El derecho al buen morir

#yoconfieso

La eutanasia es uno de los mayores debates a nivel mundial. Simplemente hablar de ella es controversial y puede disparar discusiones acaloradas debido a las distintas posturas que tiene la gente frente a este derecho que a nadie se le debe negar. No pretendo imponerme, ni creo tener la verdad en la mano, sólo quiero contarles una historia que ciertamente me quiebra en pedazos todavía.

Ella era la madre que cualquiera desearía. Una mujer inteligente y valiente. Cariñosa y cálida. Divertida y leal. De las primeras feministas que conocí. Su cocina era una delicia y le gustaba tomar mezcal. Un halo de luz siempre la envolvía. Era bondadosa y entregada a sus amores. Sabía cuándo regañar y tener mano dura y sus palabras eran las de una mujer sabia.

Llegó a mi vida cuando era adolescente. Era la mamá de una de mis amigas más cercanas. Me vio crecer, pero lo más importante: me ayudó a crecer. Nos abrió las puertas de su casa y no es metáfora. Mis años de secundaria y preparatoria los pasé allí. Era el punto de reunión. La casa de estudio. Las fiestas. Las pijamadas. Todo sucedía en esa casa. Mi primera borrachera fue precisamente en ese lugar.

Y ella siempre estuvo a mi lado. Incondicional. Sin percatarme, se convirtió en un soporte en mi vida y uno muy importante.

Hace apenas unos años, le diagnosticaron cáncer. Varios años llenos de dolor. Cirugías, radiaciones, quimioterapias. Ser testigo de cómo la enfermedad le arrebataba de manera sutil la vida, me provocaba rabia y tristeza a la vez. Fue una guerrera hasta al final y con una entereza inaudita batalló con la enfermedad hasta que no pudo más.

“No es vida para mi mamá”. Esas palabras fueron la razón por la cual le propuse a mi amiga aplicarle la eutanasia. En México es ilegal y todo debía ser en secreto. Nadie podía saberlo. Por azares del destino, tengo un médico tanatólogo que ayuda a sus pacientes terminales con cuidados paliativos y eutanasia. (Es el hombre más sabio que conozco y me considero afortunada de poder contar con él y sus enseñanzas.) Mi amiga lo platicó con sus padres y tomaron la decisión de ejercer el derecho de una muerte digna.

Fue un hito en mi vida esa decisión. Sabemos que todos vamos a morir, pero saber cuándo va a suceder con exactitud, revela que la vida es frágil y rayando en efímera. La muerte es, además, el único derecho universal del hombre, a nadie se le niega. Pero le tememos a la muerte, evitamos hablar de ella. Recuerdo esos días con una rara sensación todo el tiempo de no distinguir ya siquiera la vida misma.

Comenzaron los preparativos y a las pocas semanas de esa primera conversación, había llegado el día en el cual aplicaríamos la eutanasia. Tuvo la oportunidad y dicha de vivir sin dolor esos días. Comió y bebió lo que quiso. Pero lo más importante: se despidió de cada uno de sus amores. Y eran muchos. La casa estaba llena de todas las personas que la adoraron tantísimos años. Gente viajó de varios países con tal de estar con ella antes de partir hacia la vida eterna. Fue toda una celebración. Tenía con ella sus fotografías y artículos de mayor valor sentimental. Su mirada estaba llena de alegría y paz. Estaba lista.

El médico nos explicó que, una vez aplicada la eutanasia, el paciente simplemente se duerme y pueden ser hasta 72 horas para que su corazón se detenga. Ella se fue a los 17 minutos que le aplicaron la eutanasia. Ejerció su derecho de una muerte digna y, con lágrimas que me empañan la mirada mientras escribo, les digo que se fue con una bella sonrisa en la cara.

El velorio fue emotivo y tuvo sus momentos críticos como cualquiera. Pero ha sido el único velorio al que he asistido en el cual más allá de dolor y enojo, se percibía paz y sosiego. Y es que no podía ser de otra manera porque lo que hicimos por ella fue el acto más puro de amor que puede existir. Hasta el final nos dejó claro que amor con amor se paga.

Es realmente cabrón tomar la decisión de aplicar la eutanasia. Pero no debería serlo. Nadie merece una vida con dolor. Nadie. Y aun cuando la medicina avanza a pasos agigantados, repito: a nadie se le niega la muerte. No le veo caso alguno a vivir mucho tiempo con una enfermedad que más tarde que temprano, va a ocasionar una muerte. Cuando los doctores izan la bandera blanca y reconocen que ya no hay nada más por hacer, es el momento para que el paciente decida sobre su propia vida. A nadie más debería importarle.

Científicos, médicos, políticos, religiosos, grupos civiles y la misma sociedad van y vienen con el tema de la eutanasia desde hace varias décadas. Cada quien defiende su postura basada en ideologías y conocimientos CREADOS por el mismo hombre. No se les olvide eso. Sin la velocidad de otros derechos civiles, la eutanasia se va abriendo paso en el mundo y ya es legal en Canadá, Colombia, Holanda, Bélgica y Luxemburgo.

Quien me pida ayuda para aplicar la eutanasia a uno de sus amores, de manera inmediata cuenta conmigo. Todos merecemos una muerte digna, a la altura de nuestro paso por aquí y es simplemente un acto de amor procurar el buen morir a la gente que durante su vida hizo todo por hacerte feliz.

***

Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, Ballet enthusiast, and tobacco is my fucking addiction...

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s