Detrás de cámaras de un Club Swinger – Parte 1

#yoconfieso

Cuando estás por llegar a los 40, ya no existe mucha posibilidad (y es, más bien, nula) de vivir “primeras veces” en los asuntos de alcoba; y como buena cazadora de historias y con el corazón aventurero que atesoro, recuerdo muy seguido la película (casi de culto) de Stanley Kubrick: Eyes Wide Shut.  Desde aquella tarde que la vi a mis escasos 20 años, se convirtió en mi más perversa fantasía sexual, pero jamás se lo propuse a mis parejas cuando era más joven; sabía que sería un tanto descabellado y políticamente incorrecto decirle a un novio que cogiéramos con otras personas y, además, vernos mientras lo hacíamos y, peor aún, disfrutarlo. Hace apenas unos meses, convertí en realidad la fantasía sexual arraigada en mis sueños desde hace mucho tiempo…

Jugando el papel de cougar, mantuve por varios meses un romance muy divertido con un millenial (irreverente, pero guapo, muy talentoso y ávido de vivir intensamente) casi once años menor que yo. Mientras vivimos nuestro idilio hermoso y liberador en todo sentido, se atravesó su cumpleaños. Una noche en su departamento, tras coger un par de veces y tirados en la cama desnudos, platicando y fumando, con un poco de pena me comentó que si como regalo podíamos asistir a una fiesta swinger. Me emocioné y respondí, de manera inmediata, que me parecía una idea genial… así fue, como me involucré en el mundo swinger…

Adentrarse y explorar ese mundo es excitante desde el inicio. Gracias a mis habilidades de detective privado, con una investigación sencilla en Internet, encontré un Club Swinger que se veía altamente prometedor. Me parece que todavía son un gran tabú las fiestas swingers, por lo mismo, se maneja absoluta discreción. A este club primero debes llamar a un celular y una vez que platican contigo de manera amable, te explican cómo llegar y te otorgan una clave de acceso que es en realidad tu nombre de pila. La expectativa de vivir esta aventura sexual con tu pareja genera tal emoción, que las noches previas a la fiesta, pueden ser multiorgásmicas. Simplemente imaginarlo y platicarlo te calienta demasiado, pues una mente excitada es el mejor afrodisíaco que puede existir en la vida…

El club está bastante escondido en un centro comercial de la Ciudad de México y es clandestino; para encontrarlo, debes caminar hasta el fondo del estacionamiento y bajar unas escaleras. Buscas una puerta con la señalización del metro de Londres y está el cadenero, vestido de traje negro con un antifaz plateado, en la puerta. Una vez que confirman tu clave de acceso, ingresas y pagas un cover de $1500 por pareja, pero juro que lo vale, pagaría más… Con un pie adentro, mientras pagábamos el cover (sólo aceptan efectivo) se acercaron los anfitriones, pues en el mundo swinger la pareja anfitriona juega un papel primordial; te explican el comportamiento, basado en puro respeto, que se espera de las parejas durante la fiesta; te comentan que el cover incluye la barra de chilaquiles y fruta y café toda la noche (eso me llamó mucho la atención, en ningún lugar nocturno de convivencia social ofrecen comida gratis, después me quedó claro el porqué lo hacen en el mundo swinger); te dan la bienvenida a su club, te venden un boleto de la rifa para un viaje a un all-inclusive nudista en la Riviera de Nayarit y te aconsejan relajarte.

– Pasen un rato agradable antes de que a la una de la mañana se abran las puertas del playroom– dijo el anfitrión. – Siéntanse como en su casa, por favor, y cualquier inquietud pueden ir a nuestra mesa a preguntar. Bienvenidos.

Estaba un tanto nerviosa, pero me contuve y mostraba segura para que mi millenial no saliera espantado corriendo y me abandonara en esa nueva dimensión. El club era, en apariencia, un vil antro. Mesas periqueras con bancos altos, algunos sillones, pista de baile de piso de acrílico con luces de colores que se prenden y apagan, DJ, esfera de espejos, pantallas con videos, meseros amables, dos barras y hasta terraza para fumar. Un vil antro, y bastante ochentero. Se escuchaban canciones de Rick Astley, Michael Jackson, Madonna, George Michael, Depeche Mode y del estilo. Yo, sentada con mi millenial, observábamos a nuestro rededor y reíamos juntos.

Un rato después de estar al acecho, se acercó a nuestra mesa una pareja, ciertamente atractiva, en sus 40’s. Eran un matrimonio de 14 años y  tenían una hija de cinco. Decidieron reavivar la flama sexual en su vida marital asistiendo regularmente al club swinger; me tranquilizó saber que estábamos ya en manos de gente que dominaba la dinámica… calmó un poco los nervios.

A la una en punto de la madrugada, sonó un silbato. La anfitriona, ayudada con un megáfono, invitó sólo a las mujeres a la barra para tomar un shot llamado Elixir para el amor (es necesario, se requiere mucho valor asistir a una fiesta swinger y un shot de esos te facilita abrirle las piernas a un desconocido a lado de tu pareja). Apagaron todas las luces del club y con un show de escasos minutos tipo Palladium (antro en Acapulco muy famoso hace algunos años ubicado en la carretera panorámica y el momento cumbre de la noche era cuando daba shows de fuegos artificiales y se perdían en el cielo, dejando ver la bahía de Acapulco a través de grandes ventanales), dejan caer una cortina roja como telón de teatro y aparecen las puertas del playroom abiertas de par en par y ahí, justo en ese momento, me comenzaron a temblar las piernas…

… continuará…

Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, Pilates enthusiast, and tobacco is my fucking addiction...

Un comentario en “Detrás de cámaras de un Club Swinger – Parte 1”

  1. No hay alfombra roja que excite más que atreverse a lo desconocido, la mente busca descubrir de forma anticipada el suceso incluso revienta por adentrarse sin explorar eso aumenta tu palpitación y cosquillea tu ombligo, tartamudeas por el roce casi nulo y dispersas tus pupilas por despojarte de tus miedos no hay nada mejor que describir lo incierto en lo cierto

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