¿Somos iguales o somos idénticas?

Filosofía de nuestra #reinamaeve

Algo que me ha enseñado el feminismo es que la desigualdad entre géneros no es sólo política, social y económica, sino también simbólica. Me parece que ésta es la desigualdad más difícil de erradicar ya que es intangible, abstracta, difusa, omnipresente; y tristemente, a veces indecible.

La desigualdad simbólica está tan normalizada que rara vez es verbalizada, mucho menos es discutida o cuestionada. En tiempos recientes, el hashtag #metoo ha dado mucho de que hablar en temas de acoso sexual, acoso sutil, coqueteo torpe u otro eufemismo que se les ocurra. Lo cual en sí, no importando la posición, me parece intrínsicamente muy positivo.

Es evidente que las prácticas sexuales no son ajenas a la opresión y a la desigualdad. Hay un concepto que descubrí recientemente de Celia Amorós donde hace una distinción entre ‘ser igual’ y ‘ser idéntica’. Me parece que puede darnos pistas de donde surge parte de la desigualdad simbólica entre hombres y mujeres. La autora propone que ‘ser igual’ es una construcción ontológica que reconoce la singularidad de la otra persona como un(a) par. Es decir, al ser un(a) par y verte al mismo nivel con la otra persona lo(a) puedes diferenciar como un individuo(a). Mientras que ‘ser idéntica’ es un categoría abstracta que esencializa el concepto de lo femenino como un grupo o bloque. Celia nos dice que el espacio de lo igual es un espacio público simbólicamente masculino mientras que el espacio privado de las idénticas es simbólicamente femenino.

Reflexioné que esto podría estar vinculado a la preocupación/miedo/disgusto común a muchas mujeres (yo incluida), a no ser tratada como cualquier otra, sino a ‘ser especial’ (o sea ‘no-idéntica’). Y pareciera que es un deseo narcisista, pero no lo creo, es el deseo de obtener un mínimo respeto y un trato digno. Nota al margen… me pregunto si para los hombres es una preocupación/angustia no ser considerado del montón por una mujer cuando se relaciona con ella.

Ejemplos sociales en los que la mujer ha jugado el papel de la idéntica son muchos. Por ejemplo, la prostitución, el concepto de la prostituta no es la de una ‘igual’ sino una ‘idéntica’. Su individualidad no importa, ella está ahí para complacer el deseo del cliente. Simbólicamente es el tipo de sexo en el que lo importante es que el hombre obtenga un orgasmo por medio de otro cuerpo (cualquiera).

El caso de un womanizer/Don Juan no es muy diferente, pareciera que el apetito por la diversidad pudiera indicar un interés por la individualidad. Pero por el contrario, esa búsqueda de diversidad en realidad son fetiches o conquistas que tienen como propósito expandir el territorio sexual. Los cuerpos se vuelven artículos de uso que luego se desechan, yendo a parar cíclicamente al bloque de las idénticas después de ser consumidas.

Otro caso, las ‘mal-cogidas’, que yo interpreto como aquella cogida en la que te tratan como muñeca inflable. Es como un tipo de masturbación sofisticada y asistida en donde el placer de la mujer queda invisibilizado. El cuerpo se reduce a los genitales; una vagina que puede ser idéntica a otra. No importa conocer la singularidad del otro cuerpo, o si una está sintiendo placer o no. Prácticamente se trata de reproducir una escena sexual donde el deseo y placer de él (como individuo) son el centro de atención; no el cuerpo femenino. No sé si les sonará ajeno, pero yo creo que es un tipo de sexo bien ‘normal’ y común, con el que nos hemos aprendido a conformar e incluso excitar.

La dimensión sexual debería ser un lugar de realización personal. Sin embargo, frecuentemente para la mujer heterosexual es un lugar de subordinación del propio placer, o una campo minado lleno de riesgos en aras de una exploración sexual autónoma. En una época donde tener coito impersonal está de moda, pareciera que pedir el reconocimiento de la propia singularidad se ha vuelto algo aspiracional. A  riesgo a ser tratada como ‘idéntica’ a veces no nos queda otra más que volvernos medio puritanas y darnos a desear o hacer como que nada ni nadie nos importa.

¿No podría haber algo en medio?

Yo no estoy en contra del sexo casual siempre y cuando se reconozca la individualidad de la otra persona. Parecerá que estoy pidiendo demasiado, pero sí es posible tener un sexo casual que es un sexo excepcional y presente, un sexo generoso y atento. Un intercambio carnal en donde al menos exista la intención de tornarlo extraordinario.

***

Sigue a Maeve en Twitter: @reinamaeve

Si te interesa contactar con Maeve, puedes enviar un correo a: maevereina@gmail.com

 

Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, Pilates enthusiast, and tobacco is my fucking addiction...

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