Debajo de tu cama

Talento Emergente de Terror

¿Alguna vez has sentido curiosidad por abrir una puerta? ¿Descubrir qué hay detrás de ella? ¿Qué sorpresa desconocida puedes tener al cruzarla? ¿Has sentido escalofríos al pensar en ello? ¿Alguna ocasión has pensado que el abrirla puede generar la posibilidad de entrar a un nuevo mundo? Que no siempre es un mundo lleno de arcoíris… o situaciones infantiles y cosas agradables, a veces estos mundos pueden ser sombríos, burdos, llenos de maldad, pena… y desconsolación. ¿Te ha pasado? Pues déjame, entonces, contarte una historia.

Pasó hace exactamente 55 años. Era una noche de invierno. En los techos de las casas reposaban kilos y kilos de nieve; las calles parecían haber desaparecido a causa de la gran manta blanca, que con su paso todo en el vecindario quedó de un blanco tan… luminoso, que incluso en la noche podía distinguirse.

Todo sucedió en la casa de la familia Neville… donde sólo vivían la madre y su hijo, el pequeño Max.

A el pequeño le daba curiosidad ver televisión y leer además acerca de cómo encontrarse con su verdadero yo. Le agradaba la idea de pensar que cada quien lleva dentro de sí una persona capaz de todo y cuando sale, puede llegar a ser imposible de vencer, ante cualquier situación, confianza… pensaba él: seguridad de sí mismo y la determinación de hacer bien las cosas. A pesar de sus apenas y escasos diez años, con cabello corto y cuerpo pequeño, tenía la forma de pensar de alguien con madurez y coraje formados…

Un día por la tarde, leyó en un libro viejo que habitaba en el librero. Ese libro le decía al lector que se podía encontrar a sí mismo a través de un espejo. Le sonó estúpido al principio, pues le pareció lógico que eso pase al mirarse en un espejo. Continuó leyendo y en una notal al final, regalaban las instrucciones para encontrarse consigo mismo.

Estas instrucciones eran muy claras. Debía pararse frente a el espejo con luz encendida o apagada… no importaba… poner ambas manos frente a él, cubriendo su propia imagen en el espejo y ocultarse de su propia vista, con las palmas abiertas y ambos meñiques juntos formando una barrera y decir en voz alta las siguientes palabras:

“Yo, (seguido de su nombre), soy tú, así como tú eres yo.”

Después, despegar ambas manos lentamente para descubrir el yo interior. La única condición era hacerlo solo y en silencio, sin ningún ruido. Y así lo hizo un poco más tarde… al caer la noche, antes de dormir, al terminar de lavarse los dientes… puso las manos abiertas con ambos meñiques juntos, frente de él, y mirándose en el espejo, dijo:

  –  Yo, Max, soy tú, así como tú, eres yo.

Despego ambas manos y, por supuesto, no pasó nada; decepcionado el chico se fue a la cama…

Ya acostado y tratando de dormir algo, no lo dejaba en paz esa desilusión. Pasaron dos horas, lo alcanzó despierto la medianoche. Su madre estaba trabajando aún y el pequeño escuchaba hasta su cuarto cómo tecleaba y tecleaba en la máquina de escribir.

De pronto, unas ganas de orinar lo invadieron, se levantó de la cama y fue al baño, dejando la puerta abierta. Casi al mismo tiempo que él, su madre entró a su recámara. Había escuchado un ruido extraño que provenía del cuarto de su hijo y rápidamente subió. Al llegar, en la oscuridad de su cuarto y con la luz de la luna, claramente vio que su hijo había salido debajo de la cama para meterse dentro de las cobijas y enrollarse sin dejarse ver. La madre sin caminar, y desde la puerta le reclamó qué hacia despierto tan tarde… se acercó lentamente… tomó asiento en la cama y entonces empezaron a abrirse todas las ventanas del cuarto del pequeño Max, rápidamente y rompiéndose en mil pedazos. Se prendieron y apagaron las luces, la puerta se cerró de golpe. La madre sintió un escalofrío en todo el cuerpo, se asustó y le causaba confusión lo que sucedía en la recámara de su crío de diez años. Gritaba histéricamente: “¡Max! ¡Max! Max, ¡¿estás bien?!”

Cuando el pequeño Max entró al baño prendió la luz. Se dirigió al retrete, comenzó a orinar tranquilamente sintiendo esos satisfactorios escalofríos que todo hombre siente al terminar de orinar. Pasó al lavamanos, se agachó, abrió las llaves tomando agua en sus manos para arrojársela en la cara. Al retirar las manos de su rostro, nunca imaginó lo que vería en el espejo. Levantó la cabeza y la mirada y, frente a el espejo, no había nadie, no aparecía su reflejo. De pronto, escuchó un grito y un golpe fuerte y ensordecedor. Echó carrera a su habitación y al llegar, la puerta estaba cerrada y Max podía escuchar los golpes, la destrucción, la furia… escuchó risas macabras, el llanto de su madre y alguien más comenzó a tararear una canción de cuna y al llegar a la estrofa final, los golpes, la destrucción, las risas y el llanto desaparecieron, dejando un silencio abrumador.

Temeroso, sintiendo miedo hasta en los huesos, Max abrió la puerta, no podía comprender lo que sus ojos veían: su cuarto estaba perfecto, como si todo lo que había escuchado segundos antes no hubiera sucedido, pero notó algo muy diferente, alguien estaba metido en su cama, cubriéndose totalmente con sus cobijas.

Aún con más horror y temblor al caminar, acercándose silenciosamente y decidido, se paró a lado de su cama y junto al bulto que reposaba. Tomó las cobijas y las jaló de golpe… en su cama yacía su madre con cortadas en cara, sangre por todo su cuerpo y laceraciones en los brazos, mordidas en el cuello y con un ojo totalmente morado y cerrado. Asustada, lloraba suplicándole al pequeño Max que ya no le hiciera nada… nada más…

Al oír esto, Max le cuestionaba a su madre gritando quien había causado todo… cuando de pronto una risa se escuchó debajo de su cama y rápidamente salió un brazo largo con una mano y vestía la misma pijama de cuadros que Max se puso esa noche. Lo tomó del pie y lo llevó consigo… mientras la madre entre sollozos y llanto, clamaba el nombre de su hijo.

Desde esa noche de invierno nadie sabe lo qué sucedió con Max, se desconoce su paradero a pesar de no haber salido jamás de su casa como tal. Cuando llegaron los detectives y los policías, la recámara de Max solamente tenía olor a azufre y la sangre de su madre se veía por las paredes,  en el techo y en la cama. Las sábanas manchadas de rojo carmesí, pero nada se encontraba fuera de su lugar, las ventanas no tenía cristales rotos y no se prendía y apagaban las luces. La desaparición de Max es hasta la fecha un enigma y su madre vivió hasta vieja en una clínica psiquiátrica, ya que perdió la razón aquella noche y fue acusada de la desaparición de Max, debido a que ninguna autoridad le creyó que un niño con escasos diez años fue quien la atacó, rasguñó, laceró y mordió dejando heridas en carne viva y un rostro desfigurado. El ataque fue comparado con un acto de caníbales.

Quién sabe lo que sucedió en la casa de los Neville… tal vez encontrarse consigo mismo es más fácil de lo que se cree, tal vez sólo debas echar un vistazo debajo de tu cama, o quizás verte en un espejo…

Bicho

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Bajo_tu_cama

Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, Pilates enthusiast, and tobacco is my fucking addiction...

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