La otra pandemia

#yoconfieso

Además de que está dejando clara nuestra vulnerabilidad, el Covid19 vino a callar drásticamente el ruido que estábamos generando las feministas. Tan sólo días antes de que estallara la crisis del coronavirus, parecía que la revolución de género había empezado ya. La histórica marcha y el paro nacional en marzo, fueron las últimas grandes acciones del feminismo en México, y aunque la lucha sigue y seguirá, pese a quien le pese, me parece que es momento de pensar hacia dónde queremos dirigirnos después de esta crisis de salud, no sólo como feministas, sino como seres humanos. Si no hacemos algo, y lo hacemos pronto, nos vamos a extinguir y ya ni siquiera importarían las 10 mujeres asesinadas diariamente en México.

Pero SÍ importan, y me parece una burla cruel y despiadada que el presidente de mi país declare que no se ha incrementado la violencia de género durante la cuarentena, ya que en México tenemos una cultura de mucha fraternidad. No tiene vergüenza al decir eso.

A mí no me quita el sueño un virus, me lo quita saber las tantas y tantas mujeres que están encerradas con un hombre abusivo y violento. El encierro puede detonar conductas agresivas y no me imagino a todas esas hermanas mías que no tienen ni siquiera a dónde correr para resguardarse.

Cuando alguien me pregunta si soy feminista, con el desdén característico, orgullosa alzo el puño y normalmente traigo una playera con la leyenda Girl Power que me apoya. Siempre respondo: Sí, y de las radicales.

Y cuando me escuchan, la cara de asombro no falla. Por ignorancia y prejuicios, creen que el reconocerme como feminista radical semejo una chica vándala, que hace destrozos en las manifestaciones, es separatista y está cegada de poder.

Nada más lejos de la verdad. El movimiento feminista está muy diversificado actualmente y es muy complejo. Existen muchas corrientes que han evolucionado con el paso del tiempo. Uno muy popular es el feminismo liberal, el que cree que las mujeres de forma individual y con sus propias acciones pueden conseguir y mantener una igualdad frente al hombre, gracias al liberalismo económico.

Eso no funcionó (ni funcionará), y fue así que nació el feminismo radical, que reconoce el problema de raíz: el patriarcado. Cualquier corriente feminista es sistémica. Analiza la participación tanto de mujeres, como de hombres, en la sociedad, y lo que se debe lograr es la caída del patriarcado. Es un sistema hegemónico de violencia y poder que oprime a las mujeres en todos los niveles.

Y la razón por la cual existen tantas corrientes feministas es por la misma necesidad que provoca el patriarcado de luchar tantos frentes distintos. ¿Por dónde quieren empezar? ¿Por equidad jurídica? ¿Por inclusión social? ¿Por igualdad salarial? ¿Por la imposición de roles de género? ¿Por nuestro derecho de decidir sobre nuestro cuerpo? ¿Por erradicar la cultura de violación y feminicidios? ¿Por abolir la pornografía, la prostitución y la trata de personas? ¿Por dónde? Es igual de crítico eliminar la brecha salarial, como lo es que se detenga la violencia de género.

Y sí, soy de las radicales, las que luchan por la emancipación real de la mujer. Todas mis acciones feministas están encaminadas para que las mujeres sean autónomas, independientes y libres. Los hombres ya lo son. Desde el inicio de todos los tiempos y siempre existe una rebelde. La que se atreve a cuestionar. La que ve su propio potencial. La que no se calla y se defiende. La que cree en ella y tiene ganas de convertir sus sueños en realidad. A todas y cada una de esas mujeres, les debemos todo. Algunas pagaron con su propia vida el procurarnos ciertos derechos tan básicos como el acceso a la educación.

Siempre he creído que el feminismo radical es muy incómodo porque busca romper el sistema social y eso genera miedo. A quien sea. El patriarcado está encarnado por muchas mujeres y citando a Simone de Beauvoir: “El opresor no sería tan fuerte si no existieran cómplices dentro de los mismos oprimidos.”

Y, tristemente, comprobé que sí existen mujeres que odian a otras mujeres y es uno de los triunfos más importantes del patriarcado. Cuando recibo ataques de mis manuscritos feministas, son de mujeres. Me han dicho asesina y puta regalada. Frígida, amargada. Exagerada. Hasta terrorista. Y todo porque escribo sobre la despenalización del aborto, o sobre violencia sexual, o simplemente del derecho al ejercicio de la sexualidad y el placer femenino.

Nada me toca más los botones que los discursos actuales en redes sociales, en los cuales se trata de minimizar la lucha feminista. Que si la violencia es problema de todos, que a los hombres también los matan, que todas las vidas valen, que ni machismo ni feminismo, que gente buena y gente mala, y muchos del estilo, y no, no me puedo quedar callada.

La esencia del feminismo nunca ha sido eliminar a los hombres. Lo ha sido buscar una vida justa e igualitaria entre todos los seres humanos, reconociendo el derecho que tenemos de ser únicos y diferentes. Por eso el movimiento feminista tomó de la mano al movimiento LGBTIQ+. El enemigo no es el hombre, lo es el sistema social en el cual vivimos todos. La primera víctima del machismo es el hombre, ojalá quede claro algún día, y estoy dispuesta a llevarlo hasta las últimas consecuencias con tal de liberar a todos de la carga patriarcal que hasta parece una genética.

Pero con esta crisis de salud que tenemos encima, me pongo a divagar que por una razón muy contundente, mi principal lucha en esta vida es por el amor y, aunque no sé si estoy ganando o perdiendo la batalla, sólo defiendo la capacidad que tenemos de amarnos los unos a los otros y estoy convencida que sólo eso nos va a salvar de nosotros mismos. Dicen y dicen que nada puede volver a ser lo mismo después del coronavirus y que no debemos regresar a la “normalidad”. Yo tengo mis dudas, porque no puedo obviar la decadencia humana, pero si en verdad no quieren regresar a la “normalidad”, es imperativo reconocer el movimiento feminista y no olvidar que la violencia de género fue declarada como pandemia mundial por la Organización Mundial de la Salud desde el 2013.

Si con esta crisis de salud nos queda claro que el único derecho universal del hombre es la muerte, muchas cosas pueden cambiar. Nadie escapa de la muerte, pero lo primero que deben pensar cuando termine la cuarentena es en todas esas mujeres que perdieron la vida en estos días simplemente por ser mujer.

***

Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, ballet enthusiast and tobacco is my fucking addiction...

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