Un nuevo derecho para nosotras las mujeres

Una aventura de nuestra #reinamaeve

Me encontraba en una etapa extraña sexualmente. Sentía poco interés o motivación por otras personas; tampoco era que tuviera nulo apetito sexual, simplemente nadie me lo despertaba.

Por aquellos días, hice un viaje a una ciudad de provincia. Casualmente en ese lugar tengo un tinderette que no veía desde la vez que lo conocí. Él fue una de esas experiencias sorprendentes porque no sentí en un principio mucha atracción física hacia él, pero digamos que sentí la necesaria como para poder tener una experiencia física juntos, y el resultado fue una experiencia muy grata y placentera.

Aproveché mi viaje para encontrarme con él y explorar esa etapa sexual extraña en la que estaba. Nuestro encuentro fue mucho más familiar que el primero (cuando lo conocí). Nos habíamos mantenido en contacto de forma casual por mensaje con charlas relativamente profundas, y habíamos construido más confianza. Cuando lo vi, sentí algo muy parecido a la primera vez, cierta atracción física pero no algo muy fuerte. El sexo fue bueno, él es bueno en arte y técnica, lo reconozco. Sin embargo, no me sacó de ese estado extraño en el que estaba, a pesar de haber disfrutado mucho, algo le había faltado a la experiencia.

Continué pensando, no podía ser falta de ganas, venía de un periodo de abstinencia. Ganas tenía, lo juro. Más bien como que le faltaba química. ¿Será que como ya me habitué a la adrenalina del sexo casual ahora andaba en busca de drogas más fuertes? Yo les soy sincera, no ando buscando mi soulmate para nada. Y lucho por destruir esas programaciones románticas que nos meten culturalmente. Pero sentía que algo me estaba faltando.

Es verdad que a veces conoces personas con las que, de forma inexplicable, sacas chispas electrificantes. Quisiera entender cómo es que pasa con unas personas y no con otras, pero tal vez sea un misterio de la vida al que tendré que rendirme.

Hacía unas semanas que había decidido ocultar mi perfil en Tinder, no lo desactivé ni borré la aplicación, así que mis matches podían seguir en contacto conmigo. En una de esas, uno de esos matches guardados, con el que nunca había tenido contacto, me mandó un mensaje bastante gracioso, así que le respondí con gusto. Hubo un par de intercambios más y luego dejé de responder. No fue estrategia, me distraje. Luego cuando me acordé, fui a checar su perfil de nuevo y lo vi guapetón. El sentido del humor generalmente funciona bien conmigo, y por eso mismo pensé que si no funcionaba como amante, al menos podría hacerme reír. Nada deleznable, si pensamos en la situación geopolítica actual. Así que le escribí, y eventualmente me invitó a salir.

A primera vista en el encuentro, ya no me pareció tan atractivo. Pero no sé si era la expectativa de la foto o qué… Luego las fotos en el Tinder te crean imágenes muy diferentes de las personas, digamos fantasías. Nos tomamos unos chupes muy a gusto, y en efecto me hizo reír mucho. Luego empezó a rozar con su mano mi mano, y luego rozó mi pierna. Y así poco a poco fue ganando terreno hasta que me dieron ganas de besarlo. Y fueron unos grandes besos en medio del bar. Yo sé que es terrible ver parejitas que se están fajando en un lugar público, llega a ser medio incómodo para los espectadores, pero bueno, me tocó estar ahí y sacar mis talentos exhibicionistas. Fueron unos besos muy buenos y sus manos no me dejaban de acariciar. Y en medio de esa escena, sí sentí como una fuerza sexual se acumulaba dentro de mí. Me gustó cuando se atrevió a meterme la mano dentro de la blusa para apretar mis senos y pezones. Me excitó muchísimo esa situación, ¿química o contexto? No lo sé, sigue siendo parte del misterio. Al final me tuve que ir y nos quedamos así, en la primera base.

Un par de días después me invitó a salir de nuevo, y ob-via-men-te acepté. Nos vimos en otro bar para comenzar. Sinceramente, desde que llegué al bar estaba que no me aguantaba la calentura y dejé que se notara. Lo cual yo creo que lo excitó también a él porque sagazmente terminó su trago, pagó la cuenta y nos fuimos. Cuando llegamos a su departamento yo seguí en el mood calentón, así que la acción comenzó inmediatamente. Desde el principio muy aplicado y atento en todo, muy animoso y pasional, aunque percibí que le faltaba un poco de técnica, nada que no se pudiera pulir y reencauzar positivamente. Como que en el oral comía muy bien pero no tenía esa tenacidad vibratoria en la lengua que algunos hombres tienen (muy empeñados, ¡aplausos para ellos!), tampoco me queje de él. La otra que noté es que al meter el dedo no sabía bien en donde presionar, no quise darle una clase en ese momento, así que opté por yo mover el cuerpo violentamente en la dirección adecuada. Entendió la señal y eventualmente tuve el primer squirt de la noche. Lo cual creo que lo excitó mucho, no sé si lo esperaba o no.

La cogida fue deliciosa, con mucha química y deseo.  Me pareció que tenía un lindo pene, al que le hice una buena chupada porque lo merecía. Hasta aquí es buena historia, pero hay más, en algún momento en medio de la acción, me preguntó que ‘si quería venirme más veces’, a lo que obviamente respondí que ‘sí’ (imaginen que pudiera haber otra respuesta). En eso sacó el magic wand, un vibrador bastante utilizado en las pelis porno y que, por cierto, ¡nunca había probado! Me encantó que la idea de este buen mozo y la acepté con entusiasmo. Ya antes había usado vibradores en pareja, pero en mi experiencia siento que los caballeros se sienten intimidados con los juguetes. Tal vez piensan que les roba protagonismo o yo que sé. Pero en este caso no, mi fuckboy no parecía para nada acomplejado, por el contrario, parecía muy versado en la sinergia posible entre su miembro viril y el magic wand. Y yo que ya estaba extra horny, esto me puso todavía más. ¡Qué placer! ¡Así sí da gusto coger!

Estoy pensando en comenzar una nueva ola de activismo: Fuck with the magic wand!

Un nuevo derecho para nosotras las mujeres.

Sigue a Maeve en Twitter: @reinamaeve

Si te interesa contactar con Maeve, puedes enviar un correo a: maevereina@gmail.com

Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, Pilates enthusiast, and tobacco is my fucking addiction...

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