Miss Suspiros Parte 1

… nuestro primer caballero de armadura plateada hablando desde el corazón…

“I’m a shooting star leaping through the sky

Like a tiger defying the laws of gravity

I’m a racing car passing by like Lady Godiva”

-Don’t stop me now by Queen-

El día que conocí a Miss Suspiros

En el 2016 no pasaba mucho, yo venía de viaje, era un publicista que odiaba a sus clientes, pero amaba su dinero, manejaba un europeo y gastaba mis vales de despensa en Hendricks y agua tónica… recuerdo ese día como si fuera siempre.

Yo no tenía ganas de reír,
 tú reías para no llorar;
 yo le guiñaba un ojo a mi nariz, tú consolabas a tu soledad.

Yo sin ninguna escoba qué vender, tú con mil y una noches que olvidar; a mí no me quería una mujer, 
a ti se te moría una ciudad.

Tú habías perdido el último autobús, a mí me habían echado de otro bar; los mismos alfileres de vudú,
 el mismo cuento que termina mal.

“Pegdona, ¿esta es la fila paga el vuelo a la Ciudad de Mégicou?” Con esa pregunta interrumpió a Sabina en mi IPod Miss Pagís. “Oui, madame”, contesté con mi nulo francés. A lo lejos de mis retro súper future, brillaba una rubia con unos pantalones de gasa negra, un top y un sombrero medio hipster, también traía gafas negras de pasta. Parecía que buscaba a alguien que no llegó. El vuelo estaba por despegar, abordamos por la misma puerta, ella se puso justo atrás de mí en la fila, sus suspiros llamaban mi atención, quise escuchar su conversación, pero entre su inglés y su español me perdía lentamente. “Debería de haber una ley que te dejara fumar en los aeropuertos” me dijo; yo me reí, no sabía qué decirle, mi cabeza estaba pensando en la siguiente campaña que le tenía que vender a los coreanos. De repente la escuché cantar:

“I never look behind, all the time 
I will wait forever, always looking straight, thinking, counting, all the hours you wait”.

–  Me encanta Grimes – le dije.

Ella sonrió y siguió cantando. La fila empezó a avanzar, yo me volví a poner los audífonos, me estaba esperando todo. Al llegar a mi lugar subí mi maleta, abrí la ventanita y acomodé mi asiento; siempre he pensado que volar es un lujo, me gusta creer que es la manera más cercana de estar con las estrellas, por eso me gusta volar de noche porque me imagino que más o menos así se ha de ver la Tierra desde el asteroide B612. “Hola de nuevo”, me dijo la rubia de la fila. “¡Qué coincidencia!”, pensé. En este avión de Air France con más de 500 asientos me tocó sentarme junto a la rubia que suspiraba cada siete minutos. “Me llamo Joaquín” – Mucho gusto, Joaquín- me dijo mientras se hacía un Snapchat con el filtro del perro. Estaba harto de ese filtro, pero ella le daba onda, no sé si eran sus ojos, su boca, su cabello rubio que escondía un color negro o tal vez era el conjunto de todo lo que la hacía ver interesante desde los pies hasta la cabeza.

El vuelo empezó, yo me quedé dormido y ella sólo veía fotos viejas en su celular. De repente, un constante “¡Nos vamos a morir!, ¡Nos vamos a morir!” me despertó. El avión pasaba por una turbulencia cabrona. Puse mi mano en su pierna y con un pequeño apretón le dije que no pasaba nada, que si moríamos iba a ser rápido; me pidió perdón por despertarme y la turbulencia pasó. Hablamos por unas tres horas de todo y de nada. Me dio su Facebook, resulta que lo que yo creía que era su teléfono no era un teléfono, sino un IPod. Mencionó que había perdido su celular en un bar de Berlín.

Al llegar a la Ciudad de México, mi vida regresó a la normalidad: las campañas, los coreanos, su pésimo trato, sus excelentes cheques y mi vida se iba entre anuncios, gins y juntas. Recuerdo que hablamos por Facebook Messenger varias semanas y después de insistirle mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho mucho, pude invitarle algo…

to be continued…

suspiro

Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, Pilates enthusiast, and tobacco is my fucking addiction...

2 comentarios en “Miss Suspiros Parte 1”

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