Cuando me gusta ser bisexual…

Filosofía de nuestra #reinamaeve

A veces me hago la pregunta ¿soy bisexual? ¿Será que tengo que salir del clóset e izar esa bandera? Esta pregunta rondó mi cabeza esta semana porque vi en redes sociales que se celebró el Día Internacional de la Bisexualidad, el pasado 23 de septiembre.

Aparentemente dentro del movimiento de las diversidades sexuales hay una tensión con los bisexuales, que son vistos como individuos que no se deciden por ningún bando. Como si no fueran de fiar, no estuvieran comprometidos con ninguna causa y fueran una especie de traidores en potencia. Adicionalmente, existe una tendencia a ver a los bisexuales como hipersexuales. El razonamiento funciona algo así, si experimentan deseo generalizado por hombres y mujeres, no discriminan, ergo, seguro son máquinas de follar.

Personalmente, he preferido mantenerme al margen de esta discusión, no sé si por flojera o porque no me atrevo a salir del clóset. ¡Ayúdame Freud!

Analicemos el caso. Que yo me acuerde como que siempre miraba el cuerpo de mis compañeras, un poco con curiosidad, un poco morbo y a veces admiración o envidia por tener cuerpos más bellos que el mío. Visualmente siempre me han gustado las mujeres y me siento segura en su compañía. Por muchos años, no le di mucha importancia a esto. El drama romántico lo manejaba con los varones.

Por ahí de mis 30’s conocí una mujer mayor que yo, por la que desarrollé una admiración muy grande. Se podría decir que fue un chiqui-crush. Ella me coqueteaba con cosas que decía o con cierto contacto físico. Y yo que raramente digo que No a la aventura, pues me aventé. Fue una experiencia sexual bastante singular –sensorialmente– lo más sobresaliente fue la suavidad y sinuosidad de la piel; –funcionalmente– fue la destreza para hacer el sexo oral. Lo confirmo chicas, las mujeres chupan mejor (les dejo el tip).

Luego de esa experiencia, tuve otras dos con otras dos amigas. Experiencias enmarcadas en el contexto desmadre o vamos a jugar con fuego y a ver qué pasa. Y no pasó mucho porque nunca tomó vuelo este asunto. Emocionalmente no me entregué.

Cuando llegué a mi fase Tinder, en una de ésas me dio por cambiar las configuraciones y aceptar matches con mujeres. Descubrí que no sé cómo se maneja la dinámica de ligue con las chicas. Es decir, ¿cómo se corteja? ¿Quién corteja a quién? ¿O de plano más bien hay que salir de la lógica del cortejo? Afortunadamente, una chica más avispada que yo me invitó al cine un día de esos, y yo acepté.

Llegué a la cita tardísimo, ella pacientemente me esperó. Vimos la película y después nos fuimos a chupar a mi departamento. Con unas cuantas chelas encima y buena plática, me comencé a acercar físicamente a ella. Encuentro cierta fascinación en contravenir lo que parece natural o normal. Es como darte cuenta que mucho de lo que llamamos instinto, también es aprendido o condicionado cultural y socialmente. En el momento en que comienzas a salirte del script, no te queda más que improvisar, y ahora sí, esperar que el instinto aflore. Comprobé esa noche que puedo sentir voluptuosidad con el cuerpo de una mujer, es decir, erotizar y desear el cuerpo femenino.

También encontré una paradoja: mucho del argumento dentro de la diversidad sexual es que la disposición ya es algo que traes en tu biología, no te puedes resistir, es involuntario. Por lo tanto, esperar cambiar el deseo (hetero u homo) no es posible. En mi caso, vivo el deseo como algo más fluido y más mutable, incluso susceptible a ser modificado a voluntad (hasta cierto límite). Esto significa que, para mí, es posible entregarme a ese momento y sentir deseo por una mujer y salirme del script heteronormativo.

Lo que no me ha pasado, es sentir el alto grado de infatuación que he sentido por un hombre con una mujer. Me ha pasado que luego tengo crushes fugaces con mujeres, pero me duran muy poco. Nunca se han vuelto una macro-obsesión como con los varones. Tal vez por eso no adopto lo bisexual como identidad. Me digo a mí misma que soy: he-te-ro-fle-xi-ble.

También es posible que no nos quede claro cómo se experimenta el deseo fluido, un deseo bisexual. Nos faltan narrativas y nos sobran tabús. Esto me inspiró a escribir este texto, lo quise añadir como uno de tantos claroscuros en los que la bisexualidad puede existir.

Sigue a Maeve en Twitter: @reinamaeve

Si te interesa contactar con Maeve, puedes enviar un correo a: maevereina@gmail.com

 

 

 

Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, Pilates enthusiast, and tobacco is my fucking addiction...

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