Lo humano a prueba

R2 Mora

La pandemia del COVID-19 mueve todo lo emocional que somos como seres humanos. Es una sacudida que rebasa y desestructura  nuestra zona confort y nuestras certezas. Una de las estrategias sociales para vivir en cualquier sociedad es el establecer desde la cultura una serie de estrategias, hábitos, rutinas, modos de actuar, que pasa también por el uso del lenguaje como condensación y representación de lo que somos en lo individual y colectivo.

En unas cuantas semanas hemos integrado al discurso una nueva narrativa que se impone desde la comunicación de masas y las redes sociales, discurso que juega con las paradojas de la información y con la especulación, con los hechos y con las mentiras, que abre paso a la tensión entre lo real y lo ideal.

El confinamiento en países como España, Italia, Francia, Alemania, entre otros, está mostrando los efectos emocionales en las personas, para bien y para mal. El temor se instala como condición de lo humano y se mueve pendularmente, entre lo que se cree que pasará y lo que sucede en los hechos. En cualquier caso, la contingencia instala la duda y produce un desequilibrio emocional y, al mismo tiempo, es una oportunidad para revisar nuestros vínculos y nuestras competencias sociales para estar solos o para estar con otros.

Nada fácil lo ha puesto el COVID-19 para la sociedad mexicana en un mundo interconectado. De todo lo humano que somos en la cultura, aflora nuestra tendencia al martirio, a la pena, a sentirnos víctimas, a hacer el  sufrimiento un deporte nacional. Entre la culpa y la penitencia, entre la parálisis personal y la anomia social, entre la omisión y el dejarnos llevar por las circunstancias, vamos alterando nuestra realidad y sacando el cobre dirían los viejos, esto es nuestros intereses personales.

La realidad del país es que no tenemos buenos recursos y ni estrategias adecuadas  para la convivencia social. No hemos desplegado las capacidades para manejar de forma adecuada nuestras emociones, no hemos participado en un proceso educativo para saber manejar los conflictos y nos falta mucho para tener procesos de comunicación pertinentes y sanos. Somos muy contradictorios también, queremos que nos digan qué hacer, pero al mismo tiempo no aceptamos la autoridad de nadie. Lo triste es que esa rebeldía no es en el campo social o político, la reducimos a los espacios más inmediatos de inconformidad y de ahí a instaurar y naturalizar la violencia física, psicológica y sexual en especial contra las mujeres y los hijos, sin ser exclusiva de la familia nuclear, siendo el espacio vital el de la casa, este es el territorio donde se vive, se recrea y se justifica la violencia.

En situaciones de crisis afloran conductas de todo tipo, las solidarias y las profundamente colaborativas, pero también emergen las del abuso. Hemos visto cómo hemos enfrentado sismos y huracanes, pero también hemos visto conductas despreciables, robos, fraudes, engaños y egoísmos que revelan conductas delictivas y un menosprecio a las personas. Las crisis nos han puesto a prueba y la respuesta  humana aparece, para bien y para mal.

Ahora,  ante la situación de la pandemia del COVID-19 y la petición de estar en casa como estrategia de salud pública y mantener una distancia social para evitar el contagio comunitario, las reacciones de la llamada “raza de bronce”, con una mexicanidad tan única, es un artilugio de una identidad que es frágil y fragmentada, pero al mismo tiempo homogénea en el discurso, pese a la heterogeneidad cultural, social, política, económica, de género y de capacidades diferentes, físicas e intelectuales que nos caracteriza en la diversidad. Se hace una apuesta  por la transgresión de la norma y se pone a jugar con la fantasía de la libertad individual, a costa de la de los demás.

Podemos registrar actitudes y actos que no son más que el reflejo del país que somos: estructuralmente desigual, cargado de injusticias, con un profundo resentimiento social, con un problema importante de baja escolaridad y de un analfabetismo ciudadano, de una corrupción que ha trastocado todo el aparato de estado y con una arraigada situación de inseguridad e impunidad generalizada y que da pauta para el abuso y la violencia. La desinformación crea situaciones de pánico, de temor, en donde la ingenuidad y la ignorancia hacen de las suyas: enfermeras, médicos y personal que trabaja en clínica y hospitales empiezan a ser agredidos, en un contexto de incremento de noticias falsas y su distribución irracional a través de las redes sociales.

¿Qué podemos hacer para desmontar parte de la angustia y del pánico que se va creando al pasar de los días de la llamada cuarentena? ¿Cómo trabajar el tema de la salud mental y el manejo adecuado de las emociones? En un artículo firmado por Miguel Ángel Bargueño* bajo el título: “19 errores que están convirtiendo el confinamiento en una pesadilla y aún podemos enmendar” propone evitar hacer lo siguiente, esto, a partir de lo que los psicólogos, marinos, tripulantes de submarinos, astronautas, expertos en prisiones y  monjas saben qué hacer al estar en cierto tipo de encierro.

Por lo que habrá que evitar:

  • Pasar todo el día hablando del coronavirus
  • Seguir las noticias constantemente
  • Ser insolidarios
  • Descuidar la higiene personal
  • Quedarnos nuestros temores para nosotros mismos
  • Ser negativos
  • No esforzarnos en estar relajados
  • Beber, comer o fumar demasiado
  • No hacer deporte
  • No ser creativos
  • Dejarlo todo a la improvisación
  • Cuestionar el confinamiento
  • No saber gestionar los problemas de convivencia
  • Modificar la rutina de sueño
  • Contar los días que faltan para el fin del encierro
  • No llevar a cabo actividades intelectuales
  • No saber combatir la claustrofobia
  • No reservar tiempo para uno mismo
  • No formar equipo con los tuyos

Evitar estas acciones, o todas de preferencia, es urgente para ayudar y ayudarnos a salir lo más pronto de esta contingencia de salud colectiva. A la par, debemos atender y respetar las medidas de salud públicas que las autoridades de salud y todo el aparato de estado han establecido, para poder manejar y controlar de forma adecuada y pertinentemente la pandemia.

Tal vez, si partimos de la experiencia de otros, y si hacemos valer el sentido común y la inteligencia humana, tendríamos más oportunidades de lograr que el impacto del COVID-19 sea algo relativamente fácil de manejar y sea una posibilidad para imaginar nuevos mundos posibles y de paso hacer valer la agenda integral  de derechos humanos, desde la dignidad y solidaridad global.

Lo humano está a prueba, habrá que ver si seremos capaces de sacar lo mejor de esa condición evolutiva y cultural o seguimos en una esquizofrenia social.

R2-Mora

 *https://elpais.com/elpais/2020/03/28/buenavida/1585377557_171354.html?fbclid=IwAR3D3s_ztwltes82ThRD3kuQ1d4dCDEC_mg2IX8EmeopHoYoOuElCw5FBCM

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Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, ballet enthusiast and tobacco is my fucking addiction...

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