Si pudiera elegir, diría sin dudar que sí…

#yoconfieso

Parece ya una tendencia. Por todos lados aparece gente que reconoce ser paciente con Trastorno Bipolar. Cada vez somos más personas las que estamos alzando la voz y rompiendo el estigma que rodea a esta particular condición. Sigo convencida que en el imaginario colectivo el Trastorno Bipolar ni siquiera merece ser reconocido como un trastorno mental grave y severo y la ignorancia propicia que hasta se utilice como insulto el término ‘bipolar’. Llevo ya 25 años lidiando con esta condición y aunque no ha sido un camino fácil, si me dieran la opción, diría que si he de venir al mundo una y otra vez, que siempre sea como paciente con Trastorno Bipolar, porque aunque nadie quiere estar enfermo en sí, esta condición puede ser una genialidad si está bien encausada y no es por nada que muchas personas que han cambiado el rumbo de la Humanidad han sido justamente pacientes con Trastorno Bipolar.

Mi primer intento de suicidio fue a los 14 años. Jamás lo hubiera logrado, pues lo único que se me ocurrió a esa edad fue tomarme todos los medicamentos que había en el botiquín de mi casa.  Lo único que logré fue una úlcera en mi estómago y una leve intoxicación. Pero eso no importa, lo que importa fue la intención.

Normalmente el Trastorno Bipolar se manifiesta en los primeros años de la adultez. Pues a mí me tocó desde adolescente, pero supe que tenía este trastorno hasta mis 27 años, cuando cometí el segundo intento de suicidio y aquella ocasión casi no la libro. Más de 10 años transcurrieron antes de que me diagnosticaran correctamente y durante todo ese tiempo yo no entendía lo que me pasaba.

Desde entonces estoy medicada con un tratamiento integral.

He vivido más de la mitad de mi vida con este trastorno mental. Han sido décadas de visitar consultorios de terapeutas, psiquiatras y neurocientíficos, de estancias hospitalarias y de realizarme  electroencefalogramas, mapeos cerebrales y análisis clínicos de manera periódica. Y, aquí entre nos, es cansado, frustrante y muchas veces genera miedo e incertidumbre y no les cuento el gasto, pues ningún seguro médico da cobertura a trastornos mentales.

El punto es que jamás me voy a curar y he aprendido a manejar mi condición en todos estos años. Respeto en demasía la psiquiatría, psicología y neurociencia, pero la única verdad cruda y pesada es que el funcionamiento del cerebro es todavía casi un misterio. Es un órgano fascinante y como cualquier otro puede tener fallas, pero los hallazgos científicos que ocurran casi a diario hoy en día, demuestran que aunque parecía existir ya un conocimiento total del cerebro, su misma plasticidad, lo imposibilita.

Si les soy sincera, a veces me siento como conejillo de indias. No niego que también hay momentos en los cuales creo en la veracidad de esa teoría que sostiene que es la misma industria farmcéutica la que provoca enfermedades y es un lento genocidio porque ya somos miles de millones en este planeta y se avecina una extinción.

Sin embargo, aun cuando he vivido 25 años con esta condición y en mi propia historia ha habido dos intentos de suicidio, siete episodios de manía, varios cuadros depresivos, hipersexualidad, adicciones y hospitalizaciones, si me hubieran dado la opción, sé que hubiese pedido nacer con este trastorno mental.

Todos vamos a morir, lo sabemos, pero no todos nacemos para morir de viejos. Porque han de saber que la esperanza de vida de los pacientes con Trastorno Bipolar es hasta de 20 años menos.

Cuando gente ajena a mi círculo se entera de la historia de mi vida, es usual que se les empañen los ojos, tengan cara de asombro y me comentan que admiran mi valentía.

Yo no sé si soy valiente o no, yo no peleo con mi condición. Logré aceptarla como lo fue aceptar que tengo el cabello rizado. Yo no los escogí. Ni mi condición ni mi cabello, pero sería absurdo sufrir por algo tan banal como lo es cabello, como lo sería también sufrir por un trastorno mental.

Y hay muchas razones por las cuales decidiría en todas mis vidas ser paciente con Trastorno Bipolar.

La primera es que cuando comprendes la intensidad que pueden tener las emociones, sientes un profundo respeto por las de los demás y eso te hace empático. Y si la gente fuera más empática, yo no tendría que estarles contando mi historia y hasta creo que el mundo sería mucho más amable para todos. Ser empático evita que cometas juicios cuando una persona se encuentra lidiando con algún conflicto emotivo, que déjenme decirles también que todos los problemas del hombre son conflictos de emociones. No minimizas cómo se siente el otro y entiendes que a veces simplemente un abrazo y palabras de aliento es lo que necesita el otro que está en dolor. Te vuelves sensible y comprensivo y tratas de hacerle ver al otro que las emociones no deben hacernos sus presas y el auto control es básico para que alguien, quien sea, pueda gozar de inteligencia emocional y salud mental.

También pediría ser paciente con Trastorno Bipolar, porque en una etapa de manía aparece una genialidad creativa gracias a ese tren de pensamiento acelerado y obsesivo que nos caracteriza. La manía tiene su lado oscuro, no son divertidos los arranques de ira, los brotes psicóticos y la temeridad. Pero al menos yo he aprendido a encausar esa intensidad de la manía a muchas horas de creación literaria.

Cuando – literal – batallas todos los días por sobrevivir, aprecias la vida y valoras el simple hecho de despertar. Esto origina la comprensión de la fugacidad de la vida y no pierdes tiempo con situaciones que joden la paz y con relaciones tóxicas. Cuando superas adicciones, te das cuenta que si pudiste dejar eso, también puedes dejar fácilmente situaciones y gente que hacen daño y tienes un entorno saludable y amoroso.

Y aunque a veces la tenacidad que tenemos se convierte en obsesión, por lo menos a mí no me para nada ni nadie para luchar por mis sueños hasta verlos como una realidad.

Aprendes también sobre paciencia, sobre todo cuando caes en depresión. No es un paseo en el parque la ansiedad, la indiferencia ante la vida, la tristeza inmesurable y los pensamientos suicidas, pero cuando enfrentas una depresión la paciencia es el elemento indispensable para sobrevivir porque sabes que eventualmente la depresión se terminará. Desarrollas una gran compasión contigo mismo y eso conlleva compasión por los demás.

No es nada sencilla esta condición, me parece que ni siquiera yo termino de entenderla a pesar de tantos años. No creo que la gente que no sufre de un trastorno mental pueda asimilar lo que en realidad significa que tu cerebro juegue en tu contra, es ingobernable y como el Trastorno Bipolar se manifiesta en conductas, es raro que una persona logre comprender que no controlamos acciones, reacciones, emociones y decisiones en determinados momentos de nuestra vida. Eso hace que seas solitario, mucha gente te da la espalda provocado por el daño colateral que normalmente provoca un episodio de manía o depresivo. Pero gracias a esa soledad, he aprendido a conocerme y amarme para poder compartirme libremente con aquellos que a pesar de todo lo negativo y complejo que tiene mi condición, se quedan a ver lo bueno. Lo que soy cuando estoy lúcida y en control de mí misma.

He logrado capitalizar mi condición y sacarle provecho en lugar de padecerla y aunque muchas veces estoy agotada por lo que implica que mi cerebro force a mi cuerpo cada día de mi vida, lo que me ha regalado ser paciente con Trastorno Bipolar es un profundo respeto a la vida y al amor, y si todos le diéramos la importancia crítica que tiene el amor en la vida de cualquier ser humano, estoy segura que podríamos revertir la crisis de identidad y ansiedad en la cual vivimos todos, bipolares o no, y este mundo sería un lugar más armonioso y encausado a la paz, que eso es lo único que podrá salvarnos de esta época con una sociedad individualista, consumista, alienada y adicta a la tecnología que se aleja cada vez más del amor propio y por el otro. Ni siquiera se sorprende de que estamos cerca del punto de no retorno, ni se percata de lo mismo por estar inmersos en un concurso de popularidad provocado por las redes sociales y tampoco se dan cuenta que simplemente es una herramienta de manipulación y control de aquellos en las esferas del poder.

Por todo esto y más, pediría una y otra vez ser paciente con Trastorno Bipolar sin dudar.

***

Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, Pilates enthusiast, and tobacco is my fucking addiction...

4 comentarios en “Si pudiera elegir, diría sin dudar que sí…”

    1. Se dice fácil, lo sé, pero la manera en la cual le he sacado provecho es escribiendo. Eso me salva a mí. Exploto la creatividad y hago obras literarias. ¿Buenas o malas? Eso no importa. Lo que importa es encausar la manía. La capitalizo dando entrevistas y próximamente seré vocera de un laboratorio. También voy a monetizar mi blog vendiendo espacios publicitarios.
      Si quieres ponerte en contacto conmigo mándame un mensaje. Aquí estoy.
      Gracias por leerme y te mando un abrazo.

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      1. Cobro por entrevistas, conferencias y vocería. No me gusta andar por la vida contando toda mi historia, pero si dar mi testimonial puede ayudar a alguien más, lo hago, pero todo eso lo cobro. No es gratis.
        Y la intensidad de las manías que yo presento por ser paciente tipo 1, en lugar de irme por conductas auto destructivas, me encierro a escribir y saco una novela al año, que eso eventualmente también me va a redituar.
        Te mando un abrazo.

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