Lo que aprendí de mi adicción a Tinder

#yoconfieso

Sin pudor alguno reconozco que seguro fui de las primeras diez mujeres en México que subieron su perfil a Tinder. De eso ya son más de siete años. Fueron unos meses maravillosos. No lo voy a negar. Pero hoy, antes muerta, que bajar la aplicación en mi celular. 

Mi relación con Tinder es intensa. Cuando descubrí la aplicación estaba lidiando con un episodio de manía y uno de los síntomas es la hipersexualidad. Y lo peor que le puedes dar a un paciente con Trastorno Bipolar en manía, o sea yo, es una aplicación sin costo para conocer gente. En sus inicios, Tinder era para tener sexo. Era muy claro. Sin falsos rodeos. Poco importaba el amor. Muy poco.

Cuando yo usaba Tinder, había tan poca gente en la aplicación, que se te acababan los perfiles al paso de unos minutos. No era sencillo hacer match. Transcurrían un par de días antes de encontrar nuevos usuarios. Y abundaban los extranjeros, gracias a que en otros países ya era famosa la aplicación. No se pueden imaginar la diversión que fue para mí cazar extranjeros y tener relaciones fugaces, siendo además una guía de turistas. Mantengo una bella amistad con varios hombres que estuvieron de paso por mi país. Pero era para tener sexo. Encuentros casuales y posiblemente únicos. Nadie andaba buscando el amor.

Mi adicción era fuerte. Todo el día pegada a mi celular. Mientras chateaba con uno por primera vez, pactaba el encuentro con otros. Lo único que me daba pena era que mi vecina me veía salir y entrar con diferentes hombres en la misma semana. Pero no me agobiaba su juicio. Con el paso de unas semanas, había más gente en la aplicación. Comenzaron a aparecer los paisanos y me topé con buenos hombres, divertidos, interesantes y guapos, pero ningún hombre que conocí en Tinder me ofreció una relación. Ninguno.

Cuando la manía paró, simplemente borré de mi celular la aplicación. Cuando estoy estable no tengo sexo casual, por lo tanto, no me interesaba más Tinder. Un par de años después, esta aplicación ya tenía miles de usuarios y tergiversaron por completo su función. Me encanta que ahora en la descripción de algunos usuarios advierten que si quieres una relación “no le des a la derecha”. Tienen razón al decirlo.

No dudo de historias de amor que hayan surgido a través del uso de este tipo de aplicaciones, pero son las menos y, sinceramente, no me lo creo. Me duele pensar que el amor es algo ya tan banal, que se encuentra bajo algoritmos y por el azar.

Para mí fue muy divertido usar Tinder. Recuperé a un gran amigo de la universidad, conocí a un italiano que vive en México (es el mejor fuck buddy que puede existir y hasta la fecha forma parte de mi vida) y tuve la dicha de pasear por toda la ciudad a gente de muchos lugares del mundo. Añoro mis días de Tinder.

Pero hoy jamás usaría una aplicación para conocer gente. No me gusta formar parte de la gente que ha vuelto una obsesión el conseguir una pareja. Me parece muy triste lo que está sucediendo con las relaciones interpersonales. Me causa temor que ahora no sea necesario ni siquiera un encuentro fortuito para que surja el amor. Ese juego de seducción está desapareciendo y ya ni menciono el romance.

Somos consumistas hasta de personas. Lo que más buscamos es lo que menos nos interesa tener: compromiso. Tener cantidad de matches me parece que sólo exacerba el ego. Y a la primera de cambios, la gente aplica el ghosting. Si de por sí no era sencillo encontrar el amor, ahora con las conductas generadas a través de redes sociales, es una proeza.

Somos una sociedad individualista inmersa en un concurso de popularidad. La realidad virtual nos está alcanzando. La inteligencia artificial ha tenido grandes avances en muy poco tiempo. Las relaciones humanas son cada vez más frágiles y efímeras. Fragmentadas y carentes de compromiso. Por eso, usar estas aplicaciones para conocer gente no funcionan para buscar el amor, porque a cualquiera que no le cueste trabajo generar un compromiso, le va a resultar muy sencillo disolver el lazo.

Existen ya muchos estudios que hablan sobre la adicción a estas aplicaciones y lo más preocupante es que ni siquiera nos damos cuenta que cada vez estamos más cerca de una absoluta alienación y no seremos capaces de mirar al mundo si no es a través de una pantalla. Si dejan de clavar la mirada en el celular mientras revisan millares de fotografías de gente que ni siquiera pueden asegurar es real, se podrían sorprender al darse cuenta de quien está a su lado de manera presencial y estarían atentos de esas bellas serendipias que son necesarias para que un amor entre dos personas nazca.

La tecnología no se detiene y creo que revertir este comportamiento social tan particular como lo es la compulsión de emparejamiento será difícil, pero no me interesa bajar ninguna aplicación y coleccionar matches, prefiero creer que cuando me llegue el amor será porque era mi destino y no el resultado de haber elegido a uno porque no se veía mal en unas fotografías.

Y es que me parece que ahora usamos a las personas y amamos las cosas, cuando debería ser completamente al revés, pero bueno, que arroje la piedra el que esté libre de pecado y nunca haya usado una aplicación para conocer gente…

***

 

 

 

 

 

Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, Pilates enthusiast, and tobacco is my fucking addiction...

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