El origen platónico de la otra mitad

Filosofía de nuestra #reinamaeve

“Sea como fuere, estoy cierto de que seremos muy felices, hombres y mujeres, si, gracias al Amor, encontramos cada uno nuestra mitad y volvemos a la unidad de nuestra naturaleza primitiva.”

El Banquete, Platón.

Este fragmento es parte de un diálogo platónico en dónde Aristófanes presenta el mito del andrógino. El relato nos dice que originalmente los humanos teníamos forma circular: dos caras, cuatro brazos, cuatro piernas, y dos sexos. Estos seres humanos eran vigorosos y valientes y pensaron en derrotar a Zeus tramando una conspiración. Zeus, al darse cuenta, decide castigarlos partiéndolos en dos, condenándolos a vivir en busca de su otra mitad.

Desde ahí, al parecer, viene la idea de la media naranja, el complemento, mi alma gemela, my perfect match. Es pensar que estamos en una incesante búsqueda por alguien que nos complete, nos haga sentir plenos, y sane la herida derivada de la partición. Platón escribe:

“el deseo de estar unido y confundido con el objeto amado, de modo que no formaran más que un solo cuerpo. La causa es que nuestra naturaleza primitiva era una, y que formábamos un todo completo. Se da el nombre de amor al deseo y a la persecución de este antiguo estado.”

La aspiración a la perfecta comunión entre dos personas es algo así como un meme, robusto y viral, un mito que se resiste morir, presente en diversas manifestaciones culturales.

Veamos, por ejemplo, el episodio de Hang the DJ de Black Mirror en la temporada 4. Sino lo han visto, véanlo, aquí viene el spoiler (que conste que avisé). Este episodio nos cuenta la historia de dos personas que participan en un programa que tiene como objetivo identificar al ultimate compatible other. Me pareció muy interesante, ahora con eso de que está de moda la inteligencia artificial y el machine learning, ya todo lo queremos resolver con algoritmos que encontrarán la verdad por nosotros.

Nuestros protagonistas, Amy y Frank son instruidos por una coach digital que les asigna parejas y les dicta la duración de sus relaciones. El sistema funciona de tal forma que cada vez que están con una pareja, se recopilan datos para poder determinar el dichoso ultimate compatible other. Al principio del episodio, vemos como Amy y Frank son asignados el uno al otro en su primer emparejamiento. Durante la noche que pasan juntos surge una química inexplicable entre los dos, al otro día se separan. Posteriormente, son asignados a múltiples parejas de duración variada. Pasa el tiempo y nuestros protagonistas se encuentran en una fiesta a la cual asisten con sus respectivas parejas. Ambos muestran insatisfacción con sus relaciones, pero a la vez reafirman su confianza en los datos y el algoritmo. Después de un tiempo, Amy y Frank son reasignados y deciden no revisar el tiempo de expiración de la relación para disfrutar intensamente el tiempo juntos.

Sin embargo, Frank rompe su promesa, ve el tiempo de expiración, y como resultado son separados antes de tiempo. ¡Oh no! ¡Tragedia amorosa! Y ya para no hacerlos el cuento largo, al final, obvio se dan cuenta que están enamorados (son el uno para el otro) y que por tanto deben rebelarse contra el sistema para que su amor triunfe. Al intentar escapar, nos damos cuenta de que todo esto era parte de una simulación, aparecen unos numeritos y nos dicen que de 1000 simulaciones ocurrieron 998 rebeliones, y que con 99.8% de certeza Amy and Frank son mutuamente su ultimate match.

Cuando vi el capítulo me gustó, que quieren, tengo debilidad por lo cursi. Luego lo he seguido analizando en mi mente. Y no puedo dejar de pensar que reproduce la idea de que allá afuera, tu otra mitad está esperándote. Una mitad que es tu ultimate match, más compatible que cualquier otro(a). Todo es cuestión de empeñarse en encontrarla. Por otro lado, me gustó la idea de que Amy y Frank se rebelaran contra el sistema, dando a entender que también es un acto de voluntad el decidir estar juntos.

Me llama la atención que las narrativas que evocan el mito del andrógino, presentan la unión con el otro sin brechas ni fisuras (lo que entiendo como una compatibilidad del 100%). O como en el caso del episodio de Black Mirror, el ultimate match tiene sólo 0.2% de probabilidad de fallar. ¿Pero es esto posible? A menos que como Narciso, queramos estar sólo con nuestro propio reflejo, nunca seremos 100% compatibles con alguien, por más algoritmos chingones que existan.

La diferencia inherente entre las personas imposibilita la unión mítica sin brechas. Tal vez, aprender a vivir sea aceptar que nunca lograremos cerrar por completo la herida de la partición, que la endémica soledad es ineludible y que gestionar la incompatibilidad es parte de las relaciones mundanas.

Sigue a Maeve en Twitter: @reinamaeve

Si te interesa contactar con Maeve, puedes enviar un correo a: maevereina@gmail.com

 

Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, Pilates enthusiast, and tobacco is my fucking addiction...

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