Cuando tu sueño de casarte se convierte en pesadilla. Parte 2

#yoconfieso

El primer año que pasé regresando a la CDMX fue una euforia indescriptible. Evasión por completo. Me involucré con un hombre menor que yo y todo era fiesta, alcohol y sexo. Yo pensaba que había dejado atrás la experiencia traumática de vivir a lado de un hombre violento, agresivo, tóxico, enfermo de Celos y Narcisismo y creía que la paz había regresado a mi vida.

Al año de mi regreso a la CDMX, caí presa de una depresión que me metió más de un año a la cama. No tenía la fuerza ni siquiera para salir de la misma y me sentía sola, alejada de mi familia. Estaba perdida. No le veía sentido alguno a la vida y no lograba descifrar a qué coño había venido al mundo. Sin rumbo fijo, presa de una terrible depresión, me dejé engordar. Subí más de 40 kilos. Yo pensaba que gorda y fea ningún hombre se acercaría a mí y podría estar tranquila, sin sentir miedo y creía que así estaría protegida.

Pasé cuatro años en terapia y tomaba un coctel de medicinas: pastilla para dormir, pastilla para calmar la ansiedad, antidepresivos. No lograba entender el porqué había permitido ese abuso por un par de años. Me culpaba, sentía que lo merecía y que yo había provocado que mi marido me maltratara emocional, psicológica y físicamente.

Poco a poco, y con el apoyo de un psiquiatra, pude reconstruir mi autoestima. Sin embargo, el peso de haber sido maltratada lo siento a mis espaldas día con día. He aprendido a reírme mientras me clavo un cuchillo en la mano. Pero no es posible cancelar esos recuerdos. Y aunque hace 17 años decidí salvar mi vida, esa decisión ha sido la que más miedo me ha dado. La decisión para atreverme a romper con un matrimonio de violencia fue dura y muy compleja. Quedé completamente rota, paralizada, perdida y sin una pizca de autoestima. Cuando vives un matrimonio de abuso, estúpidamente crees merecerlo. Hoy sé que NADIE merece vivir así, ni hombres ni mujeres, porque aunque no lo parezca existen hombres que son sometidos y, al igual que yo, han vivido situaciones muy similares.

Han sido 17 años difíciles, el camino ha sido empedrado la mayoría de las veces. Cuando te educan para que tu meta en la vida sea casarte y formar una familia y en lugar de hallar eso, encuentras violencia y maltrato de aquel que prometió amarte, defenderte y cuidarte, el cuadro “perfecto” de la vida “soñada” deja de tener sentido.

He pasado por todos los estados de ánimo, depresiones profundas y desoladoras, en las cuales lo único que he querido es “apagar el botón”. Pero también he sido presa de euforias locas para evadir lo que duele…

Me he perdido miles de veces, he tenido amor, desamor, cariño, deslealtades, traiciones, pérdidas importantes de gente que amaba, aunque también he tenido alegrías, apoyo y amor de gente que ha entrado y salido de mi vida, unos se han quedado y otros no, pero al final, el aprendizaje de todo este tiempo ha sido luchar… luchar por ser fuerte, tratar de perdonarme por mis errores, levantarme día con día y seguir caminado en la vida; a veces me ha costado más trabajo que otras, pero siempre luchando, con ganas o sin ellas… no hay de otra…

Lo que quiero transmitir contando esto, es decirles que nunca le regalen a nadie el poder de hacerte daño, porque SÍ, ese es un regalo que nosotros mismos le entregamos a la gente sin saberlo. Nosotros tenemos el control de permitir o no que nos lastimen y, lamentablemente, damos este regalo muchas veces sin querer o sin saber cómo evitarlo.

El maltrato no son sólo golpes. El maltrato verbal, emocional y psicológico provoca estragos en la autoestima. Tu vida se va a la ruina y el daño moral carcome, poco a poco, tu salud emocional. El maltrato te cancela como ser humano, te cuestionas y comienzas a creer que mereces ese abuso, sientes culpa y vergüenza y te atrapa una soledad castrante. Todo en tu vida deja de tener lógica y sentido. Las heridas emocionales tardan más tiempo en sanar que las que te pueden producir a nivel físico. Te vuelves desconfiado, temeroso de la vida y de quien te rodea, sientes pena por ti mismo y no logras aceptarte.

Una vez que comienza el maltrato, no hay vuelta atrás. No se termina y comienzan a acrecentarse las situaciones de abuso. La evolución es paulatina y así, día con día, te conviertes en víctima y poco tiempo después las situaciones aisladas de abuso se convierten an algo cotidiano y usual. Quienes abusan son simplemente personas cobardes que necesitan lastimar a quien creen que se lo merece y se sienten bien maltratando al otro. Nada se salva de la violencia y aunque en ocasiones parece que no hay una salida de esa vida, sí la hay.

Primero debes reconocer que has sido víctima de maltrato y después debes buscar apoyo profesional que te ayude a sanar las heridas en carne viva, las de cuerpo y las del alma.

Hoy, sin saber porqué, y después de 17 años, sentí una gran necesidad de escribir mi historia y compartirla. Espero en verdad que este testimonio pueda salvarle el culo a mujeres y hombres que son o han sido maltratados y encuentren el valor necesario para salir de esas situaciones que solamente tienen como final destrozarte en vida y perder por completo el sentido como persona.

Pero una vez que le quitas el poder a quien te maltrata, te salvas y comprendes que ser maltratado no debe ser tu historia cotidiana. Le encuentres belleza a la vida, te conviertes en un ser humano fuerte, que sabe que todos los días son una lucha para seguir amando y disfrutando de amores que sólo regalan paz y sólo por esos amores debemos luchar…

Ojos que no mienten

Si te gustaría ponerte en contacto conmigo, puedes escribirme a mi correo:

ojosquenomienten@gmail.com

 

 

 

Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, Pilates enthusiast, and tobacco is my fucking addiction...

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