Nuestro encuentro con una sociópata Parte 2

#yoconfieso

Muy ilusionada, y con la esperanza de poder tener una relación de pareja después de tantos descalabros emocionales, mi amiga salió de ese café de la mano de Cristóbal. Por más de cinco horas le endulzaron los oídos, ella bajó la guardia y pensando en el gran amor que le tuvo su padre a Cristóbal, confiaba en ese nuevo hombre que había llegado sorpresivamente a su vida.

Por razones que no vienen al caso ahorita, mi amiga es una mujer alejada de su familia desde hace muchos años y al contarle sobre su situación de soledad, Cristóbal afirmó:

– No te mereces estar sola. ¿Me permites ser el primer integrante de tu nueva familia? Estás en desventaja pues tú realmente me estás conociendo hoy, pero yo a ti ya te conozco porque tienes la esencia de tu papá.

La historia de amor duró exactamente cuatro días. De jueves a domingo. Eso duró su promesa de una relación de pareja. Cuatro días. Mismos que fueron totalmente románticos y cargados de detalles cursis. Cristóbal, el sábado por la noche en medio de una cena cargada de vino y de risas, como adolescente de secundaria, soltó la frase:

-¿Quieres ser mi novia? Yo te voy a proteger, siempre estaré al pendiente de ti. – dijo con lágrimas en los ojos. -Sé que contigo estoy seguro y no me vas a hacer daño.

Mi amiga se mostraba confiada con ese hombre que apareció en su vida (sobre todo por la cercanía de su padre con Cristóbal) quien comenzó a plantearle todo un futuro juntos, incluido matrimonio y hasta los hijos. Como a cualquiera de nosotras le hubiera pasado, ella andaba paseando en las nubes, creyendo que iniciaba una relación honesta y con posibilidades de convertirse en una relación con una persona que tiene la intención de caminar a tu lado y planear un futuro juntos sólido y real.

Cuatro días y se lo tragó la tierra. Desapareció. Sin rastro y sin aviso. Tal cual me lo hizo a mí, a mi amiga, con tan sólo un mes de diferencia, le aplicó la misma estrategia de desaparecer. Yo dejé ir a Cristóbal, valiéndome madre su ausencia porque mi amistad fue virtual y nunca hubo un contacto real. Pero a mi amiga, la sacó de quicio esta situación. Cristóbal se mostró como un tipo encantador, honesto, protector, tierno, interesado, hizo promesas y reiteraba el gran amor que le tuvo al padre de ella por tantos y tantos años. Y sin explicación alguna, así como irrumpió en la vida de amiga, así salió de ella.

La desaparición ocurrió un día que él salió a Puebla a trabajar. En la mañana le mandó el mensaje:

Ya estoy en carretera. Ten un gran día, hermosa. Recuerda que ya no estás sola, novia mía. Te quiero.

Eso fue lo último que supo de él. Jamás volvió a llamarle, jamás respondió un mensaje y después de varios días en los cuales no sabía si Cristóbal se había matado en la carretera de Puebla o si le había aplicado el ghosting, mi amiga comprendió que había sido presa de un sociópata.

No supe qué decirle, pues el patrón era evidente. Cristóbal hizo lo mismo conmigo. A mi me ofreció una amistad, pero a mi amiga le ofreció una vida entera y sin motivo, razón o justificación, decidió desaparecer. En tan sólo un par de meses, jugó con los sentimientos de dos mujeres, quienes además creyeron en él, ya que en los dos casos, quien realizó el primer acercamiento a través de Facebook fue Cristóbal, y después de colmarnos de promesas basadas en una intención genuina de ser un nuevo amigo o un nuevo novio, nos mandó al carajo de una manera cobarde y ruin.

El terminar una relación de la noche a la mañana, cortando toda la comunicación no es cosa nueva, pero con la tecnología el acto de desaparecer es más común de lo que creemos. Y más si las relaciones surgen por internet, redes sociales o aplicaciones para celular. Y el ghosting es la manera más cruel de terminar con una pareja y es un comportamiento de sociópatas.

Quien es presa de un sociópata y del ghosting, recibe un golpe bajo a la autoestima y el proceso de duelo ocasionado por la pérdida de la relación se encrudece, ya que se desconocen los motivos o las razones de la ruptura.

El ghosting es claramente una conducta sociópata, pero es posible que si te cruzas con uno, no lo reconozcas como sociópata. Normalmente se muestran encantadores e interesados, son excelentes mentirosos y no se reservan el pasar por encima de los demás. Les tiene sin cuidado. Son manipuladores y tratan de controlar tu vida. Y sin remordimiento alguno te pueden lastimar y, además, la culpa no será de ellos nunca, pues no cometen errores y se sienten grandiosos. No les causa pesar si sus acciones tienen un efecto negativo en los demás. No les importa un comino y se muestran indiferentes ante el dolor que infligió en su víctima.

Viviendo en la era digital, es muy triste observar que el ser humano se aliena cada vez más y sin darse cuenta de lo mismo. Que existan conductas sociópatas como lo es el ghosting, es una franca amenaza a las formas en las cuales los seres humanos se relacionan y buscan el amor.

 

 

Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, Pilates enthusiast, and tobacco is my fucking addiction...

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