La verdad del poliamor

#yoconfieso

Desde adolescente, con mi personalidad rebelde, he creído que la monogamia es una conducta humana antinatural. En la cultura occidental, cuando dos personas celebran un matrimonio civil, se espera siempre que sea una relación monógama. Fidelidad de cuerpo, mente y alma. La prometes en presencia de algún dios y firmas ante un juez. Pareciera que estamos condenados a estar con la misma persona toda la vida… pero por algo, qué sé yo, existe el poliamor.

Debo aclarar primero que la poligamia no es poliamor. La poligamia es cuando un hombre casado mantiene relaciones sexuales con otras mujeres o cuando una mujer casada mantiene relaciones sexuales con otros hombres. Y, en lo personal, me parece una situación injusta. Si bajo el estandarte del amor y estúpidamente enamorado, le prometes en algún momento a otra persona fidelidad, romper esa promesa es una vil traición y es vergonzante que una persona no pueda mantener su palabra. Sin importar las más variadas razones y diferentes situaciones entre parejas que pueden provocar una infidelidad, romper promesas es de cobardes. La palabra es lo único que tenemos. Pero, ¿quién determinó que es necesaria la fidelidad emocional y sexual para que prevalezca el amor entre seres humanos? ¿Por qué es al parecer un requisito para poder amar a otro y ser amado? ¿Es posible amar a más de una persona y al mismo tiempo?

El ser humano es un ser de deseo y tener una relación de pareja monógama, ni te tapa los ojos ni cancela la atracción que puedes sentir por otras personas. Somos seres de deseo y buscamos fehacientemente satisfacerlo.

Pero, ¿cómo funciona el poliamor? En el poliamor el elemento esencial es el amor, el sexo pasa a un segundo plano… y las reglas se acuerdan entre todas las partes que deciden relacionarse poliamorosamente para evitar conflictos y generar una convivencia sana, armoniosa y divertida. No son matrimonios abiertos, no todos son bisexuales y no es una dinámica sexual como el swinger (intercambio de pareja). El sexo no es lo primordial en el poliamor, lo es generar relaciones íntimas con diferentes personas.

El amor y la intimidad son el eje del poliamor. Me atrevo a llamarlo un movimiento social revolucionario. Y me parece necesario que se explore esta nueva forma de relacionarse entre los seres humanos pues no hay nada más bello en la existencia humana que el amor y tener cubierta esa necesidad. Pero el poliamor no es para todos. En el poliamor no existen celos ni se permite la posesión. Las personas poliamorosas deben ser personas libres, maduras y emocionalmente sanas que deciden con voluntad y libre albedrío amar a más de una persona, sin desatarse pleitos o discusiones basados en puro ego alimentado de celos, posesión e inseguridades.

El sexo en el poliamor es tan variado como la fruta en el mercado. Dependiendo de la sexualidad de cada poliamoroso, se pueden generar encuentros sexuales de todo tipo: three-somes, four-somes, orgías, pero repito, en el poliamor el sexo pasa a segundo plano. La base es el amor. Forjar amor entre varias personas.

Generar intimidad con más de una persona me parece peligrosamente seductor. Pero nos han enseñado que “debes” amar solamente a una persona y buscar el perfect match. La infidelidad es pecado y causal de divorcio. Pero el matrimonio convencional, y acrecentado por el individualismo que caracteriza a nuestra sociedad, es una forma de relacionarse que se ha desvirtuado con el paso del tiempo. El matrimonio era en inicio un contrato entre familias para fortalecer imperios, cuidar fortunas, perpetrar el apellido… el amor y fidelidad no formaban parte del acuerdo. Pero hoy en día, después de encontrar a tu media naranja, de manera inmediata pierdes la oportunidad de amar a alguien más porque te casaste o arrejuntaste por amor, aceptando la monogamia y con la intención de morir a lado de tu pareja de viejos.

Y digo pierdes la oportunidad porque el poliamor es, en mi opinión, la manera más cuerda y lógica de relacionarse entre seres humanos. Si el matrimonio como se ejecuta actualmente fuera la institución social que requerimos para convivir en paz y amarnos unos a otros, no aumentaría la tasa de divorcios año con año. Para poder amar a una persona se requiere de mucho más que la monogamia. Se requiere de voluntad sobre todo lo demás. El amor no sobrevive solo. Hay que alimentarlo día con día. El amor no sólo es una emoción, es la conjunción de todas la conductas necesarias para que el amor no muera y se convierta así en compañía, rutina y costumbre: una forma gris de amar y vivir.

Pero sólo imaginen por un breve instante la posibilidad de compartir momentos íntimos con diferentes personas. Descubrir a un ser humano es embriagante. Amarlo, una fortuna. Y el poliamor lo sabe, por eso cobra cada vez más fuerza este tipo de convivencia humana. Si tras el enamoramiento, que intoxica a cualquiera, tienes la intención de continuar la relación, ahí justo nace el amor entre personas y para que prevalezca no sólo depende de romance y monogamia.

Cada quien con base en su escala de valores determina lo que desea para sentirse feliz y pleno (recordando que el ser humano es un ser de deseo), por lo mismo, si tu felicidad y plenitud está en mantener una relación de pareja exclusiva, hazlo, nada te detiene, pues libremente lo escogiste, pero si nos atrevemos a pensar “fuera de la caja” creo que es posible vivir muy feliz en una relación poliamorosa y la plenitud debe ser infinita, pues gozar del amor de varias personas debe alimentar el alma sin cesar.

Podrá sonar descabellado en teoría y pueden surgir muchas dudas acerca del funcionamiento cotidiano del poliamor; estamos tan acostumbrados a buscar una sola persona, que tener pareja se ha vuelto una conducta compulsiva y rayando en obsesiva. Por lo mismo, el darnos la oportunidad de amar a varias personas, debe ser muy sano y la mejor manera de convivir. Lo que más requerimos como especie hoy en día es recuperar la capacidad que tenemos de amarnos libremente unos a los otros…

Una nueva forma de amar está surgiendo y simplemente la Historia nos dirá si era una simple rebeldía o un verdadero movimiento social revolucionario.

 

Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, Pilates enthusiast, and tobacco is my fucking addiction...

3 comentarios en “La verdad del poliamor”

  1. Hola! ¿Me recuerdas? Yo a ti muy bien.
    Te leo con frecuencia. Me gusta. Me identifico con lo que dices. Esto que escribes hoy me mueve.
    Estuve casada 12 años con un hombre maravilloso. Cuando nos dimos cuenta de que queríamos permanecer juntos para siempre, rápidamente decidimos que el camino era otro opuesto al de la fidelidad. Caminamos caminos sinuosos. Juntos y separados. Unos más emocionantes que otros pero siempre honestos. Aterrizamos en el destino final: el poliamor. Nos dimos cuenta que éramos capaces de amar y estar en intimidad con más personas y seguir amándonos profundamente. Hasta que llegó el día en que uno de los dos (yo), encontró un amor mucho más fuerte que los demás. Un amor desmedido que exigía -por la naturaleza de la química que se producía en nuestros cuerpos y nuestras mentes- que aquello fuera algo más intenso. Lo que sentíamos no dejaba lugar para amar a alguien más. Fuera quien fuera. Era el amor más intenso que yo había sentido jamás. Tuve que romper el pacto, tal vez fui cobarde, como dices. Pero no podía perderme la oportunidad de seguir sintiendo en la entraña esa vorágine de emociones. Hubiera sido antinatural.
    Dejé a mi marido (padre de mi hija) y me entregué, deliberadamente y con toda consciencia, a una relación monógama. Duró lo que tenía que durar. Viví lo que tenía que vivir y perdí lo que tenía que perder.
    No se decirte hoy, después de 3 años, si me arrepiento o no. ¿Me arrepiento de haber sentido un amor desmedido, desbocado que me hizo darme cuenta de mi capacidad de amar? Amar hasta el dolor. No lo se.
    Bien dices, la historia nos dirá en que resultan estas formas de amar. Yo, por lo pronto, jugué el juego. Y por lo que puedo ver, no fue una partida ganada.
    Te mando un beso grande.

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    1. Gracias por compartir tu historia y por leerme, no te imaginas cómo lo valoro. Eres valiente por atreverte y afortunada por estar colmada de amor. Por supuesto que te recuerdo, tu nombre es como tú: único. Te mando un fuerte abrazo y un gran beso.

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