Por la ventana…

Talento emergente de Terror

Era una pareja de jóvenes en busca de experimentar cosas nuevas, con hambre de vida y ejércitos de hormonas. Tras amarse ingenuamente por unos tres meses, consideraron adecuado hacer el amor y así saber cómo eran los asuntos de alcoba de los adultos. Ambos eran vírgenes. Fijaron el día, lugar y hora. Sería una noche de viernes en casa de ella, ya que sus padres saldrían a una fiesta con viejos amigos de la secundaría y se quedaría sola en su hogar; al ser hija única, tendría la casa para ella por unas cuantas horas, por lo menos hasta la madrugada.

Acordaron que el chico compraría condones y ella tendría todo preparado en su misma habitación para ejecutar su prueba de amor.

Llego el día. Los padres se iban a la fiesta, dejando todo ordenado en la casa y despidiéndose de su hija antes de partir a la diversión. Ellos le recordaron que cuando se fuera a dormir, cerrara las ventanas de su habitación ya que temprano por la mañana habían visto mosquitos de gran tamaño (como de unos 5 centímetros sin exagerar) rondando afuera de la casa. La chica asintió y los padres se fueron.

Media hora después, llegó a la casa su novio con los paquetes de condones de la más alta calidad, extra-sensibles y de colores fosforescentes para hacer la escena más relajada y divertida. La chica estaba nerviosa, pero con tal de complacer a su novio y ella misma experimentar el acto sexual, tomó a su novio de la mano y lo llevó a su habitación.

Una hora después.

Al perder la virginidad, ambos estaban recostados en la cama mirando al techo, pensando una y otra vez en lo que acababa de pasar… que no notaron la ventana de la habitación abierta… y mientras sostenían el coito los mosquitos se habían dado un banquete también. El chico tenia piquetes en la espalda y brazos, ella en las piernas, muslos y vientre. Pero la comezón no hacía efecto ante lo extasiados que estaban por haber tenido sexo por primera vez.

Al cabo de un rato, el chico se levantó de la cama y cerró la ventana para impedir que los mosquitos siguieran entrando. Comenzó de pronto a golpear en el aire, tratando de pegarle a dos que aún estaban dentro, hasta que consiguió hacerlo… pero notó que los insectos tenían un peso extraño, más pesado de lo común.

También se dio cuenta que tenían mucha sangre, habían comido bien, mientras ellos cogía. El muchacho restó importancia a los insectos cuando se percató de la cantidad de sangre que tenían los mosquitos en su anatomía.

Sin embargo, él no se quedaría toda la noche, si los papás llegaban y los vieran en la misma cama, se desataría una disputa casera, así que se marchó como a eso de la una de la madrugada, cuando ella ya se había quedado dormida.

Al otro día, la chica despertó y notó un dolor inmenso y agudo en su vientre, pero pensó que era normal… un mareo le hizo ir al baño a vomitar, pero lo que vio en el espejo la horrorizó por completo.

Tenía una panza demasiado inflada, grande, exagerada y un leve tono rojizo en la piel. Como si estuviera a punto de dar a luz, pero ¿cómo era posible? Hacía unas horas había vivido su primera vez y resultaba que ya tenía panza de embarazada, al otro día. ¡Al otro día!

Un grito lleno de terror e incredulidad salió de la boca de la chica. En un instante la madre abrió la puerta del baño y como un pasa-corriente, llegó a su ser el mismo horror de su hija, quien se desmayó en sus brazos. El padre, al escuchar los gritos, entró rápidamente en el baño, sin saber cómo reaccionar a lo que sus ojos veían, tomó a su hija y la cargó hasta su cama.

Llamaron a un doctor particular, que tenía los antecedentes clínicos de la familia de toda la vida. Mientras la chica dormía todavía, su cuerpo comenzó a hacer ruidos muy extraños. Ella jadeaba y susurraba “No, no más”. Luego se escuchó un grito, casi extraído de otra dimensión. El grito emergió de las cuerdas vocales de la chica, quien abrió los ojos y estaban completamente en blanco. Incluso parecía estar luchando contra el aire, pataleaba y lanzaba golpes hacía el techo sin encontrar quien los recibiera, como quien se empeña en atrapar un mosquito en el aire.

De pronto la chica dejó de moverse, dejó de luchar. El padre se acercó. Trató de despertarla y moverla suavemente, para ver si reaccionaba. Un escalofrío lo invadió y también a su esposa al darse cuenta que yacía sin vida. Veían a su hija en su propia cama, con una panza enorme. No sabían que había ocurrido mientras ellos se divertían la noche anterior. El doctor salió de la habitación para llamar al médico forense.

Pasaron unos minutos, ambos lloraban en el hombro del otro, abrazados… y un ruido dentro de su hija los asustó demasiado. Retrocedieron hasta la pared de la habitación, recargando la espalda en ella. El ruido era muy parecido al de una colmena de abejas cuando vuelan defendiendo su miel. Demasiado parecido.

El cuerpo de la chica comenzó a temblar y agitarse muy fuerte, cada segundo que pasaba se agitaba con más intensidad, como si ella estuviera convulsionando, pero era imposible. El padre iba a dar un paso hacia su hija cuando de entre las piernas de la chica, salió volando un pequeño insecto. Voló un poco por la habitación, hasta encontrar una salida… los padres miraban atónitos.

A este pequeño insecto le siguió otro, luego otro y después otro. Así fue hasta que una pequeña nube negra, similar a los garabatos que los chicos suelen hacer cuando comienzan a practicar una firma propia y borran una tras otra con la misma pluma, ese garabato que queda en los cuaderno, era muy parecido al conjunto de mosquitos que volaba sobre la chica.

Como burlándose de los padres, los mosquitos se regodeaban volando por toda la habitación, hasta que encontraron una salida al mundo. La ventana estaba abierta de par en par…

Bicho

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Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, Pilates enthusiast, and tobacco is my fucking addiction...

Un comentario en “Por la ventana…”

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