Carta desde un Hospital Psiquiátrico

#yoconfieso

Estaba encerrada en su cuarto, sola, con una bata color azul tenue, sin ropa interior, descalza y sentada en la orilla de la cama, con las rodillas contra el pecho, sus manos golpeando sin cesar su cabeza y las lágrimas resbalaban por su cara…

El dolor y la angustia habían regresado; las estaba oyendo intempestivamente, una vez más… las voces… esas voces tan confusas, tan hirientes, tan insistentes… la estaban jodiendo y desquiciando. Le dolía la cabeza, se ahogaba en su propio llanto, le faltaba el aire, le temblaba el cuerpo… sentía ganas de vomitar, escupir, abrirse el cráneo y arrancar las voces, callarlas para siempre…

No quería oírlas, quería huir de ellas, lo más lejos que se pudiera. Se golpeaba fuertemente la cabeza con la esperanza de silenciarlas. Presa de la ansiedad y un pánico inenarrable, dudaba por completo de su cordura, temiendo la más voraz locura… quería gritar desaforadamente, pero no lograba emitir sonido alguno… no salía palabra alguna de esa boca seca, muy seca… y sus comisuras temblaban.

La realidad había dejado de serlo, sólo habitaban ella y las voces en su cabeza… su existir era difuso, insostenible, no había cabida en el mundo para ella… ningún sitio era seguro…

Las voces, todas, hablaban al mismo tiempo y ella anhelaba silencio, sólo silencio, nada más eso… ¿Qué decían esas voces? No lograba descifrarlas, las oía, pero no podía escucharlas. Sabía que eran mil y un historias, mil y un personajes, mil y un universos… eran millones de voces y todas con posturas distintas… atacándose entre sí.. siendo su verdugo, que además de atacarla, pretendía aniquilarla…

La voz de una niña cantando en el parque meciéndose en el columpio; la voz de una adolescente pronunciando por primera vez un Te amo; la voz de una joven llorando despidiendo a una gran amiga; la voz de una mujer ultrajada de cuerpo y herida del alma maldiciendo a su violador; la voz de una escritora platicando con la noche y la Luna buscando inspiración; la voz de una sabia anciana haciendo el recuento de sus años… qué historias, qué voces… y aquella voz traicionera, incitándola a terminar con todo de una buena vez… para saltar al precipicio y sin paracaídas.

Logró distinguir a lo lejos algunos gritos, parecían de enojo; también advirtió llanto, un llanto profundo, doloroso y amargo; y a lo lejos oía risas. Pero todo era un insondable sonido, sinsentido, sin principio, sin final…tantas voces…tantas…

No escuchaba el mar, o la lluvia, o el silbido de un jilguero o el canto de las sirenas; no oía la noche o el silencio de un llano, ni el ruido del motor de un coche o de una monstruosa fábrica; no oyó un tren, mucho menos música. Sentía su cabeza a punto de ebullición, un calor infernal le quemaba el cerebro, seguía llorando y ahora sudaba, y golpe tras golpe, las voces no desaparecían… tantas voces… tantas…

– Buenos días. ¿Cómo amaneciste hoy?

Abrí los ojos, lentamente, y vi a una enfermera a lado de mi cama.

– ¿Dónde estoy?

– En tu cuarto. Tómate las medicinas, levántate para bañarte y desayunar. Ya te espera tu doctor.

Me dio un vaso de agua y varias pastillas. Tomé las medicinas y la vi salir del cuarto. Ya no había voces, por fin, no oía nada… comencé a llorar…

 

Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, Pilates enthusiast, and tobacco is my fucking addiction...

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