Mis estafas editoriales

#yoconfieso

Hace cuatro años mandé todo al carajo para perseguir el sueño. Nada me importó. Renuncié a una solvencia económica con un trabajo estable y cheque seguro cada quince días, sin ser relevante lo mucho o poco que podía trabajar en ese lapso. Salí de mi zona de confort y me aventuré, sin saber lo tanto que tendría que enfrentar por ese coraje y valentía que tuve de darle la espalda a una vida que no me hacía feliz.

Estoy muy triste. Es en verdad una situación injusta la que rodea a la mayoría de los escritores. Hace ya algunos meses, escribí una entrada en la cual me despedí de ustedes, mis primeros lectores, pero les tengo una gran noticia. No es momento aún de abandonar mi blog, que por tres años me ha dado mucho más de lo que imaginé. Cuando ilusionada y con mucha expectativa lancé mi blog el 21 de marzo de 2017, nunca pensé que me iban a leer en 89 países. Yo sólo necesitaba un espacio para darme a conocer como escritora y ni en drogas aluciné la cantidad de lectores que lograría.

Por algo dicen que es puro amor al arte. Es verdad. Yo estaba consciente de que no iba a vivir de mis manuscritos y mis novelas. Se sorprenderían si supieran lo poco que ganamos los escritores. Las regalías que normalmente se fijan en los contratos editoriales están entre el 8% y el 12%, y detrás de cada libro, película, serie, obra de teatro, y todo lo que disfrutan en sus ratos de ocio, hay un escritor que pasa noches en vela, pero no sólo eso, el proceso de escribir no es tan sencillo. Hay que hacer investigación, ajustarse a la extensión que imponen y es muy complicado escribir hoy en día algo novedoso. No hay nada nuevo bajo el sol, por lo que debemos buscar la manera original de contar una historia que ya ha sido contada de mil maneras.

Cuando terminé de escribir mi primera novela, estaba muy temerosa porque lo único que pensé antes de mandarla a TODAS la editoriales era: Y, ¿quién soy yo para decir qué?

A pesar de ser una feminista venida a menos que nadie conoce, de manera sorpresiva, recibí cuatro contratos en cuestión de unas semanas, pero había un gancho. Todas las editoriales que mostraron interés en publicar mi primera novela, me querían cobrar los costos de impresión. Ahora resulta que, además, debía pagar por publicar. ¿No le pierden?

Otra vez, sabía que era poco probable que mis manuscritos y novelas fueran mi único ingreso y sustento de vida. De hecho, muy pocos son los escritores que en realidad viven de sus libros, pero jamás esperé el tan de moda “contrato de co-edición” que tantas y tantas editoriales ofrecen ahora.

Estas editoriales ni siquiera hacen un trabajo de edición, y les cuento que no hay una gran obra literaria que no haya pasado por las manos de un buen editor. Y, además, no crean que los costos de impresión son baratos.

Por inexperiencia, firmé uno de esos cuatro contratos que recibí. Era una editorial española. Se veía la más seria y con mayor alcance. Acepté que el contenido de mi novela era por completo mi responsabilidad y pagué 1400 euros para que la publicaran. Todos mis ahorros se fueron en ese pago.

Desde que recibí la maqueta de mi novela para autorizar la entrada a imprenta, supe que había sido una pésima decisión haber firmado ese contrato. Estaba plagada de errores. Hicieron con mi obra lo que se les dio la gana y con nulo respeto. Luego, no me apoyaron en lo absoluto para organizar la presentación de mi novela, incumplieron cláusulas, querían cobrarme artículos promocionales como separadores de libro y esas pendejadas, y el colmo fue cuando comprobé que no tienen presencia en ferias de libros y, por lo menos, en México sus libros no estaban en ninguna librería.

A mí de nada me sirve tener miles de ejemplares si no están en el punto de venta. Y ellos, no perdían nada. Al final, la que absorbió los costos de impresión fui yo. Estas editoriales son en realidad maquiladoras de libros y estoy segura que la mayoría de las obras que publican son basura literaria.

Tras un pleito intenso, hasta con abogados, con esta seudo editorial española, logré rescindir el contrato, pero no me devolvieron siquiera los 1400 euros que pagué. Creo en mi novela, tan es así, que a los pocos meses de rescindir ese contrato leonino, una editorial independiente mostró interés en mi novela, y después de cuatro años de un trabajo arduo, sin descanso y sin una remuneración económica como tal, firmé mi primer contrato como escritora. El tiraje no es muy alto, pero al menos ellos no me cobraron los costos de impresión, tienen presencia en casi todas las ferias de libro en México, Canadá y Colombia, y me consta que sus libros se venden en muchas librerías.

Si yo no tengo lectores, de nada sirve mi trabajo ni esas noches en vela. Es verdad que no quiero ni fama ni fortuna, sólo lectores, a quienes mis palabras hagan eco en su corazón. Sólo quiero eso.

Y la razón por la cual abandoné mi blog hace unos meses, fue porque una editorial digital me hizo la propuesta de publicar todo su contenido. Estaba muy ilusionada con esto, pero fue otra estafa. Acaban de lanzar su plataforma. Hagan de cuenta que es el Netflix de historias breves. Yo sé que están empezando, pero el gancho con ellos es que sólo pagan por descargas de gente que paga suscripción a la plataforma. Como el lanzamiento de la aplicación fue hace apenas unos meses, me parece que todavía no es redituable, pero eso no importa. Si no le puedes pagar a tus autores, no montes una editorial. No dudo que será un éxito esta plataforma y me gusta que fomenten la lectura, pero nuevamente, los escritores somos quienes menos ganamos. En el contrato jamás se estipula que sólo se pagan las lecturas hechas por personas que pagan suscripción. Lo que se lee de manera de gratuita no genera regalías. Para que se den una idea: yo tuve solamente ocho lecturas de gente suscrita a la aplicación, pero casi cuatrocientas lecturas gratuitas, pero de eso no voy a ver un centavo. No me parece justo y más me molestó esta omisión en el contrato.

En fin. Así las cosas, sólo me quería desahogar. No puedo revelar el nombre de estas editoriales, pues me hicieron firmar un convenio de confidencialidad al momento de rescindir los contratos, si pendejos no son, pero es mi deber hacer esta denuncia y decirle a todos los escritores que no vale la pena que, por la ilusión de ser autores publicados, terminen regalando su trabajo, trabajo muy laborioso y que no cualquiera hace.

Con mucha alegría les cuento que retomaré mi blog, todavía tengo muchas historias que contarles, y mis escritores invitados enriquecen este espacio virtual. Estoy de regreso y por un largo rato. Yo también los extraño.

Gracias siempre, mis primeros lectores.

Sandra de Uriarte

Ciudad de México

***

Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, ballet enthusiast and tobacco is my fucking addiction...

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