La perfecta abortista

#yoconfieso

Aquella mujer capaz de demostrarle a los demás que es merecedora de practicarse un aborto, es la perfecta abortista. Todas las demás, me incluyo, somos asesinas. Si creen que cualquier mujer puede ser la perfecta abortista, están muy equivocados. En realidad, ninguna mujer lo es.

Aun cuando un embarazo sea producto de una violación, la culpa es de la mujer porque “estaba tan borracha caminando sola por un parque en la noche que la violaron” y debe hacerse responsable entonces de un hijo (que será el eterno recuerdo de una experiencia traumática). No es sano ni natural que una adolescente por un momento impulsivo críe a un hijo cuando ella ni siquiera es adulto. Los casos de incesto, y hasta de fetos anencefálicos. Al parecer, siempre la culpa es de la mujer y debe enfrentar el castigo de sus conductas impropias.

Yo no aborté por una violación, ni lo hice siendo adolescente, muchos menos por un incesto o un caso clínico. Yo lo hice porque tuve una conducta de riesgo y me tocó perder. Así de sencillo. Ejercí mi derecho y libremente interrumpí mi embarazo. No me apetece ser madre y el ser mujer no significa que estoy obligada a serlo. Gracias a que en la Ciudad de México el aborto es legal desde hace más de diez años, mi aborto fue un procedimiento médico rápido. Soy afortunada porque tuve los medios para pagar una clínica privada y ser intervenida por mi ginecóloga de muchos años y yo lo único que sentí al interrumpir mi embarazo fue alivio. Pero mi caso, no es el común.

Existe una hipocresía sexual. Los hombres, machistas y del patriarcado, hacen todo lo posible por no utilizar condón y entonces la mujer debe ser la responsable de la anticoncepción. Por otro lado, aun cuando recibas una buena educación sexual, todas cometemos errores de juicio por estar en medio de la “calentura” y no por ello quiere decir que nos queremos convertir en madres. En algunos países, con una tasa de nacimiento baja y donde el aborto es legal, antes de practicarlo una trabajadora social te intenta convencer de que continúes con el embarazo a cambio de un apoyo económico por parte del gobierno durante los primeros años de tu hijo, hasta te compran una lavadora. Claro, porque si eres madre soltera, ya con que te compren una lavadora, la tarea será más sencilla.

A mis 19 años, una de mis mejores amigas quedó embarazada también por una conducta de riesgo. Y su experiencia dista mucho de la mía.

Nunca quiso decirle a su madre y se sentía sola y confundida. El aborto no era legal todavía y ni siquiera existía la píldora anticonceptiva de emergencia. No sabía qué hacer y le deba temor que el tiempo de acción se estaba reduciendo. La mamá de su novio fue quién la apoyó cuando se enteró que estaba embarazada.

La primera clínica clandestina a la cual llegaron, el doctor, con juicio en los ojos, le dijo: “Te puedo practicar el aborto, pero no te pongo anestesia”. La segunda clínica, las condiciones eran tan insalubres que hasta había cucarachas. Fueron a casa de una partera en Ciudad Nezahualcóyotl que practicaba abortos en la mesa de su cocina.

Cuando llegaron a otra clínica de maternidad en Polanco, las recibió el director y con sencillez les ofreció el paquete de aborto que incluía el procedimiento y tres citas posteriores de seguimiento. Sólo había un problema. Costaba 10 mil pesos y eso fue hace ya más de veinte años. Era una suma considerable. Mi mejor amiga tuvo que conseguir el dinero, pues con todo y el apoyo de la mamá de su novio, éste no puso un centavo.

La mañana que le practicaron el aborto, le preguntó al doctor si debía guardar reposo. Él respondió que, si cada mujer que se practica un aborto tuviera que reposar, la mitad de las mujeres del país estaría en cama. Mi mejor amiga corrió con suerte al final y nunca puso peligro en su vida, pero según la Organización Mundial de la Salud, al año mueren más de 47 mil mujeres por complicaciones derivadas de la práctica insegura de abortos. Los antiabortistas defienden un concepto arbitrario de vida humana que además responde a acuerdos sociales, jurídicos y religiosos. Si existe una política pública no arriesgas la vida ni la estabilidad psicológica de las mujeres que deciden practicarse un aborto.

Felicito a las mujeres de Argentina. Se ganaron todo mi respeto. Son un claro modelo del movimiento feminista en contra del patriarcado. Y debemos tomarlas de ejemplo. La sororidad es lo único que nos puede salvar en la lucha por el respeto y ejercicio de nuestros derechos que podrán establecer una equidad de género real. La lucha sigue en pie, pero nada será igual si el proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo pasa la prueba del Senado en Argentina. Sin duda un momento que pasará a los anales de la historia de Latinoamérica y hoy me siento orgullosa de haber ejercido mi derecho sin sentir culpa ni remordimiento, pero, sobre todo, de ser mujer.

 

Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, Pilates enthusiast, and tobacco is my fucking addiction...

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