Cuando pedir perdón no basta…

#yoconfieso

Si llego a escuchar a quien sea utilizando el término ‘bipolar’ de manera peyorativa, me hierve la sangre y siento unas ganas terribles de sentarlo por horas, sí, porque me tomaría horas explicarle lo que en verdad implica ser paciente con Trastorno Bipolar. Mi condición es agotadora, pero resulta más agotador enfrentar el rechazo, el prejuicio, la burla y la falta de empatía.

Me parece que en el imaginario colectivo el Trastorno Bipolar es simplemente cambios de humor radicales. Si eso fuese cierto, no nada más menos del 2% de la población mundial sería paciente con Trastorno Bipolar, sería un porcentaje mucho más elevado.

No son cambios de humor radicales. El Trastorno Bipolar es una condición mental que genera conductas ingobernables en el paciente y se pierde juicio, razón y la fuerza de voluntad. No controlamos nuestras emociones, decisiones y acciones; aunque suene muy absurdo, pero eso representa ser paciente con Trastorno Bipolar. Caes presa de las emociones sin poder evitarlo y nunca pierdes conciencia de lo mismo, por lo que resulta muy complejo detenerse ante una manía o una depresión.

Cualquier persona se puede levantar de muy buen humor, pero a lo largo del día y por factores externos su estado de ánimo puede llegar a modificarse. Todos los seres humanos tenemos emociones y éstas pueden variar en un mismo día. Eso es normal y natural, pero permanecer más de 40 horas despierto con una energía desbordante y con un tren de pensamiento tan acelerado que acaba en obsesión y paranoia, no lo es y eso se llama manía. Entristecerse por la muerte de un ser querido es lo normal y natural, pero pasar semanas tirado en cama sin siquiera lavarse los dientes y con una fijación en ideas suicidas, no lo es y eso se llama depresión.

Existen clasificaciones para el Trastorno Bipolar, pues los pacientes no son iguales. Algunos viran constantemente a la depresión y viven de manera esporádica periodos de hipomanía; otros pueden vivir meses en una etapa de manía y no experimentar un solo día de depresión.

Yo soy paciente con Trastorno Bipolar Tipo 1 y mi tendencia es ser maníaca. Les confieso que me seduce la manía. Es un estado de gloria permanente. Te invade la omnipotencia. Te vuelves temerario. Te sientes grandioso y con la capacidad de conquistar al mundo. Te bullen las ideas y quieres abarcar más de lo que humanamente es posible abarcar. Te puedes volver adicto. El sexo y las palabras son mis adicciones cuando me encuentro lidiando con un episodio de manía. Y el lado oscuro de la manía son los arranques de ira, los brotes psicóticos en los cuales se desvanece ante ti la realidad y las situaciones de peligro que son provocadas por esa omnipotencia y temeridad.

Los síntomas son tan sutiles que a veces ni siquiera el propio paciente se percata de los mismos. Y de pronto, y muchas veces sin avisar, ataca el verdugo y si no te cuidas, te puede meter a la jaula y matarte.

La teoría y sintomatología de la enfermedad, son minúsculos al compararlos con lo que verdaderamente implica lidiar con un episodio de depresión o uno de manía. Las palabras no alcanzan para describirles la intensidad de las emociones que se generan en la depresión o en la manía.

Para explicarle a mi familia, amantes y amigos lo que se siente ser una persona viviendo en manía, siempre les digo: “Imagina que eres Santa Claus en Prozac, con varios Red Bulls encima y está cogiéndose a una conejita de Playboy en Disneylandia”.  Y la depresión es ese maldito perro negro, muy rabioso que ataca a la menor provocación y te toma por mucho tiempo en sus garras.

Pasar meses en manía o depresión agota a quien sea y el daño al cuerpo es tremendo. La esperanza de vida de los pacientes con Trastorno Bipolar es alrededor de 12 años menos. Nuestro cerebro fuerza al cuerpo llevándolo al límite. Y los efectos secundarios de los medicamentos acortan también la salud del paciente. En mi último episodio de manía, bajé 11 kilos en cuestión de pocos meses y mis amigas tenían miedo de abrazarme por la fragilidad de mi cuerpo.

Pero lo que más duele de mi enfermedad es lo que provoca en mis padres, mi hermana, mis amantes y mis amigos. Lo que duele es no poder decirles que la primera persona que se asusta al presentar síntomas, soy yo. Me apena cuando son rehenes de mi enfermedad y son víctimas de mi ira desmedida. Se me rompe el corazón cuando los lastimo con las mismas palabras que me están matando a mí. Ver la impotencia en todos por tratar de ayudarme y en lugar de eso resultan lastimados, me quiebra en pedazos. Cuando llego a un estado de manía puro, debo encerrarme por semanas para recuperarme y alejarse de tus cómplices de vida, duele y genera miedo.

El haberme enfrentado por dos veces a la mirada de mis padres y de mi hermana cuando llegaron en distintas ocasiones a una sala de urgencias de un hospital y yo estaba amarrada a una cama, rodeada de doctores y enfermeras quienes me practicaban un lavado de estomago por haber intentado matarme tomando pastillas para dormir, provocó cicatrices permanentes en mi alma: nunca olvidaré su mirada perdida, llena de miedo y su cara desencajada. Y pedir perdón, no basta… porque lo que no controlamos en una recaída de la enfermedad genera siempre daño colateral y el saber que lastimas a quienes te aman y cuidan sin cesar, cala en lo más profundo de tu ser…

… por eso, si escucho a quien sea utilizar de manera peyorativa el término ‘bipolar’ me provoca mucha tristeza y me confunde en demasía la ignorancia y prejuicio en el ser humano… ser ‘bipolar’ no define a una persona y es una condición tan castigada, que eso provoca que los pacientes con Trastorno Bipolar además de enfrentarse con la misma, se enfrenten a la falta de empatía que es lo que más necesitamos cuando el verdugo nos toma por sorpresa y pone en riesgo nuestra propia vida…

… pedir perdón no basta… pero desde el fondo de mi corazón pido perdón a cada uno de mis ángeles guardianes, que siempre salen con heridas de guerra, pero nunca dudan en darme la mano cuando logro esquivar al verdugo para alcanzar así la vida estable, sana, pacífica y divertida que cualquier ser humano merece…

***

 

Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, Pilates enthusiast, and tobacco is my fucking addiction...

Un comentario en “Cuando pedir perdón no basta…”

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