El clasismo en el amor

#yoconfieso

Cuando una persona hace un comentario previo a una afirmación diciendo que no es por clasismo, sin duda lo es. Es innegable que existen clases sociales desde siempre y en cualquier lugar del mundo y sus diferentes culturas. El mejor ejemplo son las castas indias, pero, ¿qué pasa cuando dos personas de distinta clase social se enamoran? ¿Es posible que ese amor perdure?

El año pasado contaba pesos y centavos. De hecho, lo sigo haciendo. Esto de la literatura no deja dinero y aunque espero algún día vivir de escribir, mientras ese momento llega, de algo tengo que comer.

Por azares del destino, terminé trabajando en un restaurante como gerente de operaciones, como ya les conté en mi entrada De escritora a mesera. Lo que no les conté aquella vez es que hubo un excelente motivador para que pudiera sortear ese trabajo “salvavidas”.

Desde el día que fui a conocer el restaurante y me presentaron al cocinero, supe que algo iba a pasar entre nosotros. Esas cosas se sienten. Era muy atractivo, con unos ojos verdes tan expresivos y una sonrisa tierna, que cuando se cruzaron nuestras miradas por primera vez, los dos nos ruborizamos. Qué bonito es ese sentimiento.

Como yo no tenía ni la más remota idea de cómo opera un restaurante, literal me metí a la cocina para que me orientara. Poco a poco, lo fui conociendo y descubriendo y me parecía un hombre con una vida dura. No recuerdo ya cuántos hermanos tiene, pero era de una familia numerosa y muy pobre. A sus escasos 17 años, cruzó la frontera de EUA de manera ilegal y llegó a hasta Nueva York y, de comenzar su carrera en la industria gastronómica como lava loza, terminó siendo sous chef en muy buenos, y hasta premiados, restaurantes neoyorkinos.

Dejó su vida en Nueva York después de más de 10 años (que no fue tampoco muy fácil y hasta estuvo en prisión), pues una de sus hermanas había fallecido y regresó a México. Desde entonces, trabaja como cocinero en restaurantes modestos y tiene el sueño de abrir algún día su propio lugar con comida típica de Oaxaca y lo que sea de cada quien, su cocina es deliciosa, creo que subí dos kilos estando a su lado.

Mi vida ha sido también dura, por otras razones y yo creo que la de quien sea lo es. El hombres y sus circunstancias. Pero sé que soy afortunada pues jamás he tenido carencias económicas. Mi infancia fue boyante, estudié en escuelas privadas con excelente nivel académico, he viajado por todo el mundo, devoro libros desde niña y para ser del país, no me puedo quejar, todavía formo parte de una clase media que prontamente va a desaparecer, pero hasta hoy no sé de carencias económicas en realidad.

Estaba consciente de las diferencias entre nosotros y sabía que, para que sucediera algo entre nosotros, debía ser yo quien hiciera el primer acercamiento. Él jamás lo iba a hacer, pues yo era la jefa y tenía además una relación personal con los socios del restaurante. No iba a poner en riesgo su trabajo.

Le empecé a coquetear de manera sutil y un sábado cualquiera, terminando su turno, lo invité a salir. Fuimos a un lugar de hot dogs y cervezas en un centro comercial y esa primera conversación fue muy divertida, recuerdo haber reído mucho. Al cabo de un rato, le dije que quería fumarme un cigarro y salimos a la calle. Le robé un beso y lo tomó por sorpresa. No supo qué hacer y yo solamente le dije que se dejara llevar. Le pregunté si podíamos ir a su casa (nunca me quiso decir dónde vivía ni me llevó a su departamento) y me dijo que era un trayecto largo de más de dos horas entre metro y camión. En ese momento lo único que pensé fue la joda que se metía de estar en transporte público tanto tiempo todos los días y luego doce horas trabajando en una cocina de pie. Lo admiré.

Como mi casa no es opción, pues no vivo sola, me lo llevé a un hotel de paso. Se mostraba renuente al principio y entendí que él pensaba mucho en no perder su trabajo. Lo tranquilicé diciéndole que para mí el restaurante era algo temporal que ni siquiera me importaba y era más indispensable él que yo en ese lugar, no tenía nada qué temer. Fue muy linda esa noche y me parece que la atracción terminó siendo más fuerte que nuestras diferencias.

Así empezó y en un principio todo fue maravilloso. Entre los dos operábamos el restaurante y romanceábamos todo el día. Me parece que él se enamoró más rápido que yo, y lo único que me ponía muy mal, por ser escritora, era su mala ortografía tanto escrita, como hablada, pero lo puse a leer mucho y mejoró su manera de escribir y hablar.

Sin embargo, al poco tiempo, brotó su inseguridad. Cada que podía me decía que yo iba a dejarle nada más llegara un hombre mejor que él y que me pudiera ofrecer lo que él no podía. Yo trataba de asegurarle que eso no iba a suceder, pues en él tenía lo que tanto anhelaba: un hombre de buenos sentimientos, valiente, que me respetaba, protegía y me impulsaba. El dinero siempre se soluciona, el amor no se encuentra tan fácil.

Pero a los dos meses de un romance sano, bonito y divertido, una sola tarde tiró abajo la posibilidad de que trascendiera en amor. Como yo era la jefa, un sábado decidí no presentarme a trabajar, quería escribir. Pero le dije que llegaría por él cuando terminara su turno para pasar la noche juntos. Cuando llegué a la cita, me topé con que estaba borracho. Y aunque me tenía sin cuidado como tal ser la jefa, no podía pasar por alto eso. Uno no puede beber en horas de trabajo y además consumir los insumos del bar, no es admisible, aunque me juró hasta el último día que sólo habían sido un par de cervezas que él había comprado y metido a escondidas a la cocina. Ésa fue su primera mentira. Se había bebido una botella de ron y estaba muy borracho.

Ya no había nadie en el restaurante y le llamé la atención tanto profesionalmente, como personalmente. Me molestó mucho que se pusiera así cuando supuestamente íbamos a pasar una noche juntos. Y ya no recuerdo qué fue lo que dije, pero de pronto, se transformó. Comenzó a gritarme, pero lo que más me impactó fueron sus palabras.

Me retó a que lo corriera porque, según sus palabras, eso hacemos “los de arriba” todo el tiempo. Quienes “tenemos el poder” nos aprovechamos de los “jodidos” y cuando ya no los necesitamos, les damos una “patada por el culo”. Hizo infinidad de comentarios clasistas y como yo estaba sobria, presté mucha atención a todo lo que dijo y no podía creer el resentimiento que percibía en él. Me di cuenta que “los de abajo” también repudian. No paraba de decirme que me fuera a conseguir un novio fresa y mamón, así como lo era yo. Me gritaba que me largara con todos mis amigos “nice” a lugares “elegantes”. Y después de un pleito intenso, decidió ponerle punto final al romance, pues mencionó que no quería enamorarse más de mí. Además, él sabía que en algún momento hace muchos años yo había sido pareja de uno de los socios (que ya está casado, tiene dos hijas y solamente somos amigos) y decía estar seguro de que nos burlábamos de él a sus espaldas. No dije nada, simplemente salí del restaurante tras esa discusión y me fui a mi casa muy triste. Pero era obvio que no había punto final porque nos veríamos al día siguiente.

Por supuesto, me pidió muchas disculpas con una rosa y un chocolate y recurrió al “no tenía nada en el estómago” y “no recuerdo lo que pasó ayer”. Pues yo se lo recordé con detalle y estaba avergonzado. Acepté las disculpas, pero todo fue de mal en peor. Me di cuenta, además, de que era alcohólico y ni siquiera lo aceptaba, de hecho eso fue lo que en realidad terminó con el romance a las pocas semanas del primer incidente, ya que cada vez que tomaba alcohol, su clasismo afloraba al poco rato y me lastimaban mucho sus palabras y actitudes, así que después de algunas noches así, fui yo quien lo mandó al carajo sin la posibilidad de una reconciliación y, además, a los pocos días, por otras razones, renuncié al restaurante.

Me apenó que lo que realmente nos separó fue su alcoholismo no aceptado, pero reconozco que es una de las enfermedades más duras y crueles y tienen mi admiración aquellos que la padecen y pueden dejar la botella, pero hay cura para un alcohólico, para un clasista no.

El amor no debiera saber de esas cosas. El amor es un acto de voluntad, es manufactura local, es decisión y compromiso con la palabra y debe amarse desde la libertad, pues la verdadera magia de la vida es que todos somos únicos y, por lo tanto, no debieran ser problema las diferencias entre nosotros y es de hecho estúpido que así sea.

Es imperativo que recuperemos nuestra capacidad de amar y hermanarnos, de respetar opiniones, saber escuchar al otro y ser compasivos y empáticos, y no olvidar que somos seres humanos y necesitamos unos de los otros para sobrevivir y salvar la especie, pues el amor es el mayor bien que puede tener el Hombre y puede ser la cura de todos los males del siglo XXI que están provocando polarización y alienación a una velocidad impresionante que pronto no sabremos de paz y amor, que por eso es lo único que hay que apostar.

Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, Pilates enthusiast, and tobacco is my fucking addiction...

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