Casada o cazadora en Tinder – Parte 1

Nuestra #reinamaeve de rebelde…

Tenía meses tratando de hallar sentido a lo que me había pasado y lo que había perdido. Pensé que había alcanzado el sueño de toda mujer: un buen marido y una familia feliz. Sabía que el patriarcado existía, conocía de sus horrores; pero no en mi casa, ahí me sentía incólume.

Hasta que un día esa certeza se desmoronó y pasé de “mujer con todo” a “mujer sin nada”; sustituida, cambiada y reemplazada por una mujer joven, más bella y exótica. Sí; ni mi inteligencia, ni educación, ni mis años de dedicación y cuidados valieron para ni ¡mierda! De todos modos, fui apropiada como un objeto e intercambiada como tal.

La amargura, el enojo y la rabia se dejaron venir; inundaron mi vida, mi cuerpo, mis emociones y mis pensamientos. Hasta que un día me cansé. Mi infelicidad no iba a ser el triunfo del heteropatriarcado. A la vez, pensar que lo sucedido era un caso aislado y no vinculado al sistema, era también una simple estupidez. No, no me equivoqué y mis penurias no eran porque había elegido al hombre equivocado, y tampoco iba solucionarlas esperando encontrar al “hombre correcto”. Ramplonería in-sus-tan-cial.

Una mañana abrí los ojos a un nuevo día y supe que la vida no podía continuar así. Había llegado a mi límite de amargura, y el rol de la “buena” and caring about others, ¡se iba ir a la mierda! La auto-defensa no debería estar peleada con la diversión. Tomé mi celular, click Tienda de Aplicaciones, click Tinder, download. Ya está, my new playground. Mi pregunta, ¿cómo le hace una persona cerca de los 40s para integrarse al dating game? Me quedaba claro que no podía ser la misma ingenua de mis 20s, no señor. Ni el “amor romántico”, ni el “príncipe azul”, ni los “finales cliché sobre la felicidad para siempre”, eran parte de mis aspiraciones presentes. Mejor substituirlo por “sexo y placer desenfrenado”, “hombres de carne y hueso –con cualidades y defectos– , inteligentes y “buenorros” y nada de “finales”… mejor pasarla bien aquí y ahora porque el futuro es incierto si se alcanza, más tarde que temprano…

Esta decisión tan poderosa, me permitió pasar de la subversión teórica al acto material rebelde. El problema es que no existen guías ni manuales para seguir ese tipo de caminos. En otras palabras, hay que hacer el camino uno. Con mi decisión de bajar Tinder a mi celular, mi interés se centró en las dinámicas de cortejo, tema que indudablemente son campo minado para una feminista heterosexual. Para llevar acabo un acto rebelde, primero hay que saber cómo y dónde está representado el poder, en este caso, en la acción de ligarse a alguien. Mucho se ha dicho que las dinámicas de cortejo arquetípicas ponen en escena la dialéctica del cazador y la presa. El cazador masculino; que goza de la iniciativa, el que asedia, el que persigue. La presa femenina; la pasiva, la coqueta, la escurridiza. ¿Será posible romper esa dialéctica? ¿Cómo y de qué forma?

Mi escenario y contexto personal me ofrecían una fantástica oportunidad para hacer experimentos. What the heck! Empirism is my new religion. No voy a mentir… no tenía un plan, más bien hice lo que se me fue ocurriendo en el momento (espero en ésta y futuras entradas de blog compartirles un poco de mis reflexiones y experiencias a lo largo de este devenir). Nada de lo que escribiré aquí es prescriptivo, todo es meramente experimental, por lo tanto no pretendo alzar la bandera de nada; todo es en pro de permitir posicionarme de diferentes formas ante el «otro», lo ajeno, el extraño, lo desconocido. Qué es sino el feminismo más que una forma de conocer/entender la otredad inmersa en un sistema jerárquico de valores.

Pero volvamos al Tinder, como dije, mi objetivo primordial era di-ver-tir-me. Y lo primero que se me ocurrió fue ser una especie de «bully feminista». En mi perfil de Tinder la descripción era clara: “Feminista e intelectual”; sobre advertencia no hay engaño. Di likes a muchos de forma muy liberal, ya ampliaba el margen de oportunidad para aplicar el bullying. Sin embargo, una de las mayores limitaciones es la poca originalidad que tienen las personas para escribir mensajes… eso es muy deprimente. Mis impresiones: 1) Preguntas que demandan sólo “Sí” o “No” como respuesta son un epic fail! 2) Dar monosílabos como respuestas (sí, no, OK, bien) o responder sólo con emoticons es… intrigante… pero a la vez poco inspirador. 3) Hacer preguntas como si estuvieras en una entrevista de trabajo es… lamentable. 4) Pedir fotos sexys (de cuerpo completo, claro) a la mujer casi inmediatamente después de haber hecho match es… objetivizante y machista (porque todavía ni me conocen como persona). Esto último me pasó varias veces, y fue muy gracioso, yo amablemente los dirigía a leer la descripción de mi perfil y los invitaba a reflexionar si creían que una feminista iba a objetivizarse así de fácil. La mayoría de las veces, esto culminaba en un cese de comunicación que lejos de importarme, me parecía muy, muy divertido. Comenzaba a sentir real mi rol de «bully feminista», me fascinaba ese papel, pero no tenía idea de lo qué me esperaba…

Sigue a Maeve en Twitter: @reinamaeve

Si te interesa contactar con Maeve, puedes enviar un correo a: maevereina@gmail.com

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Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, Pilates enthusiast, and tobacco is my fucking addiction...

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