Si tan sólo hace veintidós años…

#yoconfieso

Mis últimos días han sido morados y no recuerdo haberme sentido tan orgullosa de las mujeres y, sobre todo, de las mexicanas. Respiré feminismo y me enchina la piel ser testigo de cómo se está entretejiendo la sororidad que tanto necesitamos para lograr ser agentes de cambio.

Asistí al lanzamiento de la gran iniciativa #Mujeresdecambio. Un proyecto que pretende crear una red de diez mil mujeres emprendedoras y empresarias en México y Latinoamérica. Aprendí mucho sobre la desigualdad laboral, la brecha salarial y la situación tan deplorable de las mujeres en ese campo, aun cuando representamos poco más de la mitad de la economía en nuestro país, según datos del INEGI.

Pero no fue eso lo que me impresionó. Hubo un panel de cuatro mujeres moderado por otra más y mi corazón daba vuelcos y se me llenaban los ojos con lágrimas al escucharlas. Vi a cinco mujeres jóvenes y llenas de sueños. Valientes, inteligentes, sororas, exitosas. Bravas y empoderadas. Las empresas o fundaciones que tienen están encaminadas al desarrollo social y el bienestar de la humanidad. Le hablaron a un grupo muy numeroso de mujeres sobre los retos de género en el emprendimiento y me alegró estar en una sala con tantas y tantas mujeres extraordinarias. Cuando me marché del evento, me sentí agradecida por estar tan cerca de este tipo de proyectos y apoyar a todas esas chicas que quieren conquistar el mundo.

Un par de días después, fue la marcha por el Día Internacional de la Mujer y no hay manera de describir la sensación que provoca saber que formaste parte de la historia. No esperaba menos de nosotras. El dolor, la rabia y el hartazgo nos llevaron a tomar las calles. Por todas y por todas las que ya no están.

Desde antes del mediodía empezó la movilización. Los vagones exclusivos para mujeres en el transporte público estaban llenos. Todas vestidas de negro, morado y verde. Muchos contingentes organizándose en las estaciones del metro, reuniéndose “abajo del reloj”. Fue una marcha pacifista, en sí, pero no hubo saldo blanco. Hay provocadores, como en cualquier manifestación, y respondemos. No es violencia. Es resistencia. Las calles se pintaron de morado y verde. Las fuentes de rojo. Todos los monumentos fueron intervenidos. Hubo vandalismo. Una, dos, tres bombas molotov a la puerta del Palacio Nacional. Sobrevolaban helicópteros y muchos drones. Prensa internacional y observadores de derechos humanos. Rugimos. Lloramos. Siempre protegiéndonos unas a otras. Las consignas son estremecedoras. Con falda o pantalón respétame, cabrón. Ni una más, ni una más, ni una asesinada más. Señor, señora, no sea indiferente, se mata a las mujeres en la cara de la gente. Se va a caer, se va a caer, el patriarcado se va a caer. El Estado opresor es un macho violador. Alerta, alerta, alerta al que camina, es la lucha feminista por América Latina. No somos una, no somos cien, pinche gobierno, cuéntanos bien. Cartulinas, carteles y mantas con frases, con fotos, con nombres. Todas cabemos en el feminismo y me alegró ver a tantas niñas y mujeres jóvenes en la marcha. Esas chicas vestidas de negro y encapuchadas no son leyenda urbana. Parecen ninjas. Dicen que son infiltradas del gobierno, pero yo no lo creo. Ésa es su manera de luchar y a ellas también las cuidamos. Fueron sus hermanas, sus primas y sus amigas las asesinadas, y el mundo no se cambia con susurros y buenos modales.

Además, nos pusieron obstáculos. Cuando el primer contingente de mujeres llegó al Zócalo, lo encontraron tapiado. Había mamparas de madera y metal impidiendo el paso a la plancha del Centro Histórico. Fue cuando montamos en cólera y sí, tiramos cada una de las mamparas.

Algo surrealista fueron los grupos de pro vida afuera de la catedral con mantas colgadas en las rejas. Era una vil provocación que estuvieran ahí. Una manta decía: El primer feminicidio es el aborto. Tenían estandartes con imágenes religiosas, algunos estaban de rodillas rezando el rosario y otros más, llorando. Cuando nos dimos cuenta de su presencia, varias fueron a alertar a las ninjas y rápidamente llegaron a quitar las mantas y a gritarles: ¡Provocador! Una y otra vez. Les prendieron fuego a las mantas y apareció de la nada una veintena de policías y las atacaron con gas pimienta. Se llevaron a dos de ellas, después de tirarlas al piso bruscamente.

Cientos de miles de mujeres llegaron al Zócalo por las calles 16 de septiembre, Tacuba y 5 de mayo. Todas gritando, se escuchaban tambores de cuando en cuando. Más de dos horas le tomó al primer contingente llegar al Zócalo. Era un trayecto de sólo cuatro kilómetros, y cuando las primeras mujeres llegaron a la plancha del Centro Histórico, todavía salían contingentes del monumento a la Revolución. El Zócalo también fue intervenido, además de prender una fogata, pintaron en el suelo los nombres de tantísimas mujeres asesinadas. Montaron una ofrenda para Fátima.

No niego que sentí un poco de temor cuando vi helicópteros sobrevolando la plancha del Zócalo y el despliegue de cientos de policías rodeando el perímetro. Nos tenía a todas ahí y no había hacia dónde correr para resguardarse, pero pudo más nuestro movimiento.  

Y después de esa fuerza y esa unión, de los gritos ahogados y tantas lágrimas, llegó el paro. #UnDíaSinNosotras. Desaparecimos, tal cual desaparecen muchas mujeres cada día en nuestro país. Todas las que salen de sus casas y ya no regresan.

Estos días morados, me conmovieron, por no decir que me estremecieron, pero es que nos han quitado tanto, que nos quitaron el miedo. Ser sobreviviente de violencia sexual legitima aún más mi lucha y hoy sólo sé que si hace veintidós años hubiera tenido el valor de alzar la voz, mi vida posiblemente hubiera sido otra. Tanto tiempo cargando sola ese ataque cruel y atroz, presa de dolor, culpa y vergüenza, provocó que viviera con un deseo de morir muchos años. Sé que, si hubiera alzado la voz, es probable que no estuviera escribiendo estas letras, y no tengo palabras para agradecerles a todas esas mujeres que decidieron romper el silencio y están logrando hacer visible lo invisible.

Falta mucho camino por andar, pero ya nada nos va a detener. La revolución de género ha empezado. Por mí, por mis hermanas, por todas y, sobre todo, por aquellas que ya no están, es mi lucha. 

Basta ya.

10 de marzo de 2020.

***

Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, ballet enthusiast and tobacco is my fucking addiction...

2 comentarios en “Si tan sólo hace veintidós años…”

  1. Los de provida en catedral rezando? Esa sí estuvo buena. Antes pensaba que en la iglesia había violadores, como en todos lados. Ahora sé que sí eres violador, la iglesia es un refugio donde te cuidaran, protegerán, esconderan, todo mientras te ponen en charola de plata a niños y niñas para que los violes a placer por años o décadas.

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