La realidad virtual, el otro y el amor Parte 2

#yoconfieso

Entre broma y broma, conversando cada noche por WhatsApp, pactamos estar juntos un par de semanas en Barcelona para pasear en la ciudad de día y coger mucho por la noche… “quitarnos, por fin, el gusanito”. Pasaban los días y mi vida seguía. Trabajo. Escribo. Leo. Fumo mota. Como. Escribo más. Pero el corazón aventurero que atesoro, provocó que una noche abriera Google para buscar vuelos a Barcelona en siguientes meses. Encontré una ganga y se me ocurrió comprar el boleto, aprovechar la oferta y largarme a conocer una de las mejores ciudades del mundo. Antes de comprarlo, consideré buena idea decirle a Emiliano para que convirtiera en realidad su palabra y tomara un vuelo transatlántico.

Después de mandarle una serie de selfies bastante provocativas y que me tomó un par de horas producirla (solicitada puntualmente por Emiliano) le mencioné mi descubrimiento en Google y le pregunté si le parecía buena idea que llegara a visitarlo a Barcelona en el siguiente mes. Emocionado y muy enfático respondió un Sí cargado de ilusión. Más chateo, risas y la imaginación en los dos acrecentaba. Al día siguiente, compré el boleto de avión para conocer, al fin, Barcelona, reencontrarme de manera presencial con Emiliano y recorrer la Sagrada Familia pensando lujuriosamente que en la noche, cogería con Emiliano.

Una vez que adquirí mi ganga y me endeudé más con la tarjeta de crédito, le avisé con un mensaje de texto a Emiliano. El dinero siempre se recupera, pero el tiempo y las aventuras jamás. “Hola. Llego a Barcelona el primer sábado de junio. Counting the days. Besos.” Nunca me contestó. Al día siguiente, le comenté brevemente por WhatsApp que ya había comprado el boleto y me dejó en visto. Le mandé un correo, preocupada y temerosa, tratando de averiguar y entender el porqué se había puesto su capa de invisibilidad y se lo había tragado la tierra. Sin respuesta me quedé.

No soy fatalista y sé que Emiliano sigue respirando y con su vida en la Madre Patria, pero una semana después de su ausencia en la realidad virtual, comprendí que pasearía sola en Barcelona y ahora, además, debo pagar el hospedaje, pues el departamento al cual supuestamente llegaría, me lo cancelaron con puro silencio.

Me sigue provocando gran emoción viajar en unas semanas a Barcelona, la mejor forma de vivir es la del viajero. Pero lo haré sola… cosa que me tiene sin cuidado, pero la ilusión de pasar noches con mi primer amor de la vida, le daba un twist interesante al viaje y tan cazadora de historias como lo soy, tenía tantas ganas de salir corriendo en el aeropuerto para besar, por fin, a Emiliano.

Mi mente voló y creí como realidad una simple fantasía de semanas, totalmente virtual, y a la distancia. Caí en cuenta que de esa manera NO se construyen las relaciones personales y, mucho menos, de pareja o amantes, da la mismo… se requiere mucho más que una conversación virtual y selfies para generar vínculos entre seres humanos sólidos y auténticos. Me dejé llevar por la realidad virtual y perdí el piso. Mantuve sola un romance por varias semanas y enternecía la supuesta belleza de historia, si resultaba… pero no resultó y realmente me sentía herida. Pero, ¿de qué estaba herida? Ni siquiera tuve cerca a Emiliano. Ni siquiera hablamos por teléfono. Todo fue a través de redes sociales, mensajes de texto, WhatsApp y correo electrónico. Y con una facilidad cargada de indiferencia, Emiliano desapareció de mi vida… pero, ¿estuvo en ella realmente? No. Nunca. Por lo mismo, fue muy sencillo para él simplemente ignorarme y dejarme en visto. No contestar un mensaje también es un mensaje.

Pero no tengo el corazón roto, ¡qué va! Lo que me parte el corazón es la crueldad del amor en los tiempos digitales. La sociedad individualista y ávida de ganar Likes, nos ha vuelto seres humanos fríos, impersonales, alienados y fugaces… hasta puedes bloquear a la gente de tu vida si lo deseas… aunque me parece sano y correcto que, al menos, tú escojas y decidas a quién sigues en redes sociales, pero entre más popular seas, eres mejor que los otros y si no estás en redes sociales, no existes.

Por supuesto viajaré pronto en un vuelo transatlántico, el boleto no es reembolsable y, con un poco de suerte, en un bar de tapas, me ligaré a un extranjero como ave de paso, pero me parece que sería más valioso recuperar lo que verdaderamente se requiere para crear relaciones humanas: tiempo, presencia, diálogo, intimidad, empatía y voluntad… pero con la posibilidad tan fácil para desaparecer en las redes sociales y del mundo virtual, la capacidad que tenemos de desechar sin remordimiento alguno a alguien de tu vida sin siquiera conocerla en la realidad, genera que una posible relación humana se pierda simplemente en un mensaje leído sin contestar y habita, luego entonces, el puro olvido… además, no sean ojetes, no endulcen lo que ni pretenden comer…

Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, Pilates enthusiast, and tobacco is my fucking addiction...

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