El gusto frente al deseo

Filosofía de nuestra irreverente #reinamaeve

Estamos acostumbradas a no cuestionar nuestros gustos y deseos, los asumimos como algo propio, elemental y esencial de nuestra persona. Y, verdaderamente, sería difícil dar una explicación de porqué me gusta más el helado de vainilla que el de chocolate. Y tal vez no merezca siquiera un esfuerzo cognitivo averiguarlo; mejor aceptarlo como algo individual y singular de nuestro «yo». El sabio dicho reza: En gustos se rompen géneros. Y sí y no, ahorita les explico.

Es cómodo pensar que yo elijo mis gustos y deseos, confirmando de esa manera mi capacidad de «libre albedrío». Esa infinita –y aparente– diversidad de opciones, construye el escenario idóneo para el ejercicio de «mi elección». Pero con los años y observando a otras personas, me doy cuenta que algunos gustos y deseos se distribuyen no de forma aleatoria ni con igual probabilidad, no, se reproducen como copia a calca, como ciertos scripts que hay que seguir. Por eso ahora le encuentro tanto sentido que al hecho de que al «otro(a)» se le llame, nuestro semejante.

Como ejemplo, pensemos ahora en las modas de la ropa: si bien es cierto que hay una gran variedad de prendas de las cuales elegir para vestir, también es cierto que la mayoría sigue la tendencia mainstream. Sería «anormal» que alguien saliera con un ajuar victoriano para ir a la oficina –tal vez para una fiesta de disfraces–, pero nadie tomaría en serio un outfit así para el uso cotidiano (aunque en el pasado tuviera ese su uso). Según elegimos «libremente» nuestro look, pero no olvidemos que esas elecciones se encuentran supeditadas a ciertos márgenes socioculturales. Wait! ¿Márgenes? ¿O sea que nuestra libertad está limitada? ¡Qué contrariedad!

Esto quiere decir que mis gustos y deseos, o por lo menos algunos, no son tan libres ni tan individuales, ni tan únicos ni tan esenciales; compartimos el zeitgeist de la estética y de lo deseable también a nivel social. Tan socialmente deseable como encontrar a nuestra «media naranja», casarnos, formar una familia, tener hijit@s, comprar una casa, tener un buen trabajo, en fin, «vivir felices para siempre».

Honestamente, los deseos en sí no me molestan, lo que me parece sospechoso es que soñemos y deseemos tan parecido y de forma tan democrática. «Nuestros y/o propios», esos gustos y deseos nos acompañan, nos inspiran y nos motivan. Paralelamente, a veces también duelen; sufrimos por no realizarlos o cuando los realizamos por no ser lo que tanto esperábamos. La existencia humana con su inherente e inefable insatisfacción.

Caer en cuenta que mucho de nuestros deseos, intereses y gustos tienen un componente social, nos permite juzgar y jugar con algo que se asume que pertenece al ámbito incuestionable de lo personal e íntimo. En ese momento, lo privado se relaciona con lo público, y por tanto se vuelve político. No están tan mal las feministas cuando dicen que «lo personal es político». Además, cuestionarnos, abre la posibilidad de cambiar nuestros deseos o aprender a desear de forma distinta. En otras palabras, tal vez, desobedecer lo social.

Separar lo propio/esencial de lo ajeno/social no es una tarea fácil. Y quizás sea inclusive hasta imposible. Por eso, tampoco estoy proponiendo que de ahora en adelante tengamos que hacer todo lo opuesto a lo que la mayoría socialmente hace, no. La libertad absoluta es una fantasía radical y desgastante. Sin embargo, ser consciente que el ser social no elige a solas, puede promover la búsqueda de espacios de juego, exploración y experimentación con diferentes gustos y deseos. Relativizar nos permite romper con el «guión», concebir una improvisación que no tenemos que ver como fracaso. La readaptación voluntaria del guión es un «acto creativo», un punto de fuga, una esperanza más real de «libertad», aunque sea momentánea y circunscrita.

Sigue a Maeve en Twitter: @reinamaeve

Si te interesa contactar con Maeve, puedes enviar un correo a: maevereina@gmail.com

 

desire

Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, Pilates enthusiast, and tobacco is my fucking addiction...

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