El catrín

Talento emergente de Terror

¿Sólo una máscara? ¿Un disfraz de algún personaje famoso en las películas de terror? ¿De diablita? Para Mariana, el día de Halloween era todo un dilema. Se tomaba muy en serio eso de caracterizarse en algo tenebroso para asustar, aunque eso de espantar casi nunca ocurría.

¿A quien podía asustarle una chica virginal de 17 años, con cabello rubio, ojos azules, piel suave y cuerpo delineado? Exacto, a nadie. Sin embargo, lo que ocurrió aquel año en que se le vio por última vez en el vecindario, marcaría a nuestra región para siempre.

Mariana estaba preocupada y un tanto alterada porque no sabía con exactitud que ponerse la Noche de Brujas. En el vecindario era tradición que los niños y adolescentes salieran a pedir dulces, tocando la puerta de las casas y pequeños negocios, como tiendas de abarrotes, papelerías, cafeterías…

Era mediodía cuando decidió salir a caminar sola y sin permiso. Pasó por calles desoladas y también por las que tenían un paso concurrido. Entonces llegó a las manzanas empedradas que indicaban que el parque central se encontraba muy cerca. A Mariana le gustaba mucho visitarlo, pues se sentaba en una de las bancas para pensar y reflexionar, incluso algunas veces pasaba la tarde leyendo. Cuando llegó a su banca preferida y tomó asiento, reposó sus codos en las rodillas y el mentón en sus puños, pensando: “¿Qué me pondré hoy?”

Mientras la gente pasaba caminando, de aquí para allá, a lo lejos se escuchaba a un hombre cantar, tocando su guitarra: era una canción romántica que hablaba de una sirena. De pronto, Mariana tuvo esa sensación que las mujeres suelen sentir a menudo, sí, cuando alguien las mira. Una mirada llena de energía, a tope de una emoción extraña.

Mariana giró su cuello hacía la izquierda y se dio cuenta que en el kiosco, al centro del parque, había una figura de unos dos metros de altura, color negro y blanco y con destellos morados, dorados, plateados y rosas. Era un catrín ¿Qué hacía un catrín a mediodía en el parque central? El catrín siguió observando a Mariana, ella parecía entender (de algún modo sobrenatural) que ese personaje quería hablar con ella. Entonces, la mano de la figura se movió y le hizo una señal con la palma.

-¡Ven! – dijo el catrín.

Mariana parecía hipnotizada ante los movimientos de la figura, aún cuando estaban a una distancia considerable. Sin embargo, cuando ella comenzó a caminar hacia él, parecía hacerse más grande, incluso por un momento, Mariana pensó en que algo andaba mal.

Cuando se plantó justo frente al catrín, éste le acarició la mejilla y le sonrió; su maquillaje parecía tan real, que los dientes parecían estar vivos por sí mismos.

-¿Aún no tienes disfraz para el día de hoy? – preguntó el catrín.

Mariana sintió un poco de miedo y tembló en el momento que el catrín terminó de formular su pregunta. Los pensamientos de Mariana eran cada vez mas precavidos y se mostraba temerosa.

-¿Cómo sabes eso? – dijo Mariana, con voz temblorosa.

-¡Vaya! Para ser una niña muy inteligente, hay cosas que no sabes aún. Los catrines como yo, podemos escuchar cosas muy, pero muy bajitas. Hasta las cosas que piensas. Pero como soy un catrín amable y valeroso, he decidido ayudarte con tu disfraz.

-¡¿En serio?! – preguntó Mariana, exaltada de alegría.

-Claro. Yo sé que por mucho tiempo has deseado tener un disfraz que asuste a cualquier persona, que griten, tiemblen y pidan al cielo estar en otra parte al verte. Bueno, yo puedo dártelo.

La chica comenzó a pensar en la oferta y un presentimiento extraño la colmó, pero no importaba mucho, pues este catrín sabía lo importante que era para ella esa noche. Además iba a ser un disfraz épico ¿qué podía salir mal?

-Pero tiene un costo un poco elevado -dijo el catrín.

El hombre que tocaba la guitarra acabó su canción y recogía algunas monedas entre las personas que se acercaron a escucharlo.

-No importa, he ahorrado mucho dinero en estos meses, seguro puedo pagarlo -contestó Mariana.

-No estoy hablando de dinero, cuando te entregue el disfraz te explicaré. Lo único que necesito que tu hagas por mí es que, vayas a tu casa por un cuchillo para tu disfraz. Cuando den las 8 de la noche en punto, tienes que estar aquí, en el kiosco del parque pues… yo brindaré al público que se acerque, una obra de teatro fenomenal y cuando llegue a su final, saldrás tú a escena y asustarás a todos con tu disfraz.

Mariana se encontraba llena de júbilo y de inmediato aceptó. Decidió dar media vuelta para irse a su casa, pero… cuando iba a emprender su camino, el catrín la tomó del brazo y dijo: “¿Trato?” Extendiendo la mano esperando ser estrechada por la de Mariana; “Trato” respondió ella dándole la mano.

El catrín le hizo una reverencia y besó su mano, dejando que se fuera.

De regreso a casa, Mariana pasó por una escuela primaria y en la puerta había muchas madres llorando, ocho policías conversando con ellas y dos patrullas. Mariana, entre la multitud y escuchando a ese grupo de personas con gritos y llanto, comprendió lo que había acontecido. Doce niños estaban desaparecidos. Ella sintió una gran impotencia, pero de algún modo supe que serían encontrados y continuó su camino.

Llegó a su casa y pasó el resto de la tarde viendo televisión. Luego le contó a su madre lo que había ocurrido en el parque con el catrín. Su madre prometió ver su espectacular escena durante la obra. Mariana se emocionó aún más: el Día de Brujas que tanto había deseado, se estaba volviendo realidad. Las ansias se convirtieron en pequeños lapsos de tiempo, hasta que la noche llegó.

Al caminar con dirección fija en el parque, un pensamiento no podía salir de la mente de Mariana: ese catrín no aparentaba ser una persona ordinaria. Comenzó a hacer memoria de su charla con tal personaje horas antes y recordó sus movimientos, su sonrisa, su forma de mover la mano, la mirada penetrante. Al tiempo que las calles se llenaron de gente y de un olor a pan, chocolate, flores y copal.

Las calacas, demonios, fantasmas, payasos, personajes de películas de terror, entre tantos, caminaban por las calles empedradas entre los mortales. Mariana estaba maravillada con tantos y tan buenos disfraces. “El mío será el mejor”, pensaba mientras divisaba cerca el kiosco. La obra ya había comenzado.

Al esquivar a los centenares de personas que se congregaron para disfrutar de la obra teatral, Mariana observó entre todas las cabezas una que era imposible pasar desapercibida: la del catrín, cuyos ojos estaban clavados en Mariana. Se abrió paso hasta llegar a él. El catrín la tomó de la mano, sonriéndole sin decir nada más, pero a juzgar por su paso, tenía prisa… subieron al kiosco.

-¿Lista para tu disfraz? – cuestionó el catrín a la chica.

-¡Sí! Hasta traje mi cuchillo – respondió Mariana, sacando uno pequeño de su bolsillo.

El catrín le indicó que lo único que tenía qué hacer era quedarse quieta y cerrar los ojos. Cuando el telón se abriera para que ella hiciera su aparición, el gritaría a todo pulmón: “¡Buuuuu!” Ése sería el final de la obra.

Mariana asintió y volteó la mirada hacía el público, dándole la espalda al catrín.

Entonces pasó.

El catrín comenzó a susurrar cosas sinsentido… un humo denso resurgió del piso de piedra… la luz falló en todo el lugar por instantes… las farolas del parque se prendía y apagaban… unas voces terroríficas resonaban en el escenario… Mariana sintió como su cuerpo y ropas cambiaban lentamente…una energía increíble la rodeaba… se acaloró y de pronto sintió como si su garganta fuera la de alguien más y sabía que su voz sería diferente y en lugar de gritar, soltaría un terrible rugido…

De pronto, el telón se abrió de golpe. Mariana rugió con todas sus fuerzas y con el cuchillo en la mano. Las personas se asustaron demasiado, gritos y llanto histérico. Mariana miró a su alrededor y a su diestra reposaban las cabezas de la docena de niños perdidos y a su izquierda los cuerpos inertes de los infantes.

El catrín simplemente había desaparecido… dejando un escenario infestado de sangre y cadáveres… la gente en una furia enloquecida atacó a Mariana con palos, piedras y puños, hasta quitarle la vida…

… desde entonces, cada Noche de Brujas al terminar la obra teatral en el kiosco del parque… se escuchan unos rugidos que ponen a temblar a todo el pueblo… Mariana sólo con la muerte, logró asustar a la gente…

Bicho

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Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, Eco-friendly, Netflix junkie, cat-lover, Pilates enthusiast, bookworm, and tobacco is my fucking addiction...

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