comenzó la medicación y también el estigma. El cóctel era: litio, olanzapina, clonazepam y sertralina. Si les soy honesta, cuando por fin supe lo que provocaba mis episodios depresivos y maníacos, estaban tan, pero tan cansada, que seguí al pie de la letra las indicaciones de mi psiquiatra.

Y fueron los tres años más grises que hasta ahora he vivido. Me insertaron a la normalidad, un poco en contra de mi voluntad. Me medicaron al grado de tenerme en una especie de letargo. Sentía mi existencia como una autómata.

Como no me informé como debí hacerlo al momento del diagnóstico, estaba confiada que bajo tratamiento farmacológico no habría episodios. No tenía idea que cualquier cosa puede detonarme una depresión o una manía. Y después de esos tres años que viví como una vil máquina, se desató una hipomanía muy linda que me llevó a perseguir mis sueños, y eso lo sé ahora.

Después de esa hipomanía, y durante seis años, a pesar de estar medicada, viraba de la manía a la depresión cada cierto tiempo. Y lo único que pasaba con cada episodio era el encierro y MÁS medicinas. Todo lo que lograba en mis manías, terminaba perdiéndolo de manera drástica y comenzaba la etapa desoladora, que me tiraba en cama por meses.

Y a mis treinta y siete, sin avisarle a nadie y tras diez años medicada, suspendí de un día a otro el tratamiento farmacológico y viví en manía más de un año. La manía más intensa que he experimentado. Y lo único que sucedió durante ese episodio fue un trabajo creativo con tintes de genialidad. En un lapso de siete meses escribí mi primera novela y fueron más de ciento veinte mil palabras. Llegué a trabajar más de cuarenta horas seguidas. Dejó de importarme la normalidad y me metí de lleno en mi mundo de fantasía, con todos esos personajes que habitan en mi cabeza, y que me exigían contara su historia. También nació este blog gracias a esa manía. Pasé varios meses en un taller de creación literaria de la mano de un gran escritor y pulí mi escritura. Por más de un año, tuve todo el poder de mi cerebro y le supe sacar provecho, pero fue inevitable que esa manía no se saliera de control y viví mi primer brote psicótico. Estuvo muy culero, para serles franca, tanto que estuve a nada de cometer el tercer intento de suicidio, y después de esa noche, que fue el punto de quiebre, yo solita me fui a internar al hospital a la mañana siguiente. Por eso siempre digo que casi me mata mi primera novela. Pero valió la pena.

Tras el brote psicótico, me volvieron a medicar y me mandaron a terapia, un poco en contra de mi voluntad otra vez. Me recetaron lamotrigina, olanzapina y alprazolam. El cambio de tratamiento farmacológico también se debió a la adherencia con los otros medicamentos, así que dejarlos de un día a otro no fue tan grave. Esa vez fui a sesiones de psicoanálisis.

Mis doctores lograron contenerme después de un año y cuando alcancé la eutimia, lo único que hice fue abandonar la terapia de psicoanálisis y llegar al consultorio de mi psiquiatra para informarle mi decisión de dejar de manera definitiva el tratamiento farmacológico.

No he logrado dejarlo por completo, pero desde hace varios meses estoy tomando la dosis mínima de todos los medicamentos y yo digo que es más placebo que otra cosa. Pero no me parece tan buena idea vivir el síndrome de abstinencia durante una pandemia mundial que me tiene en cuarentena desde hace más de noventa días.

Pronto llegará el día en la cual esté limpia de fármacos que, mi opinión validada por veintiocho años lidiando con mi trastorno, es que las repercusiones de esos medicamentos son más que los beneficios.

No niego la existencia de trastornos emocionales y mentales. Lo que cuestiono es la manera de abordarlos. Más que causarme miedo todos esos trastornos, me asombra ser testigo de lo que puedes hacer con un cerebro trastocado o con un cúmulo de emociones intensas.

Por supuesto que no le deseo a nadie vivir con ansiedad o ataques de pánico. La depresión ataca cada vez más a quien sea. Hay una severa crisis de salud emocional y mental. Existen trastornos graves como la esquizofrenia y el estrés post traumático. No puedo dejar pasar el riesgo de suicidio y soy partidaria de que todos asistan con profesionales de la salud emocional y mental por lo menos una vez en la vida. Si lo hiciéramos, les aseguro que sería un mundo mejor.

Pero los trastornos emocionales y mentales no son enfermedades. No es locura. No es necesaria la segregación. Somos al final seres humanos con un cerebro y con emociones. Todos.

No me gusta hablar de control, de hecho repudio el concepto. Es mejor para mí decir encauzar, y como también tenemos voluntad (una de las cosas que a veces dejan de lado la psicología y la psiquiatría), cada quien decide cómo encauzar su cerebro y sus emociones. Es así de sencillo.

Depender de pastillas para sentirte feliz, es una contradicción, porque de lo único que depende tu felicidad es de ti mismo. Tampoco me gusta hablar de la felicidad como tal, porque he aprendido que no es un estado permanente. Nunca. Por lo que hay que apostar en esta vida es por la paz con uno mismo y el amor por los otros. Si tomas eso como estandarte, tu vida puede ser muy plena y podría asegurar que esos trastornos emocionales y mentales estarían encauzados a la creatividad.

Para alcanzar esa paz con uno mismo, el camino no es sencillo, y no cualquiera se atreve a recorrerlo. Todos tenemos heridas que deben ser sanadas, aunque duela más limpiarlas. Debemos aprender a validar, transitar y resignificar nuestras emociones. Reconocer nuestra cualidad de ser imperfectos. Ver el error como oportunidad. Debemos conocernos y aceptarnos. Con todo lo que somos. Algo así como rendirse ante lo que uno es y sacarle provecho precisamente a eso. A la maravilla de ser únicos. Somos más, mucho más, que un cuerpo y funciones orgánicas, y estoy convencida que la mayoría de nuestros problemas son conflictos de emociones o son creados por nuestra propia mente.

Vivir ya casi tres décadas con mi trastorno, no ha sido sencillo, no puedo mentir. Ha habido momentos muy duros. El daño colateral que genera mi trastorno también me ha afectado y he perdido gente que jamás pensé me daría la espalda.

Pero hace cuatro años me quité la letra escarlata cosida en mi pecho desde adolescente. Decidí informarme como debí hacerlo desde un inicio y dejé de ser “esclava de mi bipolaridad.” Me ayuda mucho separarme de mi trastorno y por eso siempre me refiero a él como “la loca de la cabeza”. Y cuando aparece, en lugar de pelearme con ella, la abrazo con todas mis fuerzas y juntas creamos, pasamos días y noches escribiendo y hoy estoy segura que lo único que me salva de mí misma es la escritura y si es así, es porque es lo que amo hacer. Toda mi existencia cobra sentido cuando me enfrento a la hoja en blanco.

Cada uno decide cómo salvarse de sí mismo y cómo encauzar sus trastornos emocionales y mentales, porque tener una vida plena o una miserable depende enteramente de uno mismo, de nadie más.

Cada quien su historia y circunstancias, pero lo único que sé es que el día que me enamoré de mi trastorno bipolar y supe encauzarlo, me convertí en la versión más bella de mí misma. Me convertí en escritora.

***

Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, ballet enthusiast and tobacco is my fucking addiction...

7 comentarios en “Cómo me enamoré de mi trastorno bipolar”

  1. Gracias por hablar tan honestamente del tema. Conozco a una jovencita que fue diagnosticada con este trastorno y realmente ha sufrido mucho por la incompresión e ignorancia sobre el tema. Lo voy a compartir con ella. Bendiciones.

    Le gusta a 1 persona

  2. Yo tengo transtorno bipolar,y hace dos años me diagnosticaron, a lo largo de mi vida fuí muy inestable con cinco intentos de suicidio, en el último casi termino con mi vida,y gracias a Dios me salvaron, llegue al psiquiatra y me diagnosticaron ansiedad y depresión estuve con medicamentos por años al principio parecía que estaban funcionando , pero después ya no,y abandono el tratamiento,y hace dos años tengo la intención de volver a intentarlo entonces mi reacción fue diferente y busco ayuda y regreso al hospital psiquiátrico y me diagnostican transtorno bipolar,.

    Me gusta

    1. Gracias, Remedios, por leerme y contarme tu experiencia. Te acompaño a la distancia y entiendo muy bien ese ir y venir de tantos años con psiquiatras, hospitales y medicinas. No estoy en contra de un tratamiento integral y de utilizar todos los recursos que tengamos para poder coexistir con nuestro trastorno. Espero que ahora estés bien y cada vez mejor. Un abrazo.

      Me gusta

  3. Hola mi hermano era un chico brillante en la universidad y en su último año tuvo una crisis nerviosa los mismos maestros lo mandaron a un siquiatrico y dijeron que era bipolar, el primer año se controló con medicamentos se graduó de la universidad y regresó a casa dejó las medicinas y tuvo otro episodio que lo tuvieron que llevar otra vez a un siquiatrico no quiere tomar medicina siempre está enojado buscando problemas realmente no quiero pensar que no queda nada de mi dulce y comprensible hermano.

    Me gusta

Responder a Zulima Camacho Cancelar respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s