Detrás de cámaras de un Club Swinger – Parte 2

#yoconfieso

Al momento que abrieron a la una en punto de la madrugada las puertas del playroom, las parejas caminaron hacia él. Entras a un plano casi astral. En un cuarto enorme sólo hay camas gigantes, potros del amor, columpios sexuales, VIP rooms, espejos, una luz tipo neón, pero tenue, y música ligera a un volumen discreto. Todos entran con una sonrisa en la cara y, de manera civilizada, arranca la orgía…

Mi millenial y yo comenzamos a tener sexo en uno de los cuartos privados con la pareja cuarentona con la cual disfrutamos unos tragos y compartimos experiencias y risas previamente a meternos a ese cuarto gigante con todos los accesorios posibles e inimaginables que existen para llevar a cabo esa fantasía sexual. No falta la señorita con una canasta vestida de manera muy sexy con antifaz en la cara, que vende condones, lubricantes y aceites afrodisíacos. El playroom cuenta también con regaderas, cuarto de vapor y sauna; además un masajista (con costo extra) y un cajero automático. Todo lo que necesitas para cumplir tu fantasía sexual, lo encuentras en escasos metros cuadrados.

Es una verdadera locura, excitante y embriagante, el mundo swinger. Tener sexo con un desconocido y ver a un lado de ti a tu pareja con otra persona en pleno acto sexual, es perversamente divertido. Al poco rato, se acercó una nueva pareja a nuestro cuarto privado y nos pidió, simplemente con la mirada y una sonrisa pícara, unirse a nosotros. Ella era una chica en sus 30’s, güera, con unos chinos envidiables y cuerpo estilizado; él era un cuarentón, con un poco de panza, pero bastante en forma, de ojos verdes, pecas en la cara y unas manos largas y tersas. Eran fuck-buddies y era la tercera vez que iban a ese club a una fiesta swinger.

Sexo entre seis. Cambias de pareja, posiciones, manos y boca, cada cierto tiempo… todos contra todos, mujeres y hombres. Además te rodean otras 30 ó 40 parejas teniendo sexo en casi todas las posiciones del Kama Sutra escuchando gritos de placer y gemidos de todos al alcanzar orgasmos. La cereza en el pastel: solamente las parejas de la fiesta pueden entrar al playroom y no te dejan meter nada, más que tu hermosa persona (ni siquiera el celular, cuentan con lockers para resguardar tus pertenencias), y hacia dónde voltees, ves parejas teniendo sexo, tríos en modalidad HMH y MHM. Sí existe Eyes Wide Shut, sin Tom Cruise, Nicole Kidman y modelos ucranianos de perfecta belleza, tampoco voy a mentir, pero eran parejas atractivas, dispuestas a disfrutar esa aventura sexual, libres y algunas perdiendo la virginidad del sexo en grupo. No vi a nadie llorando, enojado, armando pleitos de celos… es únicamente una práctica sexual milenaria, NO es infidelidad. La regla de oro en una fiesta swinger (y en la vida real) es que NO significa NO; si no quieres interactuar con alguien, deben respetarlo; además de otras, como utilizar condón siempre y no puedes ser voyerista, si no juegas con alguien en el playroom, quien sea, no puedes permanecer dentro y, de hecho, te solicitan que te vayas del club.

Cuando los seis tuvimos varios orgasmos, estábamos simplemente acostados y agotados en aquella cama gigante. Vestirse fue complicado, ya que la ropa sale volando y distinguir calzones y calcetines en esa oscuridad resulta difícil, pero es una manera divertida de romper el hielo entre una bola de extraños que tuvieron sexo.

Salimos del playroom y caminamos directo a la barra de café, fruta y chilaquiles. Me quedaba claro porqué ofrecen comida y café en una fiesta swinger, son voraces el hambre y sueño que provoca un maratón sexual. Mientras cenábamos solos, mi millenial me preguntó al oído: “¿Vamos a entrar otra vez?” Riendo, respondí: “Obvio, sólo a eso venimos, ¿no?” Me sonrío, me abrazó y murmuró que había sido el mejor regalo de cumpleaños de su vida. Hasta al amanecer entramos un par de veces más al playroom para tener sexo con otros o sólo entre nosotros. Dormimos abrazados y con una gran sonrisa en la cara hasta el mediodía del siguiente día.

El Club Swinger al que asistimos se llama Dreams, pero existen algunos más regados por toda la Ciudad de México, con cuotas distintas y fiestas temáticas variadas. A los hombres solteros, les tengo una mala noticia: es muy raro que permitan el acceso a hombres solos. Las mujeres son bienvenidas y cualquier tipo de parejas, pero a mis seres masculinos que vagan por la vida como solteros (ya sea por decisión o por mala suerte) y que tanto amo, no los dejan entrar si no los acompaña una mujer.

Pero mujeres solteras y parejas enamoradas, los incito a que disfruten esta práctica sexual… no se van a arrepentir, go for it!

 

 

 

Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, Pilates enthusiast, and tobacco is my fucking addiction...

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