El dolor del feminismo

#yoconfieso

En la era del sexo en serie, gracias a la proliferación de aplicaciones para conocer gente como Tinder, puedes acumular muchas parejas sexuales y eso permite descubrir también diferentes ideologías humanas. Hagan de cuenta que es un estudio de mercado. Después del match, te adentras en el mundo de un perfecto desconocido. No tienes idea de quién es, sólo le “diste a la derecha” y comenzaste a chatear con él o ella. Mi último match en Tinder resultó ser un macho retrogrado, y me percaté de lo mucho que duele ser feminista.

Era un tipo guapo, muy guapo. Con sonrisa cautivadora. Soltero con 41 años a la espalda. Emprendedor y con negocio propio desde hacía un par de años. Un hombre, en apariencia, un tanto normal, común y corriente. Al conocernos en persona, platicamos de la vida, del amor, de su trabajo, del mío y de los clásicos temas útiles para conocer al otro y generar una intimidad antes de coger. Una charla agradable e interesante. El sexo fue mejor. Contenta pensaba que ya había encontrado a un nuevo fuck buddy, pero solamente me topé con un hombre machista.

Era la cuarta vez, en un par de semanas, que pasaba la noche con él. Tras una muy buena sesión de sexo y descansar un rato acostados en su cama, le sugerí salir a la sala a fumar un cigarro y tomar un poco de vino. Completamente desnudos, sentados en el sillón, platicábamos acerca de la situación jodida de nuestro país y todo iba bien, hasta que de su boca salió la siguiente sentencia:

“Su feminismo le ha dado en la madre a todo el sistema.”

Enmudecí. A estas alturas de mi vida, ya sé escoger mis batallas y me contuve de entrar en una discusión con alguien que claramente no conoce el verdadero significado de feminismo. Solamente le pregunté la razón de su aseveración y su elocuente respuesta fue:

“Es que las viejas con sus rollos de ser iguales a los hombres, echaron a perder todo. Fíjate, como ahora hay que pagarle a un hombre y a una mujer, no hay dinero que alcance y por eso ahora los sueldos son más bajos para todos. Antes, cuando las mujeres se quedaban en casa cuidando a sus hijos, los sueldos para los hombres eran mejores. Y además, hay que pagar guarderías, que son muy caras porque vieron una oportunidad de negocio, pues todas las mujeres quieren desarrollarse profesionalmente y ni quien cuide a los niños, entonces todo se jode más y el dinero ya no alcanza para nadie y para nada. No estoy en contra de que quieran trabajar, ¿eh? Pero al haberse metido a huevo en el mundo laboral y exigir sueldos y puestos iguales a los de los hombres, pues se acabó el dinero, porque hay que pagar dos sueldos o bajarlos para que alcance el varo.”

(Juzguen ustedes mismos, yo sólo expongo los hechos.)

Guardé silencio otra vez. Comencé a vestirme, pues me sentía incómoda por estar desnuda frente a él. Mientras me vestía, siguió con su discurso:

“Además las mujeres son una hipócritas. Primero dicen que quieren ser independientes, pero todas las mujeres, aunque digan que no, traen el vestido de novia en la cajuela y muchas quieren ser unas mantenidas. Nadie las entiende. Nunca quieren pagar cuando sales con ellas, pero eso sí, le quitan el sueldo a un hombre. Y, la neta es que, además, hay pura pinche vieja loca. Y más cuando tienen su periodo.”

(Nuevamente juzguen ustedes mismos, yo sólo expongo los hechos.)

Una vez vestida, bostecé y le dije: “Ya estoy cansada, mejor me voy.” Se vistió, me acompañó hasta la puerta de mi coche estacionado en la calle y cuando se despidió, me mencionó: “¿Te veo pronto?” Sólo sonreí, encendí el coche y me largué. Llegando a mi casa, lo bloqueé en mi celular y se terminó la ilusión de un nuevo fuck buddy.

Sus juicios de valor y sus argumentos sin fundamento me dolieron, más allá de provocarme enojo. Además, hablar con absolutos y generalizar evidencia una falta de cultura. Por eso, escojo mis batallas y no le dije nada aquella noche. Prefiero decírselo a todos de manera anónima.

El feminismo no es una moda ni es reciente. La revolución femenina comenzó en el siglo XVIII en Francia y desde entonces las mujeres se encuentran en lucha por sus derechos. Es un movimiento social incluyente y tolerante que busca una vida justa e igualitaria para hombres y mujeres. No es una corriente de pensamiento radical. Se requiere de coraje, entereza y valentía para ser feminista, no cualquiera se atreve a luchar por un grupo social desfavorecido para lograr el reconocimiento y ejercicio de sus derechos y, además, procurar una vida sin violencia pues seguimos viviendo en un sistema patriarcal, machista y abusivo.

Durante siglos, las mujeres han alzado la voz para lograr la inserción justa y valorada de la mujer en el ámbito social, profesional, cultural y económico de su entorno inmediato. Existen diferentes épocas del feminismo, cada una con sus particularidades, representadas por mujeres que rompieron paradigmas y, poco a poco, se ha generado que las mujeres y los hombres puedan gozar en libertad de los mismos derechos y obligaciones.

Y hoy en día debemos lidiar además con las feminazis que, en gran medida, le dan herramientas de poder a los hombres para continuar con el machismo y el sistema patriarcal. Las feminazis son radicales sin argumento objetivo. Con un postura y creencia de superioridad tratan de nulificar al hombre. Eso tampoco es ser feminista y por ende, su “lucha” es presa de burlas y acoso. Las feminazis, por odiar a los hombres, sostienen una “lucha” absurda, parcial y violenta. Y no es coherente darle una carga negativa a un hombre sólo por serlo y creer que estamos durmiendo con el enemigo.

El feminismo busca justicia, igualdad, equidad, protección y defensa entre los dos géneros para fomentar así una vida equitativa basada en los mismos derechos y obligaciones para todas las personas que conforman una sociedad.

Escuchar las palabras de este buen hombre y al darme cuenta que, estúpidamente, estaba atacando a las mujeres enfrente de una, provocó un gran dolor en mí, porque mientras existan personas con esa ideología (cuidado con la educación de los hijos) el feminismo jamás ganará la batalla…

***

 

 

Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, Pilates enthusiast, and tobacco is my fucking addiction...

3 comentarios en “El dolor del feminismo”

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