El laberinto del placer

Filosofía de nuestra #reinamaeve

¿Cuántas veces me quedé con la sensación de que no había sido suficiente? Un deseo inagotable, un fuego que seguía ardiendo. Cuántos episodios de sexo amoroso pero insatisfactorio, en mayor o menor grado. ¿Qué había ahí que me estaba perdiendo? Amar y/o ser amada no parecía ser el ingrediente secreto.

En retrospectiva, el placer sexual ha sido un punto ciego en mi vida que he tenido que revelar de forma audaz y sistemática. Así un día, acepté que no sabía masturbarme y decidí aprender. Después de aprender, me comprometí a practicar hasta volverlo rutina. Un día leí en un libro que decía que “el orgasmo era un reflejo aprendido que requería práctica”, yo me lo tomé muy en serio, y asumí la responsabilidad de auto gestionarlo.

En la auto gestión descubrí que había distintos tipos de orgasmos; así como técnicas para apresurar, amplificar, atenuar, extender y catalizar el placer sensual. Me gusta pensar en la explosión orgásmica como si estuviera surfeando una ola. Jamás una ola es igual a otra, y sin embargo, la experiencia te ayuda a aprovecharla y disfrutarla mejor.

La auto gestión del placer es un espacio privado –un jardín secreto– que siempre defenderé. En algún momento pensé que la práctica masturbatoria me ayudaría a construir el puente directo entre el placer solitario y el placer compartido. Pero el proceso ha sido más tortuoso de lo que había imaginado, hay algo ahí que me elude. En otras palabras, esto no es un puente sino un laberinto.

¿Es el éxtasis lo que busco? ¿El límite posible de la multiplicidad de sensaciones corporales? No me era claro, sólo era una idea vaga palpitando incesantemente dentro del laberinto. A menudo las ideas vagas permanecen latentes, tal vez escondidas tras cosas que parecen más importantes como la estabilidad de una relación, el amor romántico, el compañerismo, el plan de vida, una carrera profesional. Hubiera podido mantener mis jerarquías fijas indefinidamente, si no fuera porque de forma inesperada un día la estructura colapsó, permitiendo a la idea vaga relucir a través de la fractura.

En un principio, la fractura es esencialmente dolor. Verse quebrado duele, desmembra el alma y el cuerpo. El dolor aturde y es difícil entender que puede catapultar hacia la transformación; que es muerte y resurrección. El dolor canceló en mí ciertas facetas, pero dejó salir otras. Acepté en el dolor la imposibilidad de controlar las circunstancias externas, acepté mi vulnerabilidad.

Sumergida en el dolor, me encontré perdida en el laberinto, errando, esperando que empezara a doler menos. Luego empecé a buscar «algo». ¿Qué? No sé. Tal vez experiencias que pudiesen expandirme. Busqué amantes, no para complacer, sino para que me complacieran a mí. Quería subvertir la premisa femenina de «ser para el otro» e intentar «ser para mí». Me pregunté: ¿cuál es la multiplicidad de placer que mi cuerpo puede experimentar? Esta pregunta me ha llevado a sitios inesperados dentro del laberinto, algunas veces he sentido llamaradas sensoriales, otras tantas el sinsentido de levantarse del mismo fango.

¿La diferencia entre la llamarada y el fango? Todavía la sigo meditando, continúo explorando el laberinto. Lo que sí, es que es importante entender que es una dinámica de a dos, interactiva e iterativa, por lo que hay que poner atención en ambos lados de la ecuación. Sé que de alguna forma, el otro debe dar, y darte a ti de forma generosa. Debe querer explorar y descubrir, no sólo conquistar y apropiarse de otro cuerpo. Al menos para mí, esto funciona como una llave que permite abrirme (de forma simbólica). Pero también, no olvidemos la pericia, una pericia que no es producto sólo de que te guste coger, es algo más trascendente, que aún no alcanzo a definir.

Por mi parte, a veces noto una disociación que antes no me era tan clara. Que entregar el yo emocional no equivale a entregar el yo corporal, y viceversa. Que entregar las dos cosas al mismo tiempo es algo que creo que no me ha pasado, aunque por principio el ‘amor romántico’ se supone que de eso se trata.

Personalmente, siento que mi desencanto por el ‘amor romántico’, me ha dado cierta inmunidad emocional que facilita enfocarme más en lo carnal. Tal vez suene contradictorio, pero así es. Mi aplomo emocional me da la seguridad que necesito para dejar ir el cuerpo y reencontrarme con mi parte animal.

Cuando leo sobre rituales chamánicos y experiencias extáticas, encuentro cierta analogía. El éxtasis de un ritual chamánico consiste en reducir el cuerpo al esqueleto, desvanecer el ego, llevarlo al límite, y descender a lo más básico y primitivo; es decir, reencontrarse con la condición humana profana. Al descender se logra matar al yo, lo que paradójicamente después permite el ascenso al dominio del fuego y la resurrección. ¿Es ésta una de las claves del laberinto?

Sigue a Maeve en Twitter: @reinamaeve

Si te interesa contactar con Maeve, puedes enviar un correo a: maevereina@gmail.com

Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, Eco-friendly, Netflix junkie, cat-lover, Pilates enthusiast, bookworm, and tobacco is my fucking addiction...

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s